De la calle Gradas a la de San Jorge

11-12-2010.

 

Visita organizada por el Museo Arqueológico de Úbeda.

 

Autor del texto y comentarista de la visita, Juan Ramón Martínez Elvira.

Autor de las fotografías y director del Museo, José Luis Latorre Bonachera.


La calle de las Gradas (de San Isidoro) recibe tal nombre ‑ya desde el siglo XVI, cuando menos‑ por las que había ante la puerta sur de este templo. Su mejor edificación ‑aunque no la única‑ es la número 8, con fachada plateresca compuesta por arco de grandes dovelas y ventanas geminadas con mainel de mármol blanco y rematadas por veneras. Se desconoce quiénes fueran sus fundadores (tiene raspados los escudos), aunque a finales del XVI pertenecía a Cristóbal de Quesada y María de Molina, que las dejaron vinculadas. En nuestro tiempo, fue cedida por el Ayuntamiento para sede de la Jefatura Local del Movimiento. Después, pasó a ser Casa de la Cultura; y hoy reside en ella la Universidad a Distancia (UNED).

La calle de los Mesones recibió este nombre por la abundancia en ella de tales establecimientos: el de la Colada, el del Águila (propiedad de San Nicasio), el del León (que fue de los Becerras), el de los Salamanca‑Villarroel, el de la Parra (cuyo dueño en el XVI era el Hospital de Santiago), el del Sol (o de los Peñuelas) y, ya en el XIX, la Posada o Parador de San Juan de Dios, habilitada en lo que había sido convento y hospital del mismo nombre. Sin embargo, antes de la llegada de esta misericordiosa Orden (que fue en 1601) existió en el sitio el Hospital de Pobres de Jesucristo, regentado por la cofradía de la Veracruz. En el XVI y XVII, se llegaron a representar comedias en su recinto, probablemente en el espacio conocido como El Corralazo. Suprimido en 1820, se restableció en 1824. Se volvió a cerrar en 1836, subastándose al fin en 1843, año en que lo adquirió don Francisco de Paula Torrente para convertirlo en el referido establecimiento hotelero.
Muy cercano anda el convento de Nuestra Señora de la Victoria, al que se accede traspasando (imaginariamente, claro) el bellísimo arco de San Juan de Dios o Puerta Nueva. Perteneciente a los Mínimos de San Francisco, este convento fue fundado en 1557, aunque imaginamos que muy precariamente, pues lo cierto es que, al año siguiente, es cuando se están adquiriendo casas en su alrededor. Con posterioridad, don Rodrigo de Benavides, hijo del conde de Santisteban, se convertiría en patrono de la Capilla Mayor, la cual comienza a erigirse en 1591, siguiendo dibujos de Diego Gil. De sus claustros, sólo se conserva uno, construido entre 1598 y 1632 por los Cabo, padre e hijo.
Pasando a la callejuela del Hospital de Jesucristo, veremos a nuestra izquierda la embocadura del Callejón de Chirinos, del que hay que destacar como nota más curiosa la antigua unión entre las manzanas que hoy separa la calle Ancha. Fue la calle de Pero Armíldez Chirino, sobrino de su homónimo, el Veedor de Nueva España, y de sus descendientes.
Pasado el Callejón del Marrano (piedra grande que cubría una arqueta de aguas), y dejando a la derecha la calle Alaminos (apellido de muchos de sus moradores), tomamos ahora la de la Fuente de las Risas (pues a ella conduce), no sin antes atravesar la del Sacramento. Esta calle se denomina así por tener su casa de hermandad en ella la Cofradía del Santísimo, radicada en San Isidoro.
Las tres calles siguientes, paralelas a las del Sacramento, daban al Ejido Bajo, luego llamado de San Marcos. La primera está trazada sobre el camino que salía hacia la ermita de San Cristóbal.
La intermedia, Los Canos, debe su denominación a la abundancia de vecinos con este apellido. La tercera, recibe el nombre del comandante don Francisco Gómez de Barreda, herido mortalmente en esta calle ‑al frente de su batallón‑, durante la Guerra de la Independencia. Su anterior y única denominación fue la de Rodrigo González, im­portante mercader de lana y ganadero del siglo XVI.
Salimos por Esquinas de Cortijo a la calle de San Jorge, así titulada por radicar en ella el antiguo Hospital de San Jorge, ya existente en la primera mitad del XVI. En la segunda, en cambio, comienza a erigirse el del Santísimo Sacramento, fundado por Pero Armíldez Chirino, compañero de Hernán Cortés y Veedor General de Nueva España (México). Ya estaba acabado en 1587. Se hallaba en lo bajo, esquina a la Cava. El edificio, con iglesia, patio porticado en dos de sus lados, corral y demás dependencias, fue consumiéndose poco a poco. De la iglesia, por ejemplo, aún podía verse el cupulín en 1977. En el año 2003, su propietario tuvo el buen gusto de descubrir la puerta, formada por un gran arco de medio punto. También conserva el alero, todo de piedra.

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