El límite meridional entre Santo Domingo y San Pedro

 

 08-11-2010.

Visita organizada por el Museo Arqueológico de Úbeda.

 

Autor del texto y comentarista de la visita, Juan Ramón Martínez Elvira.

Autor de las fotografías y director del Museo, José Luis Latorre Bonachera.


La parroquia de San Pedro, por todo su borde sur, delimitaba con la de Santo Domingo a través de un recorrido en el que se engarzan notables edificios, algunos de gran valor histórico o arquitectónico, y al que jalonan varias plazas o placetas.

La primera de estas se abre tras los dos cordones umbilicales que la unen al Real. Es la llamada plaza de Álvaro de Torres, regidor de la ciudad y mayorazgo de su tío, el doctor en Teología y obispo electo de Lima, don Luis de Medinilla Anguís.

Su palacio se asienta sobre el solar de otro Álvaro de Torres, clérigo, hermano de la madre del doctor, y es fruto de sucesivas remodelaciones. De estas, las más antiguas que nos han llegado pueden fecharse en las últimas décadas del siglo XVI. El apellido de don Luis (coincidente con el de la esposa de Álvaro) fue el adoptado como principal por los descendientes y dio título a la calle, si bien esto no ocurre hasta mediados del siglo siguiente, sirviéndose entretanto de los denominativos adyacentes (Santa Clara o Real Viejo, por ejemplo). Su nombre actual se adopta a finales del siglo XIX. Con respecto a su disposición urbana, la plaza parece estar configurada ya en 1702, en que se muestra como plazuela (de Medinilla) en los diversos padrones.
Inmediata a esta se encuentra la de Santa Clara, plaza a la que se abre la fachada principal del convento que le da nombre. Fue el primero de los femeninos fundados en Úbeda. En él se albergó Isabel la Católica en 1489, cuando se dirigía al sitio de Baza. Por ello, a los aposentos que le destinaron se les sigue conociendo hoy como El Palacio.
Externamente presenta una portada del XVIII, tras la cual está la de acceso directo a la iglesia, fechada en la segunda mitad del siglo XIII y de hechura gótico-mudéjar, en cuyo estilo constituye lo mejor de la ciudad.
La disposición del templo, cuya estructura sostienen cuatro grandes columnas, se cambió en 1535, pues el presbiterio (que hasta entonces estuvo frente a la puerta de entrada) se pasó a la capilla de Diego Salido y Catalina de Peralta, fundada en el XV.
En su iglesia se venera una Amargura de Vassallo y un Cristo Caído de Benlliure.
El conjunto fue declarado Monumento Arquitectónico‑Histórico Nacional en 1979.
Frente al monasterio se halla el anterior cuartel de la Guardia Civil, ubicado en un edificio del que ha desaparecido la heráldica, pero que con anterioridad debió estar integrado por dos o más casas solariegas (quizás, entre ellas, las pertenecientes a don Rodrigo de Biedma Chirino y a don Rodrigo de Orozco Aranda que, junto a sus respectivos ascendientes y descendientes, se constituyen en moradores de la plaza durante muchos decenios). Comprado por el conde de Gavia, este lo vende al Ayuntamiento en 1926 que, a su vez, lo cede al Estado para sede del Benemérito Instituto, en cuyo uso se mantuvo hasta 1998.
A través de la calle dedicada a los Narváez (don Rodrigo y don Juan), antes calle de Cristóbal Mexía (Salido), llegamos hasta la plaza de San Pedro, donde podremos contemplar el palacete de los Orozco, edificio modernista del siglo XIX con resabios propios de la arquitectura francesa.
Otra bella mansión, también decimonónica, vamos a encontrar en la calle de Antonio Medina (antes del Postigo de la Calancha): la que fuera cuna de don Felipe Ordóñez Sandoval. De estilo neoclásico, combina elegantemente la piedra con el ladrillo rojo y de su parca decoración son destacables los medallones esculpidos del ático.
Por último, en este mismo lado de la calle, perteneciente ‑como los dos ejemplares anteriores‑ a la jurisdicción parroquial de San Pedro, hallaremos el mejor palacio de toda la ruta: el llamado Palacio del Marqués de la Rambla. El antiguo edificio era conocido como la Casa del Postigo (el de la muralla colindante, llamado de la Calancha) y fue dado por Fernando III a un antepasado del fundador del actual inmueble: el caballero y regidor ubetense, don Francisco de Molina Valencia, casado con doña Mayor Vela de los Cobos, tal y como proclaman los dos escudos que, sostenidos por magníficos tenantes, decoran la puerta. A nadie escapa la similitud de esta construcción con la de Francisco Vela de los Cobos, emplazada en el Real Viejo o Juan Montilla. Nada extraño, pues la fundadora era hermana del promotor de aquel.
Digna de atención es la imagen románica que se muestra, incrustada en la muralla, en un lateral de la fachada. Se trata de la Virgen de la Luz, sobre la que corre una leyenda semejante a la de¡ Cristo toledano del mismo título.

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