Estas pocas líneas

12-10-2010.
Estas pocas líneas son para reafirmarse en la voluntad de escribir cada día alguna cosa, aunque sea breve. Creo que si de verdad se tiene vocación de escritor, lo primero que se debe hacer es confirmárselo uno mismo, con decisión, sin tapujos y sin miedos, de tal modo que se empiece esta dedicación con una actitud positiva y decididamente resuelta. Suele tropezar uno con la dificultad de no saber sobre qué escribir. Pues bien, no es que sea fácil ni difícil: es cuestión de ponerse de una forma decidida a pensar. Enseguida te vendrán mil ideas, mil pensamientos que puedes ir desmenuzándolos e ir hilvanando uno con otro y plasmarlos en un papel.

Un pensamiento puede ser más o menos importante en primera instancia, calificando la importancia del mismo como el grado de implicación o de afectación que puede tener para la mayor parte de la sociedad en donde vivimos. Y aquí hay que hacer una importante distinción: no necesariamente, la exposición de un pensamiento o una idea, que podemos considerar importante, puede llegar a ser interesante.
Interesante resulta si hemos sabido exponerla con soltura, lo suficientemente clara además de concisa, aunque adornada con ricos matices; sin olvidar un punto distendido, incluso el pequeño o gran toque de humor que revele el talante desenfadado y positivo del autor. Estos factores ayudarán a darle fluidez al texto, además de servir como instigadores de la propia motivación para continuar en la labor. Si ponemos en práctica esta objeción, podemos conseguir que un pensamiento o una idea por nimios que parezcan, y realmente sean, puedan llegar a ser enormemente interesante para los lectores, simple y llanamente porque el texto se presta a ello por su belleza y facilidad de compresión a ser leído y releído con avidez y fruición.
Una vez dichas estas cuatro directrices, que no pretenden ni mucho menos sentar cátedra, tomemos la decidida determinación de escribir todos los días un poco, o un mucho; pero todos los días. No hay dificultad en escribir mientras tengamos un hálito de vida y físicamente podamos, puesto que, si el escribir está basado en expresar pensamientos, el cerebro siempre está en activo, incluso durmiendo.

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