Un fiel enamorado de nuestra Semana Santa, 1

15-07-2010.
Llevaba bastante tiempo tratando de entrevistar a mi gran amigo Ignacio Jesús Martínez Valenzuela y por fin llega el momento apropiado. Habíamos quedado en el chalé de sus suegros hoy sábado, a las once de la mañana. Y allí, puntualmente, nos encontramos. Me recibe con esa campechanía que le caracteriza, haciéndome pasar al patio emparrado donde pronto nos instalamos. Estoy como en mi propia casa… Ahora me encuentro inmerso en una paz exterior que el canto de los pajarillos colorea junto al sonido lejano de coches que circulan por la antigua carretera de Torreperogil. Comienza explicándome su segundo nombre, que yo desconocía, y su porqué…

—Me llamo Ignacio por mi abuelo materno y Jesús por haber nacido la madrugada del Viernes Santo —cual benéfica premonición, añadiría yo—, y mi tío Esteban querer apuntarme para que fuera Nazareno…
Como no desea que se olvide todo lo que concierne a la Semana Santa, se ofrece gustoso a abrirme su casa, su corazón y su memoria para reflejar toda una vida dedicada a su Úbeda amada, resumida o condensada en la Semana Mayor. Ignacio es un libro viviente de nuestra Semana Santa ubetense y pieza imprescindible de ella.
—¿Lugar de nacimiento?
—Úbeda, en la calle Carolina; aunque actualmente mis padres viven en Cazorla, que es adonde se mudaron a los cinco años de nacer yo.
—¿De quién y desde cuándo te viene tu afición desinteresada a nuestra Semana Santa?
—Dos personas me marcaron el camino —que él bien ha sabido recorrer y enriquecerse—: mi tío Esteban, desde mi nacimiento, hasta que en el año 1977, con quince años, empecé a salir de Nazareno con ropa propia (antes lo hacía con ropa prestada, como suele hacerse en Úbeda); y mi tío Paco Robles, en el Borriquillo. Siendo secretario de la Cofradía de Jesús Nazareno, don Antonio Vico Hidalgo, con quince años me hicieron la túnica, pues hasta entonces salía por mi tío y con su ropa. Llevo treinta y dos años de cofrade y siete años en la directiva con diferentes presidentes —se le nota que es un todo terreno—. Actualmente estoy de guía de la Virgen de los Dolores y soy vocal de formación. Pertenezco a cuatro cofradías: Hermandad de Costaleros, Santo Borriquillo, Jesús Nazareno y Cristo de la Expiración. He salido veinte años bajo el trono de la Virgen de los Dolores; por eso me hice hermano desinteresadamente. Entré por hacer un favor a un amigo y me he tirado dos décadas.
Con el silencio y la amena conversación va transcurriendo la jornada. Es una mañana tranquila y soleada que invita a la intimidad y a la comunicación más sincera.
—¿Por qué eres un semanasantero de pro? Yo diría que un icono.
—Porque siempre me ofrezco y quien me busca me encuentra. No sé decir no a cualquier cofrade, directivo o no, pues comprendo que siempre se busca a gente que te ayude.
Habla con sumo cariño de sus compañeros costaleros y de la Semana Santa en general. Es un ejemplo que seguir, al que cada vez se ve menos por estos y otros pagos. No tiene objetivo final de catapultarse al mundo de lo social o de lo político para alcanzar más altas cotas. Es semanasantero de a pie, y punto; pero con grandes dosis de entrega, fraternidad y anonimato.
—¿Por qué te prestas a los demás desinteresadamente?
—Me gusta la Semana Santa y, cuando alguien me busca para pedirme ayuda, comprendo que tengo que dársela. Así ocurre y ha ocurrido siempre. Por ejemplo, cuando Eduardo Jiménez Torres me pidió ayuda para sacar a nuestro Santo Patrón, se la proporcioné…
—¿Cuántas festividades durante todo el año, incluida la Semana Santa, has sacrificado en pro de nuestra Semana Mayor?
—Todo el año estoy prácticamente liado con ello.
—¿Cómo entiendes tú la auténtica Semana Santa?
—La Semana Santa ha tomado un cariz folclórico que no me gusta nada, pues no se va a los Oficios del Jueves y Viernes Santo. Asiste muy poca gente a ellos, aunque se presenten lluviosos. No se visitan las iglesias, ni se reza en los sagrarios, ni se asiste a la Vigilia Pascual… La auténtica Semana Santa es más de interior y recogimiento; es una semana para encontrarse con uno mismo y con el prójimo, que día a día tenemos a nuestro alrededor…
—¿Por qué te gusta estar siempre más bien en segundo plano que paseando el varal de mando?
—En las cofradías, como todo en la vida, hay uno que manda y otros que tienen que hacer la labor sorda y callada, colaborando con lo que pide el Hermano Mayor. La segunda forma, sin dudar, es la que yo prefiero.
—¿Cómo entiendes ser cristiano y católico en esta sociedad laica y secularizada?
—Estar con la familia es lo principal: tu mujer, tus hijos, tus hermanos, tus padres, etc., y no dejar pasar de formarnos, puesto que esto nos enriquece. Nuestro amigo José Antonio Arias lleva preparando quince años las charlas de formación de la Hermandad de Costaleros y quiero, desde aquí, agradecérselo de veras…
Ignacio es una persona buena; lo que se suele decir: un trozo de pan. Gracias a que existen este tipo de personas distribuidas por el mundo, nuestro planeta se hace más habitable y ameno y se puede dulcificar nuestro vivir. ¡Cuántas ONG, misiones, dispensarios, cofradías… tienen personas que entregan su vida por los demás!
—Cuéntame las anécdotas que tú quieras, para que quede constancia de ellas.
—El padre Paco Víctor sugirió la idea de procesionar la Virgen del Carmen y animó a que así se hiciera. Acudió a otras cofradías que no lo vieron procedente y finalmente a los Costaleros, que ‑como siempre‑ no tuvieron inconveniente en llevarlo a cabo con el trono de María Auxiliadora. Luego estuvimos varios años sacándolo: creo que seis. Recuerdo que, después de la procesión, bajábamos al comedor de los frailes a tomar un pincho de tortilla con cerveza San Miguel…
En el IV Centenario de la muerte de San Juan de la Cruz (1991), tuvimos que ir Miriam y yo con los costaleros a Baeza, a por un San Juan de la Cruz para celebrar una misa en el polideportivo de Úbeda. Hubimos de limpiarlo y arreglarlo, pues tenía mucho polvo; incluso mi mujer tuvo que darle una capa de pintura de agua. Durante el recorrido, como pesaba mucho, los costaleros se iban quedando atrás, mientras los frailes marchaban ‑con las reliquias‑ por delante, muy ligeros y sacándole ventaja a ellos. Antes de pasarlo al interior del polideportivo, tuvimos que desarmarlo, porque no entraba por la puerta…
Era el año 85, cuando Paco Salido -de los costaleros- habló con el presidente del Santo Entierro y del Resucitado, con el fin de vestir unas muñecas Nancy con ropas de sendas cofradías, para poder rifarlas por la feria, sacándose así dinero. Se iban haciendo rifas de las papeletas vendidas por las casetas. También se hacían veladas, que eran una especie de festivales benéficos, en los que intervenían cantantes, con magia, humor… en la Casa de las Cofradías; y luego, Pepe Fuentes, haciendo de ciego, pasaba la canastilla para sacar dinero. Entonces, también eran tiempos difíciles que pedían agudizar el ingenio y la imaginación para obtener medios económicos; para sufragar a las cofradías y a sus acciones benéficas desinteresadas.
—¿Qué se siente bajo el trono?
—Es un momento especial de recogimiento. Estás llevando al Señor o a nuestra Madre y es como si estuvieras echando para atrás tu vida, meditando…
—¿Hay diferencia si llevas a Jesús, a la Virgen o a cualquier otro Santo?
—Para mí es igual. Siento lo mismo, aunque hay gente que prefiere llevar a Jesús o a María. Para mí es un momento especial…
—¿Cambian los sentimientos y las emociones según el día o la hora en que se esté de costalero y según el tipo de costal que se haga? ¿Y si se va simplemente achuchando al trono…?
—Sí cambia, según el día. Llevar el Domingo de Ramos es alegre mientras que el Viernes Santo es triste. Es el sentimiento. Si luego, como yo he visto, cualquier cofrade se pone a blasfemar, ¿para qué ser costalero…? Primero se ha de saber lo que se está llevando y todo es importante. Si se es devoto de esa imagen, es igual para mí. No quiero ver cómo algunos costaleros se creen más que los que salen empujando bajo el trono. Hay personas que por su edad ya no pueden ser costaleros por problemas de espalda y sí pueden empujar. El costalero suele llevar 25 kg al hombro, mientras que los empujadores mueven 5 000 kg entre doce personas y, por lo tanto, tocan a mucho más…
—¿Cuántos años llevas siendo costalero?
—Veintiocho años en el Resucitado, veintisiete en el Borriquillo, veinticinco de Costalero, veinte años en la Virgen de los Dolores de la Expiración. He salido también en la Caridad, Virgen de Guadalupe, San Miguel y varios años llevando a San Pedro.
—¿Cuántos crees que podrás seguir haciéndolo?
—Siempre que pueda y mientras la salud y la familia lo permitan. Fernando, quiero hablar ahora de MANUEL RUS AMORES, más conocido por MANOLO AMORES, un hombre muy querido por la Hermandad de Costaleros, una persona sin afán de protagonismo, siempre ayudando y colaborando desinteresadamente, que tuvo la desgracia de morir este pasado mes de julio de insolación. ¡¡Descansa en paz, amigo Manolo!!

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