Los trinitarios: Los últimos serán los primeros, 1

01-10-2009.
Los trinitarios tendrían mucho que decir en estos asuntos. No en vano son los custodios y guardianes de nuestra Montaña Sagrada. Gozan de gran estima en Andújar.

Por nuestro Santuario han pasado trinitarios excepcionales. Uno de ellos, Domingo Conesa, aún anda por estas tierras nuestras. Creemos que su anunciada marcha, seguida a continuación con una confirmación de estancia entre nosotros, es un pequeño enigma; pequeño, porque su solución no es otra que la del servicio permanente de este hombre a la devoción de la Virgen de la Cabeza.
Hay algo, sin embargo, en él, que, por ignorarlo nosotros, pudiésemos caer en el error de tergiversar la realidad o la verdad. Por ello, desde este libro, le preguntamos: ¿Quién dio el salvoconducto a los productores de Flash Back para meter las cámaras donde a ellos les pareció oportuno? A esta pregunta, tras una llamada telefónica, Domingo Conesa, me contestó: «Yo estaba de viaje».
A mi parecer, tal respuesta tenía la necesidad de una aclaración, pero jamás insistí. La encrucijada por la que atravesaba en aquellos días el superior del Santuario de la Cabeza, un superior que anunciaba el fin de su mandato para luego confirmarse en el cargo, me dictaba que debería de dejar el asunto para mejor ocasión. No volví a hablarle del tema. Luego, llegó lo que llegó. Un Iker Jiménez, sensacionalista que jamás había pisado nuestras calzadas y que se convierte por arte de magia en el gran sabio de nuestros misterios. ¿Qué dirían don Carlos Torres y don Francisco Calzado, al ver que sobre aquel paisaje de asombro, donde ellos entregaron sus vidas, dos espabilados andaban dando solución a la cuadratura del círculo?
Pero dejemos de hablar de este trinitario excepcional y escribamos, conscientes de nuestra ignorancia, sobre los trinitarios, que no anduvieron lejos de los templarios, ni de los calatravos; antes al contrario: convergen en muchos aspectos.
Los trinitarios fueron y son una Orden fundada en los últimos años del siglo XII por Juan de Mata y Félix de Valois. Una Orden que participó en las Cruzadas, que estuvo en la célebre batalla de las Navas de Tolosa, junto a los templarios, y cuyos monjes participaron en la toma de Andújar, con Fernando III el Santo.
Luego, cuando se repartieron las tierras en donadíos, encomiendas y señoríos, allá por 1244, le dan casa en el Altozano de Santo Domingo, hasta que en 1280 hacen mudanza a las espaldas del Concejo.
Parte de su convento, por entonces (convento que luego pasó a los Carmelitas Descalzos),está hoy ocupado por la familia de Ramón Romero (el de la Civila), colindante con la casa de la familia Moraleda donde, en sus patios, podemos aún contemplar los limoneros en flor.
Allí permanecen, estos monjes de cruz roja y azul sobre su pecho, hasta el año 1575 (casi trescientos años), en el que vuelven a hacer mudanza a una casa espaciosa y de iglesia bien dotada, situada en los fértiles y frondosos terrenos de lo que hasta hace unos años fue el Camping.
Los trinitarios, que en un principio guerrearon junto a los reyes cristianos contra el poderío árabe, pasaron más tarde a otra lucha más noble y peculiar: el rescate de cautivos.
Aquí, los que vivieron y se santificaron en Andújar, desde 1244 hasta la desamortización de Mendizábal que los dejó ligeros de hacienda y escasos de tejas, tuvieron, como hoy tienen, un poder excepcional; un poder que ninguna otra Ordentuvo en Andújar, pues ni carmelitas, ni capuchinos, ni franciscanos, ni jesuitas arrebataron ni una brizna de influencia a los hijos de Juan de Mata.
Los hechos son contundentes: en su casa quedó depositada la reliquia de San Eufrasio, cuando el 14 de mayo de 1597 se trae, hasta Andújar, desde Incio. Los trinitarios, como los viejos templarios, en previsión de tan importante visita, ya habían puesto la iglesia de su convento bajo la advocación de nuestro santo varón apostólico, San Eufrasio. Un santo que, después de degollado, muerto, exiliado y desenterrado, llegaría a ser Patrón de la diócesis del Santo Reino de Jaén, un “reino terrenal”,donde la sabiduría y las riquezas del rey Salomón andaban y deben andar ocultas en las cuevas esotéricas de sus rocas, en los arquitrabes invisibles de sus bóvedas o en sus pasadizos conventuales ‑que eran multitud‑; de tal manera que Andújar llegó a ser una ciudad convento, dejando escasos y oscuros espacios callejeros a los prostíbulos que daban equilibrio con sus yacijas a los botafumeiros de los mil y un caballeros que por sus calles anduvieron y en sus conventos, oraron, laboraron y fornicaron.
Pasadizos conventuales que caminaron hacia poniente, cuando en 1587, diez años antes de la llegada del relicario negroy eufrasiano, las monjas hospitalarias(¿les sugiere algo este nombre?) se establecen en la Andújar cristiana, morisca y judía, bajo la advocación de La Concepción.
Mientras se va edificando el convento de La Concepción, junto a los muros del convento de los trinitarios, las monjas viven cerca, muy cerca de sus hermanos en la fe, en la que hoy es calle de San Lázaro.
Allí, Tomasa Lorenzo y Luisa Andrea de Vargas, con el mecenazgo de la Madre Luisa, viuda de Fernando Díaz de Cazalilla, se inició la andadura de “las trinitarias”en Andújar. Andadura que, milagrosamente, perdura hasta hoy, para mostrar al mundo los últimos reductos de oración, silencio y trabajo, de la que fue la más leal y noble de las ciudades convento: Andújar.

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