Poesía inédita, y 16

10-09-2009.
 
151
…Sólo a ratos
¡Qué intensamente cruel fue tu partida
y tu carne amarilla! ¡Qué solemne
tu silencio y tu luz! ¡Ay qué responso
se adueñó de esta casa! ¡Qué sonoro
me sonó el chirriar de la cancela!

Al fin libre de ti, aunque me ate,
memorial en la ausencia, tu recuerdo:
ni una queja saldrá, ni una blasfemia
de mi labio cantor, ni un crucigrama,
ni un reproche causal, ninguna espina
desclavada a deshoras, ni un lagrimeo…
Sólo a ratos,
tu nombre sale y suena por mi boca.
 
152
* ¿Se puede describir el acto sexual de modo más bello y a la vez más erótico? ¿Alguien podría decir de este poema que es pornográfico? Digo esto porque el poema 100 de esta antología, titulado también “Coito”, fue calificado así por algunos ilustrados. Yo creo que la pornografía es otra cosa.
Coito último
I
Dibujo labiamente el mapa de tu cuerpo,
y jubilosa vienes, velozmente pabilo,
la noche se nos masca entera su vigilia,
alegre juego luego, cerilla en el escorzo,
violeta y rosa juegan fundidos en la quema;
mi lengua te descubre, cual pálida anaconda,
salivas deslabiadas llegando a tus colinas,
agrestemente agrias, sudor en tus caderas,
me babeo tu ombligo, sembrado en el mordisco,
la lluvia frágilmente gotea en los cristales…
mientras sigue sonando Neil Diamond.
II
Tu lengua imán husmea, gozosa, mis olores
y se eriza y se enciende, y se alunera,
brincando un ritual de flores y caballos,
abisalmente ardido en ascuas de cerezas
con la luz y el sabor de un potro herido;
tibiamente desciendes, sin voz, hacia la muerte,
bebiendo, tartamuda, la ardiente caracola,
tendido en tu galope, ligero en mi combate,
más arriba el ánfora, la nube vorazmente
adentra sus imanes, robándome el instinto…
mientras sigue sonando Neil Diamond.
III
Viene luego el silencio, la soledad sonora,
la ocultamente vigilia pensativa,
y tu piel, tensa y leve, sutil, adiluviada,
se respira y se embebe, frugal, desaparece
en un sueño de mimbre y carabela;
duerme ya tu cuerpo feraz, multiplicado,
dulce mujer, sembradamente húmeda,
con la silente voz de nuestros nombres.
Y, habitando en tus manos mi alegría,
el sueño, enamoradamente, me devuelve tu rostro…
mientras sigue sonando Neil Diamond.
 
153
Último poema
Y llegó la noche…
y he puesto mi dedo en mi propia llaga,
y el viento se me viene muy deprisa.
Y aunque no tengo la prisa del viento…
debo irme.
(Khalil Gibran)
Y subiste a mi barco, y nos miraba el cielo,
y el atardecer crecía, y dormía la tierra,
y la semilla entera, y los días breves,
y los espejos cómplices. Y los albatros,
y todos los ríos surcaban nuestras venas.
El amor crecía, y se desbocaba
en los escondidos caminos, en los enigmas,
en la nube y la lluvia, en nuestro vientre,
en aquella angustia, en tu cuerpo de guitarra,
en la fragua ardiendo. En el misterio
de nuestro templo todo, surgió la vida.
Fuimos al alba relojes dormilones,
manantial de espuma fuimos,
fuimos iris y rayo en la tormenta aquella,
cima de nieves fuimos,
fuimos voluntad de tierra. Ménade y cuna
urgentemente fuimos.
Compartimos la luz y la batalla
con mi silencio a cuestas, con tu sonrisa,
con tu cuerpo pentámero, con mis pupas,
con mi ancha fatiga, con tu flecha,
con tu tormenta y mi rayo. Compartimos
un tiempo oceánico.
Me dejas lo tierno en la caricia,
lo bravo, lo sencillo,
lo oculto del misterio,
lo deliciosamente manso,
lo estético, lo leve,
lo íntimo me dejas en tu foto de lumbre.
Te dejo una lágrima rota,
un crucifijo, una cicatriz,
un beso malherido,
una copa vacía, un crucigrama,
un fetiche de barro, una escritura,
y mi piropo último en esta hora del viaje.

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