Poesía inédita, 11

07-07-2009.
140
Nilocafé
Y en el fondo verde nilo del café,
tú, cuidando mi silencio,
como sombra madrugadoramente viva,
ardiéndome las sienes cada noche,
cuando la luz se apaga
y empieza ese paréntesis de números.

Llega luego el día pensativo,
y tengo la sensación de tenerte a mi lado.
Tu día y mi cumpleaños
en este cada uno por su lado
y tan sólo la espera ‑la espera de Godot‑
inmensamente mansa,
en este fondo verde del café.
Mi felicitación y la tuya, aisladamente a solas,
y el vacío, ya instalado a sus anchas,
como un Nilo de fiebres amarillas.
Pero el otro día llegaste
y se encendió esta casa de temblores
en el fondo verde nilo del café.
Un dato más, y te llamo por teléfono,
un día dos y en octubre,
y te encuentro silenciosa y callada, tan cansada,
que no te pasa nada, según dices.
Cuelgo entonces…
Otra vez el temblor de la noche
en el fondo verde nilo del café.
 
141
Y sin embargo
Y sin embargo, a veces yo me olvido
del niño que me hacía preguntas,
y de mi tata Aurora, allá en la mecedora,
y de mi viejo cuaderno de la escuela,
y hasta de tu nueva blusa que resaltaba aquello.
Había un acueducto que nos llevaba al fuego,
un misterio tal vez soñado acaso,
como un huracán jugándome en las ingles,
y, sin embargo, luego, cabizbajos,
nos pusimos el mundo por montera
para salir vencidos de antemano.
Pero hoy me he visto colgado en el almendro,
como en aquellos tiempos de las viejas uvas,
y el espejo me ha dicho que envejezco
a pesar de que naces cada instante.
Y, sin embargo, no sufro.
 
142
Elegía 11
[…]
O       A lo mejor pudo ser. Quede la duda
          tecleando el piano que nos hizo músicos
          cada vez más urgentes.
Creímos tener valor para alcanzar la luna
y ponernos el mundo por montera…
 
y todo para qué.
[…]
A        Parecían rendirse los penúltimos frenos
          y esta fiebre de invierno se alejaba lenta,
          parecía el teléfono un húmedo lagarto
y mi piel se encendía con tu retorno nuevo,
parecía villagoma un reloj de futuro
          y Madrid un oasis,
          parecía este Tajo un río tan feliz…
          iy entonces te me vas!
N        Malos tiempos ‑lo sé‑ para la lírica
de aquel ozono añejo en elegía y responso,
cada ve más caóticos.
Y sobrará algún epíteto en este último verso
y vendrá la memoria por lo menos
a jodernos los ratos de la risa.
Pero no te preocupes: no hay reproches
          en este tiempo gris que nos prestamos.
          […]
O       Arrumbados los aires de Lisboa,
la langosta motril, el grito de un tequiero,
nuestro verbo feliz y el placer de amarnos
por encima del mundo.
A trancas marcha el tren de los madriles,
definitivamente adiós su vertical litera,
y un barbecho de trancos y gurriyas…
¡nos sonará tan raro!
Como si todo un sueño se desinflara al alba
y te dejara tirado en la cuneta…
Entonces ya no estás.

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