10-06-2009.Decía Aristóles que «No conocemos lo verdadero si ignoramos la causa» y por ello muchos pueblos están permanentemente condenados a repetir los mismos errores.
Para Santiago de Córdoba:
«Las causas que provocaron la Guerra Civil del 1936 no se pueden instrumentar sólo con los eventos de dos fechas, 14 de abril de 1931 y 18 de julio de 1936, sino por procesos interrumpidos de nuestra Historia de España del siglo XIX. Políticamente comienza en 1812 y económicamente en 1835 como consecuencia de los intereses agrarios de la nobleza y la nueva burguesía nacida durante el periodo liberal. La interrupción de ambos procesos provocaría un largo periodo preindustrial de España y una mayor injusticia social que no tuvo más remedio que explotar en 1936».
Entonces, ¿cómo se ha de clasificar a los que, usando el hilo fantástico de la mente ‑principalmente de las mentes castigadas por el miedo, el rencor o la ignorancia‑, manipulan no sólo la Historia, sino que a los que defendían el ideal y la legitimidad del Estado se les arrojen palabras como crimen, horrendo, matanza, masacrados, matarifes y sin piedad? Para mí, lo más triste de todo esto es que a muchos de los que se les ha insultado así, aún están en fosas comunes, esperando que se les dé la dignidad de la muerte.
Yo mismo, de profesión maestro, pero formado en el franquismo sociológico, he tenido que hacer un reciclaje como las crisálidas no sólo para enseñar Historia a mis alumnos, sino para vivir, conscientemente y en libertad, la democracia desde una posición de derechas.
Desde esta posición y en la dirección del periódico local, Plaza Vieja, fue cómo publiqué el cuadernillo de 32 páginas La Memoria histórica de la provincia de Jaén. Francisco Pacheco: guerrillero de Sierra Morena. El 11 de diciembre de 2003, después de 58 años, el guerrillero Francisco Pacheco era exhumado de una fosa común en Solanilla del Tamaral (Mestanza ‑Ciudad Real‑), gracias a las investigaciones del historiador Luis Miguel Sánchez Tostado. Al día siguiente, los restos del guerrillero fueron trasportados al cementerio de Andújar por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica y justicia de Jaén para ser enterrado junto a los de su esposa Dolores Capilla Moreno.
Cuando redacté el cuadernillo, lo hice en primera persona, porque fui testigo de aquellos momentos de emoción contenida, además de tener la bibliografía esencial entre 1939 a 1975 del pasado en Andújar, como de la provincia de Jaén, Córdoba… Al decir esencial sobre Andújar me refiero a lo poco publicado sobre el periodo contemporáneo (siglos XIX y XX), aunque desde hace poco más de una década la investigación ha comenzado a dar luz a ese periodo tan oscuro como desconocido por todos, al igual que sucede con la cara de la luna que nunca se ve: Andrés Borrego Toledano, Rafael Casuso Quesada, Juan Vicente Córcoles de la Vega, Santiago de Córdoba Ortega, José Domínguez Cubero, Rafael Frías Marín, Francisco Fuentes Chamocho, Enrique Gómez Martínez Juan Machado Grima, Jesús A. Palomino León, Luis Pedro Pérez García, Juan Rubio Fernández, Carlos Toribio Fernández y Manuel Toribio García…
También decir, como cuando antes citaba las palabras de Santiago de Córdoba, cuando se refería al “marianismo” historicista de Torres Laguna («hay tan íntima conexión entre Andújar y su patrona, la Virgen de la Cabeza… que consideramos previamente fallido cualquier torpe intento de hablar de una sin hacerlo de la otra simultáneamente»), que tal sublimación ha hecho que hasta 1983 nunca se haya investigado sobre Andújar en sus aspectos económicos, sociales, políticos, culturales, e incluso religiosos; y, a tenor de lo publicado en la última década, seguimos casi monocordes con nuestra Historia, de la que yo también participo: romería, verbenas, fiestas y pregones.
Retomando el cuadernillo que publiqué en diciembre de 2003 por la exhumación de los restos del guerrillero Francisco Pacheco, traigo aquí una breve sinopsis, porque tal hecho me motivó a continuar y terminar esta publicación que casi había abandonado.
Exhumación de los restos del guerrillero Francisco Pacheco en la fosa del Tamaral (Ciudad Real)
El pasado 11 de diciembre, por primera vez, los restos de un jiennense, Francisco Pacheco, miembro de la guerrilla antifranquista y asesinado tras la Guerra Civil por sus propios compañeros, fueron exhumados en Solanilla del Tamaral (Mestanza ‑Ciudad Real‑), de una fosa común sin identificar y conducidos a Andújar. Desde 1945, durante 58 años, sus hijas María, Dolores y Francisca nada sabían de su padre. Durante estos años, Francisco Pacheco yacía en igual condición de olvido junto al manchego Doroteo Cerro Moreno, miembro de la 2.ª Agrupación Centro de Guerrilleros y asesinado por la Guardia Civil el 20 de julio de 1948. Los restos de Doroteo Cerro esperarán aún ser exhumados por la familia y conducidos al cementerio de Argamasilla de Calatrava.
El hallazgo de la fosa común y las exhumaciones se deben al trabajo del investigador jiennense Luis Miguel Sánchez Tostado y a las gestiones llevadas a cabo por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Jaén. Esta asociación se puso en contacto con las tres hijas de Francisco Pacheco, realizando los trámites necesarios ante la junta de Andalucía y la junta de Comunidades de Castilla La Mancha para la exhumación y ayudas al sepelio.
En la exhumación de Francisco Pacheco estuvieron presentes sus hijas Marta, Dolores y Francisca Pacheco Capilla, el investigador Luis Miguel Sánchez Tostado, tres miembros de la Directiva de la Asociación Provincial para la Recuperación de la Memoria Histórica de Jaén (Juan Armenteros –Presidente‑, Francisco Navea ‑Secretario‑ y Santiago de Córdoba ‑Tesorero‑), un Delegado del Presidente de la junta de Comunidades de Castilla La Mancha y el alcalde del Ayuntamiento de Mestanza, al que pertenece la pedanía del Tamaral. Desde la once de la mañana (en que comenzó la exhumación) hasta las seis de la tarde (en que los restos mortales de Francisco Pacheco fueron introducidos en una urna mortuoria cubierta por la bandera de la II República Española), estuvo el exsepulturero del Tamaral: Santiago Poyatos, de 75 años, quien hizo gala de una memoria prodigiosa.El verano de 1945, cuando Santiago Poyatos tenía 17 años, fue obligado a trasladar el castigado cadáver de Francisco Pacheco desde la “Torrecilla” (un latifundio propiedad del Conde de Romanones, que abarca varios términos municipales del Valle del Alcudia ‑Ciudad Real‑) a una fosa sin identificar al lado de un chaparro. El mismo cometido haría el 20 de julio de 1948 con el cadáver del guerrillero Doroteo Cerro Moreno.
De noche, a las 21 horas del 11 de diciembre, después de un largo viaje a través de las dos vertientes de Sierra Morena entre Ciudad Real y el término municipal de Andújar, llegaron los restos mortales de Francisco Pacheco al cementerio de Andújar, quedando en el “Depósito judicial” hasta el día siguiente.