Poesía inédita, 5

19-04‑2009.
122
Itinerante metáfora
‑VIII‑
Don Quijote de nuevo.
El mito de la fe
y de la vida, y de la voluntad en ristre.
Hoy has pasado

entre la ubre marmórea
del vaquerío alocado en arias tristes.
Y he arrendado mi arnés y mi bacía,
dispuesto a lancear la venta
y a secar la ventera de molinos
con el aljibe de sierra.
123
Versos fugaces
‑II‑
Cada cinco minutos te chirría el alma
por el penúltimo vagón de mercancías,
camino de Sigüenza.
El silbido       La parada      El chirrido
La mirada      El quejío        La salida
El berrido      La querida     El chasquido
de aquella larga galería de metal…
camino de Sigüenza.
Y entonces cruzas aquel camino
de versos fugaces
por un Henares de secano y roca
con pedernal de Alcarria.
Un castillo ruinoso en Jadraque,
machadiano zaguán de Soria y Duero
y presentido amor. En Jutamilla, un túnel
de tiempo indescifrable. Una bajada
en el Baides raíl de los meandros,
con sabor a caramelo de menta y a ducados…
camino de Sigüenza.
Versos fugaces en el pliegue peregrino.
‑III‑
Las fachadas
los arcos
la miseria
los conventos
las piedras
los medievos
las sotanas
las cruces
los conjuros
las aguas tridentinas
los huesos seculares
la esquina anacoreta
el sabor a cilicio derretido
en cada techo rojo por el hambre
el agua bendecida
el vino añejo
por la miel de las velas
y la cera que arde…
camino de Sigüenza.
124
Úbeda
¡Ay los tiempos antiguos ubetenses
del antiguo desfile en las hileras
por los blancos espejos de la Yedra!
¡Ay antiguos maitines de colegio
con antiguos pronobis en latín!
¡Ay antiguo paisaje de la Safa
desde antiguos hisopos en el Deán!
El cigarro escondido en el fantasma
del farol apagado en “la Siberia”,
el lento silabeo de la pena
ante el mudo corazón de Poli,
y una mano sotana en la bragueta
entre miedos y rezos.
Úbeda manchega, apéndice andaluz
que deshoja a Baeza carantoñas.
Úbeda andaluza, retama de Castilla
por los anchos caminos de olivares,
Úbeda jaenera, corazón de Aznaitín
por los cerros del plateresco campo,
Úbeda testigo, piedra de campana
escondida en la faz de Sierra Mágina.
Gota a gota el ozono se subía
por aquellas paredes de metal,
beso a beso la fiebre nos curaba,
eslabón otro tiempo por la Loma,
paso a paso el peralte acariciaba
la facundia solemne del palacio.
iÚbeda, ya! Los cerros en el olivo
de las lindes soberbias, las vasijas
del blasón y el esparto, de los sotos
que pasaron mil gracias derramando…
iÚbeda ya… en su solemne silencio!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *