Poesía inédita, 4

05-04‑2009.
118
A Marta, en Estoril
Dieciochos abriles, mayos, primaveras,
dieciochos latidos, martas, sementeras,
dieciocho miradas, lunas peteneras,
dieciocho fonemas, besos y quimeras.

Y entonces te miro azul y me encuentro con tus ojos,
y me sonríes con ese pudor rosado de tus dieciocho años,
y aparece don Eros con sus afiladas flechas
dibujando los mágicos deseos tras tu misterio.
¿Cómo no amar la belleza si se pone tan cerca?
Luego vino el silencio.
119
Guerra… (del Golfo)
Tronándote en las aguas
de la paz de los mares, te refugias
y te asomas ‑deforme‑ como un monstruo
con cabezas de erizos entre los líquenes.
Mientras vuelan los pájaros con gripe
y crece una oración con el aliento,
y aún existen besos distraídos.
120
Alberto
Para Astigi de Pomar.
El nieto joven del joven abuelo.
‑I‑
Agosto ya te ha dado tu carne recreada,
tu semilla de uva y tu primer insomnio,
tu primer “ajó” en la baba del muñeco
y una lágrima nueva de metal.
Instalado ya estás. Empieza ahora
a agrandarse tu piel, tu primavera,
y a sonar la sonaja de babel,
y a cubrirse de sol la casa entera…
mientras crece la risa del abuelo.
‑II‑
Tu madre pedirá a la luna llena
que se meta en tu espejo como un río,
y te hará carantoñas de juguete
con su lengua y tus dedos sorprendidos.
Te mira y ya la ves, te manosea
como un pan maquilero que comiera,
pregunta qué serás, y tú te meas
en el ancho cristal de los deseos…
mientras crece la fiebre del abuelo.
‑III‑
Astigi de Pomar, cuna de almendras
floreciendo un verano otoñizado,
como aquel rafalín nacido en vidrio
a quien quiso el destino dar silencio.
Yo quiero para ti la luz y el agua,
el azúcar y el beso, el espinete,
y uniré la palabra, el viento, los membrillos
y el tic‑tac de mi tiempo a tu clavel…
mientras crecen las canas del abuelo.
121
Queridos Reyes Magos
Por ser muy bueno y obediente
me gustaría que esta noche me pusierais
una estrella de vidrio en mi azotea,
y unos brazos de esparto,
y un tiovivo de pelusín y escarcha.
También quisiera
un collar de gemas engarzadas en nieve y aceitunas,
un corazón con ventanas al mar de las tormentas,
y una paloma de fuego que alentara
el poema inconcluso de mi vida.
Querido Melchor, a ti te pido
un manojo de rosas empuñadas
en un cambio de besos, y una cesta de mimbre
para el alma. Y un incienso de barro.
Querido Gaspar, te pido que dibujes
la esperanza del hombre en mi silueta,
y un barrote de mirra en el cerebro
del gusano infernal que llevo dentro.
Querido Baltasar, ¡quisiera tanto!,
que tu alforja cupiera en el vacío
de la soledad que mastica mi existencia,
y una luz en las yemas de tus dedos,
y un sabor a sonrisas y a cerezas
en la cruz de este mundo que me mata.
Yo os prometo mi voz y mi palabra
de que seguiré siendo bueno y obediente.

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