Poesía inédita, 3

28-03‑2009.
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Al‑Ándalus
Puede leerse en el Mesón Andaluz de Cascais.
Lisboa ‑ 91.
Con tu verde en mis ojos. Todo el día,
descifrando ese toro, ese “latío”
de tu alambra moruna. Es como un río
que perdiera su darro, y desemboco
en tu sur estival. Poquito a poco
tu qasida me cala. Todo el día.

Petenera otoñal. Tu pena mía
gaditana se alegra. Tiene frío
la guitarra del mar. ¡Qué desvarío
al dejarme aquel sol en el tintero
del olivo jaén! Era un jilguero
adornando tu patio. Todo el día.
Picasiana por dentro. Se resfría
un volcán de granadas y un “quejío”
reclamó su mezquita. ¡Sueño mío
que te canta en lo jondo cual sirena,
gota a gota en la feria. Queda arena
en el verso lorquiano. Todo el día.
Este tajo nos une. Hay un tranvía
con giraldas de lumbre en desafío
hacia mares de América. Un brío
de gazpachos saeta… ¡Cantaora
esa jaca jerez! Crece la aurora
en tu ancho cortijo. Todo el día.
Con tu blanco de cal. Alberti suena
en su verso emigral. Una cadena
en
la ermita almeriense y, rociera,
tu gitana figura zalamera.
Falla puso el compás, Mairena el grito
en los ayes del hambre y seguiriyas.
Verdiblanca la sal de tus semillas,
vientre y tumba serás, clamor del día
con mi verbo y tu beso… ¡Andalucía!
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…Que por qué escribo?
Porque no sé qué hacer,
por eso escribo
en este tiempo de esperar y nube;
porque quiero volver a las andadas
y mirar esos tiempos del olivo,
que saben que existimos.
Porque a veces me caigo en saco roto,
por eso escribo
a pesar de que pesan los pesares;
porque asusta tener la fiebre seca
y ‑entretanto‑ me tengo y me sostengo
demostrando que vivo.
Porque tengo otra voz,
por eso escribo
con la misma pereza del lagarto;
porque viene un sabor de borrachera
a quitarme el regusto del aliento
y yo digo que no.
Porque hace una noche masculina,
por eso escribo
este siempre ilegible escaparate;
porque anoche fue jueves y eso pesa
mucho más, por supuesto, que otra cosa
más urgente y precoz.
Porque anda la mar sin rompeolas,
por eso escribo
aunque haya un refrán en cada lengua;
porque es bueno probarse, por si acaso
nos pilla un sarampión inofensivo
sin estar confesados.
Porque es ancha esta trocha coja y pocha,
por eso escribo
con el dedo anular en las narices;
porque todos los gatos fueron pardos
en aquella jornada, cuando oímos
un silencio nocturno.
Porque sigue la luz andando a gatas,
por eso escribo
este folio de piel amoratada;
porque hoy es mañana casi ido
por las viejas rendijas del ayer.
Y eso… ¡basta, señor…! Por eso escribo.

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