La II República y los maestros, 2

70 AÑOS SIN ANTONIO MACHADO
24-02-2009.
En el 70 aniversario de la muerte de Antonio Machado, he tenido que repasar algunos pasajes de su vida, con motivo de la tertulia literaria que el Ateneo de Málaga ha organizado y a la que estoy invitado a participar; lo que haré con sumo placer, dada mi admiración por el poeta.

Tertulia literaria sobre Antonio Machado en el Ateneo de Málaga.    
Preparando mi intervención, me han venido a la memoria imágenes de los años del internado de Úbeda en los que, por estas fechas, observábamos un inusual paso de vehículos policiales por la puerta del Colegio. También nos llamaban la atención las motos de gran cilindrada que provocaban nuestra admiración por la velocidad que llevaban y el aspecto hippie de las personas que las conducían. Ante nuestro absoluto desconocimiento, algún cura nos informaba de que todos los años venía gente de Cataluña a Baeza para manifestarse en el aniversario de Machado. «Son gente mala. Algunas de esas que van de paquete en las motos son prostitutas. La policía va a mantener el orden», nos decía. Al día siguiente, los titulares de periódicos hablaban de los intentos de revueltas que la policía había evitado en Baeza. El Régimen estaba siempre alerta contra la masonería y el comunismo. Yo no entendía nada. Tenía 14 ó 15 años.
Pero, lo que en estas fechas me interesa especialmente es el exilio que el poeta sufrió en Collioure (Francia). Allí está enterrado. Allí murió después del largo camino con su madre, su hermano José y miles de derrotados, entre los que se encontraba mi padre, cornetín del Estado Mayor del ejército republicano, hombre bueno como don Antonio, afable y sensible ante tanta tragedia entre hermanos. La depuración de los maestros republicanos había empezado y duraría hasta 1951, doce años después de finalizar la guerra.
Don Antonio Machado, catedrático y gran poeta de la generación del 98, estudió en la Institución Libre de Enseñanza, como Azaña, Besteiro, Ortega, Lorca, Dalí, Juan Ramón Jiménez, Buñuel, Unamuno, o Bosch Gimpera. El sentido crítico, la investigación en el aula, la pedagogía activa y participativa, el libre pensamiento… se instalaron en su vida estudiantil y, posteriormente, fueron inspiración en su docencia. Admiraba al fundador y director de la Institución, don Francisco Giner de los Ríos, como demuestra este bellísimo poema escrito a los tres días de su fallecimiento:

Como se fue el maestro,
la luz de esta mañana
me dijo: «Van tres días
que mi hermano Francisco no trabaja».
«¿Murió…?». «Sólo sabemos
que se nos fue por una senda clara,
diciéndonos:
Hacedme
un duelo de labores y esperanzas.
Sed buenos y no más, sed lo que he sido
entre vosotros: alma.
Vivid; la vida sigue,
los muertos mueren y las sombras pasan;
lleva quien deja y vive el que ha vivido.
¡Yunques, sonad; enmudeced, campanas!
».
Y hacia otra luz más pura
partió el hermano de la luz del alba,
del sol de los talleres,
el viejo alegre de la vida santa.
[…] ¡Oh, sí, llevad, amigos,
su cuerpo a la montaña,
a los azules montes
del ancho Guadarrama!
Allí hay barrancos hondos
de pinos verdes donde el viento canta.
Su corazón repose
bajo una encina casta,
en tierra de tomillos, donde juegan
mariposas doradas…
Allí, el maestro, un día,
soñaba un nuevo florecer de España.

Estos versos son un homenaje a las ideas que Giner de los Ríos defendió y por las que tantos librepensadores y maestros republicanos fueron depurados. Probablemente, muchos de ellos recordarían las palabras de don Antonio Machado:

Si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo, despertar. La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos.
 

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