090127-2

EL PLAN
En la plaza no cabe un alfiler. Multitud de banderas ondean al viento, alegres y orgullosas. Los altavoces repiten incansablemente canciones de Ramoncín, Sabina y Ana Belén, que algunos cincuentones, con lágrimas en los ojos, tararean emocionados. El señor alcalde, aprovechando el desnivel de los escalones de la iglesia, ha instalado, en interés del colectivo, una gran tarima de madera que, temporalmente, impedirá a los fieles acceder al recinto sagrado. El cura protestó enérgicamente y fue necesario recordarle que “quien manda, manda” y que los derechos del sacerdote son tres: oír, ver y callar.

La ciudadanía se agolpa donde puede y los niños se suben a la fuente que inauguró hace seis años el anterior alcalde, hoy en la oposición. Hay empujones y la Guardia Civil interviene, haciendo gala de una educación exquisita y un talante ejemplar. Los aplausos y los gritos van en aumento. Una muchacha ‑la secretaria de organización‑ sube a la tarima por la escalerilla lateral, abre levemente la puerta de la iglesia y dice a los de dentro:
–Que ya podéis salir.
A continuación, hacen su aparición los protagonistas, con los brazos en alto, saludando al gentío. Tras unos minutos de abrazos y sonrisas, unos bajan y se sientan en la fila de sillas reservadas a las autoridades y el líder carismático inicia su discurso:
–¡Ciudadanos! ¡Ciudadanas!
–¡Bien! –responde el público, ovacionando al líder con entusiasmo.
–¡Traigo esencias de democracia de La Habana y auténtico progreso japonés; la inquebrantable fe de Obama y el talante, la comprensión y el ardor de los pueblos orientales! ¡No se amontonen, que habrá para todos! [Secretaria, dile a ese muchacho del pelo rizado, con gafas y pinta de empollón, que las sillas son para los gobernantes y él está en la oposición].
–¡Vóteme usted señora, que tiene cara de feminista! (Risas). ¡Traigo lo asombroso, lo sorprendente, lo nunca visto! El programa más completo de bienestar social para el viejo y la vieja, el marido y la mujer, el soltero y el casado; para el padre de familia y el solterón, para el beato y el librepensador; para el soldado, el cabo, el sargento y el capitán general; para los de uno u otro sexo, o de los dos. [¡Niño, dile a la del vestido negro que está en el suelo que se tape un poco y que se quite de ahí, que me dispersa el voto!]. (El colectivo le escucha boquiabierto).
–¡Hagan corro, ciudadanos y ciudadanas! ¡No empujen! He venido a solicitar vuestra confianza y a deciros, mirándoos a los ojos, que no hagáis caso a la oposición. (Gritos y ovaciones). ¡Esa oposición pesimista y crispada, que nos culpa de la crisis, cuando todos sabéis ‑porque la tele se encarga de informaros mañana, tarde y noche‑ quiénes son los culpables. ¡Escuchadme ciudadanos y ciudadanas, que no lo pienso repetir! Nos culpan de la crisis los que mancharon las playas de chapapote, mientras ellos hacían turismo en las Azores. (Ahora, el público enardecido, corea con fuerza: «¡Nunca mais! ¡No a la guerra!»).
–¡Yo no ofrezco el elixir del progreso, ni el jarabe de la modernidad! Eso lo dejo para otros. Yo apuesto por la libertad de los pueblos, por actualizar las Instituciones, por llevar el bienestar a las clases desfavorecidas y por lograr el entendimiento entre las civilizaciones. (El gentío, salta y grita aclamando a su líder, que continua hablando). ¡Permítanme, ciudadanos y ciudadanas! ¡Un poco de orden, por favor! ¡El orden es el fundamento de las sociedades civilizadas! Nos culpan del paro, cuando nosotros no tenemos empresas. A ver, aquel señor de la boina que tiene pinta de intelectual. ¡Dígame si tengo o no tengo razón! Si las empresas son de los empresarios, ¿quiénes serán los responsables de los despidos, de la falta de inversión, de tanto paro y de tanta irresponsabilidad? Pues digo yo que serán los empresarios. ¿O no? (La locura, el paroxismo, el delirio).
–¡No pueden negarme el voto! ¡Los pueblos civilizados confían en sus mentores y ningún político tira piedras contra su tejado! Por eso, ciudadanos y ciudadanas, todo el que quiera trabajar que trabaje, pero el que no quiera, que descanse; que, como dijo el poeta, esta vida son dos días. [¡A ver, aquella rubia de los calcetines y los zapatos de tacón, que deje de alborotar, que ya me tiene hasta los mismísimos!].
–¡Pero no se vayan, ciudadanos y ciudadanas, que ahora viene lo mejor! Unas medidas extraordinarias y eficaces que son la envidia de Ángela Merkel, de Silvio Berlusconi y Nicolás Sarkozy. Un plan, minuciosamente estudiado para fortalecer nuestro tejido empresarial y desarrollar la alta tecnología de nuestro país. I más D más I, en estado puro, ciudadanos y ciudadanas.
–¿Qué cuánto va a costar? Que nadie se preocupe. Este plan, asombro del mundo civilizado, se financiará con dinero público, que no es de nadie ‑como dijo la ministra‑ y no costará ni cinco, ni cuatro, ni tres, ni dos. Este ambicioso Plan de Actuaciones e Infraestructuras podrá llevarse a cabo por el precio de un voto. ¡Eso he dicho, de un voto! ¡Tu voto! [Y aquel señor de traje oscuro, con barba, gafas y cara de aburrido, que no se ría, que no le favorece].
–Pero ahora, ciudadanos y ciudadanas, hablemos de los nuevos proyectos para ahorrar energía, fomentar el empleo, estimular el consumo y llevar el progreso y la modernidad a los amos y las amas de casa. En todos los pueblos que digan para mí, construiremos pistas de paddle, de petanca y de pelota valenciana. Repararemos barrancos y restauraremos tapias de cementerios. Construiremos piscinas. Vallaremos pistas de atletismo y dotaremos a los municipios de amplias zonas verdes para celebrar el botellón cómodamente. ¡Decídanse, que mañana será tarde! Muy pronto cada municipio dispondrá de un polideportivo cubierto, un campo de golf y un moderno polígono industrial, equipado con la más alta tecnología para el fomento de la intermediación continua y la información privilegiada.
Los aplausos, los himnos y los abrazos ponen fin al acto. El líder, en su Audi 8 blindado y tuneado,Personalizado en aspecto y mecánica. debidamente, se aleja del pueblo saludando desde la ventanilla, mientras pregunta al chófer:
–¿Cómo he estado?
–Brillante, como siempre, presidente; aunque me parece que se ha pasado con los polideportivos y los campos de golf.
–Tienes razón, Manolo. Pero a un pueblo que ha permanecido cuarenta años en coma profundo, a causa de la represión dictatorial, se le ha de hablar así. Para ejercer el don sagrado de la democracia, como para todo, hace falta práctica y preparación.
–Presidente: eres un monstruo.
–Gracias, Manolo; tú también.
 

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