Los doce caballeros del Temple, 1

08-12-2008.
En 1245 (veintiocho años después de la conquista de la ciudad por Fernando III) se constituiría en Andújar una cofradía «de los caballeros fijosdalgo… en honor de nuestra Señora Sancta María». Gonzalo Argote de Molina en su Nobleza de Andaluzía los relaciona:

«Evad todos los omes que hoy viven, e cras vivirán, como nos Frey Bernardo Aguilera, comendador de la Sancta Orden del Templo de Hierusalén, e Vicente Arias, e Simón Pérez de Cea, e Gonzalo Saldaña, e Garci Pérez de Vargas, e Gómez Días, e Ruy Vélez de Garnica, e Diego de Fitero, e Ioan de Fitero su hijo, e Ruy González Camacho, e Pero González de Priego de Escavias, todos vecinos y habitantes de la villa de Andújar».
Estos fueron los caballeros templarios que se postraron de hinojos ante María Santísima y juraron la buena nueva de expandir y multiplicar sus milagros y devoción. He aquí los caballeros de nuestra tabla redonda, tabla que pregonaba la fe sobre la alcurnia de las riquezas:
Fray Bernardo de Aguilera.
Vicente Arias.
Simón Pérez de Cea.
Gonzalo Saldaña.
Garci Pérez de Vargas.
Gómez Díaz.
Ruy Vélez de Garnica.
Diego de Fitero.
Juan de Fitero.
Ruy González Camacho.
Pedro González.
Pedro de Escavias.
¿Dónde estaba el pueblo llano, aquel pueblo que a la voz de Juan Alonso se había despeñado cerros arriba, con las alforjas ligeras y la fe rebosante, al encuentro de una Virgen Negra?
Soy consciente de que hay estudiosos ‑entre ellos Carlos Torres Laguna en el pasado siglo y Juan Rubio en el actual‑ que no estarían o no estarán conformes con lo que aquí se dice; pero otros personajes de la talla de Argote de Molina, Fray Arturo Curiel o Domínguez Cubero andan por mis aledaños, o mejor dicho, yo ando bajo su manto.
Así sabemos que «la cofradía fue hecha y ordenada en el año de la Era de César de 1283, a los treinta años del reinado del noble rey don Fernando III, nuestro señor, y a los veintiocho años en que se ganó y conquistó de los moros esta villa de Andújar».
Si Fray Bernardo era comendador templario, ¿qué razones ocultas de poder, riqueza o envidias han sido las que han mantenido en silencio el origen templario de nuestra devoción a la Cabeza?
Hagamos un somero estudio de los apellidos de estos caballeros. A buen seguro que alguna estrella, aunque sea errante, aparecerá sobre las noches oscuras de nuestra fe.

“Los Aguilera”, que llegaron hasta el sur desde Santander, pasando por Cuenca, donde obtuvieron linaje.
“Los Arias”, antes nombre que apellido, con un «campo de plata donde se dibuja una Cruz de Calatrava sobre gules».
“Los Pérez”, tan ávidos de ingresar en las “Órdenes militares” que probaban día y noche su limpieza de sangre, emparentándose con “Los Uargas”.
“Los Vargas”, cuyo tronco principal era Juan de Vargas ‑caballero a las órdenes de Alfonso VI, que tanto y tanto luchó con la “Cruz” sobre su pecho‑, que tuvo hacienda larga, donde trabajó san Isidro Labrador ‑allá por los finales del siglo XI‑, santo que gozó del matrimonio con María de la Cabeza. (¿Otra interrogante que despejar?).
“Los Gómez”, hijos de don Gome, cuyo linaje se entronca en Burgos con el Conde Fernán Gómez el Negro, cuyos descendientes bajan hasta Andalucía y, por supuesto, hasta Andújar para recrearnos hoy en la leyenda “de don Gome”.

¿Han contemplado ustedes, con la mirada del corazón, la fachada del patio de esa casona? ¿Han escuchado los ecos lastimeros de aquellos que se quejan de que se haya derribado el tapial de su penitencia? ¿Han escuchado en las sotaneras de la Sala de Arqueología las psicofonías de sus fantasmas? ¡Abrid los ojos, andujareños! ¡Abrid los ojos y buscad entre las ruinas de nuestros palacios, de nuestras casas solariegas, de nuestras fachadas nobles los escudos que testimonian y avalan nuestra hipótesis!

Abrid los ojos quienes estéis preparados para abrirlos, porque el estruendo de los cohetes centenarios y el incienso incoherente que aroma a los “bajopalio” no vuelva a arrebatarnos la verdad o al menos no nos pierdan en las veredas, haciéndonos abandonar los misterios de la fe.
Abrid los ojos como los abrió el doctor Carlos de Torres Laguna, con su leyenda de “don Gome” que nos argumentó así:
Un rey: Pedro I el Cruel. Un capitán: don Gome de Valdivia. Una batalla en el paraje de Hardón o cerro de La Matanza. Un combate despiadado y un rey tirano que dicta sentencia: «Mi castigo consistirá en que, en lo sucesivo, entréis en vuestra casa‑palacio de la Maestra por la puerta falsa. Mientras viváis, la puerta principal estará tapiada».
Y don Gome vivió casi cinco siglos con su puerta tapiada, hasta que en los estertores del siglo XX, el poder negro de la infrahistoria abatió el tabicón de cal y ladrillo para colocar un portón barnizado. Y don Gome vocea, sin que nos enteremos, que desea su puerta tapiada, porque más vale tabique con honra que portón sin honor.
Pero prosigamos con los apellidos de alta alcurnia castellano-leonesa: “Los Díaz”, patronímico de los “Día” o “Diego”, leoneses de recio tronco, que anduvieron por Baeza, arrebatándosela a los moros con otros trescientos caballeros de allende del paso del Muriel.
¿No anduvieron estos templarios o vasallos de templarios, primero por Andújar? Porque sepamos, como más adelante veremos, que Andújar fue invadida por los mismos ejércitos cristianos que luego se alargaron hasta Baeza.
Y acabamos, para no aburrir, con la heráldica de la casa de González, patronímico que deriva de Gonzalo que, fuesen navarros, leoneses, asturianos o aragoneses, descendientes eran del conde Fernando el Negro, señor juramentado ante la Virgen de Covadonga, que aparece allá por el año 722, para luego desaparecer su linaje por siglos. Pero antes, cuando los musulmanes raptan a la hermana de don Pelayo, Fernando el Negro la encuentra en la Cueva de Santa María, dándosele el título de Señor de la Casa Solar de González.
Otra vez, una vez más, la negritud sobre la advocación de Santa María. ¿Signos? ¿Zarzas ardiendo sin consumirse? ¿Puras coincidencias? ¿Señales para los ciegos?

 

 

 

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