Versos sembrados, 18

01-12-2008.
 
2. “Mar de alfileres”.
 
97
 
Ofrenda genital
 

En esta cuadratura del cerebro
en donde anida un ala anacreontina,
como una siesta viva. En vespertina
ofrenda genital, coso y enhebro
 
los hilos de tu piel. Aquí me «enxebro»
ardiendo en lava blanca. Una sextina
que ahoga el respirar en argentina
orgía corporal. Caudal de un Ebro.
 
Pincel pubilabial. Espasmo. Vuelo.
Andrógino alimento. Grito. Velo.
Lucífero de Adán. Pene apenado.
 
Orfebre en barro vivo. Culo. Grado
marítimo lechal. Fuego y pavesa
ansiosos de rondar nuestra cabeza.
 
98
 
Casi todos los días
 
Casi todos los días me despiertan
tus segundos de amor y cuentagotas,
cada hueco recobra su sentido
de arco iris gozoso. Cada sueño
le devuelve tu soplo a mi mochila.
Y rebusco tu piel acampanada
que me sale al encuentro en la escalera.
 
Casi todos los días hago lo mismo:
dedicarte el poema recién hecho,
conjugarte en mis labios. Desnudarme
en tus ojos de miel, Luego… crearte.
Y al fumar me respiro tu saliva,
que sellada quedó con la cerveza
de la cita escondida en la cancela.
 
Casi todos los días te adivino
en la ducha de frío y acerolas,
mientras palpo tu huella en mi cansancio
y me apresto a cruzar la calle herida
por tu ausencia presente. Como siempre,
cuando el sol queda preso en las persianas.
 
Casi todos los días tarareo
la canción de tu mapa y simetría,
y saludo a tu espejo: «¡Buenos días!»,
y tu eco responde a mi almohada.
 
Casi todos los días te reclamo
en la página íntima que escribo,
casi todos los días hago lo mismo:
dedicarte el poema recién hecho,
conjugarte en mis labios. Desnudarme
en tus ojos de miel. Luego… perderte.
 
99
 
Con tu palabra
 
¡Si supieras el miedo que me da
sentarme por las tardes, buscando tu palabra!
 
Con tu palabra
(provocando un eclipse de la luna)
hay cenizas de fuego verde mate,
y alaridos de espuelas rebelando la noche interminable.
Con tu palabra
recreo un germen vivo ardiendo en las caricias,
y mi cansancio
se tiñe de colores, y un gato negro asoma.
 
Con tu palabra
(petrificada en el tiempo de las uvas)
hay un chapoteo de salivas indirectas,
y huyen los témpanos glaciares.
Y todo se vuelve íntimo.
Con tu palabra
las lágrimas se agrandan, y los brotes de arcilla
se deshacen del barro que nos hizo
ser alfileres convertidos en ojos de lenguaje.
 
Con tu palabra
(esperando el godot que nos azota)
hay relojes de vida en este tiempo muerto,
y los malos augurios se tornan claridades,
adoleciendo el vuelo incomprensible.
 
Con tu palabra
la música dormida en tus pechos manantiales
sería albor rebelde en cada gota de mar,
y una navidad, por siempre incendio y rosa,
«metálica paloma».

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