Estampas ubetenses de tráfico

12-09-2008.
El tráfico rodado es uno de los problemas más importantes que tienen planteadas las grandes ciudades; aunque las pequeñas hoy en día tampoco están exentas de ello. Úbeda no es una excepción; y es su zona urbana del norte la que más problemática ofrece, en un perímetro en el que cabe resaltar como vías más importantes la avenida y carretera de Linares, la calle de Cristo Rey, la avenida de la Libertad, la calle Torrenueva y la avenida de Cristóbal Cantero; en dicha zona se producen grandes atascos, con especial gravedad en los inicios de puentes y fines de semana.

Contribuye mucho a este caos circulatorio el hecho de que se encuentren en la zona grandes supermercados, organismos oficiales, institutos de enseñanza y un sinfín de centros comerciales y negocios, que originan una fuerte actividad. La falta de un lugar para dejar el coche agrava aún mas la situación, por lo que la creación de plazas de aparcamiento, públicas o privadas, sería una buena medida para quitar de la circulación buena parte de vehículos que deambulan inútilmente buscando aparcamiento.
Paradójicamente, el Ayuntamiento va a dar prioridad a la construcción de un aparcamiento en el casco antiguo, en la zona de la puerta de Santa Lucía, lo que conllevaría un aumento considerable de la circulación en este idílico sector monumental, con todas sus nefastas consecuencias.
Ya estamos ante una estampa muy “ubedí”, como es la obsesión de meterle mano al casco antiguo, a la gallina de los huevos de oro, que ha llevado a Úbeda a ser lo que es hoy para la Humanidad. Si nos valiera, pondríamos un aparcamiento en el comedor de la casa.
El casco antiguo no necesita más aparcamientos que los que tiene. Para ir allí ya existen y están funcionando unos inventos que se llaman autobuses, taxis, coches de caballos; incluso los populares, baratísimos y ecológicos “coches de san Fernando”.
Aparcamientos, sí y con urgencia, en la zona norte. Sería un placentero recorrido a pie desde el Hospital de Santiago hasta Santa María. Todos nos lo imaginamos: exposición y fomento del comercio local, con la aparición de locales de ocio, mesones, bares y cafeterías limpias de humos. Sólo destacaría como aspecto negativo el desastroso pavimento de la calle Nueva; pero con un poco de imaginación se podría exponer al visitante como “reliquia decimonónica”, imposible de encontrar incluso en países del Tercer Mundo.
También llegan a esta Atalaya las estampas de tráfico que se “emiten” desde el Hospital General de San Juan de la Cruz y su entorno, donde el caso adquiere una gravedad de excepción. El aparcamiento está en estado deplorable, además de ser insuficiente y de tener sin señalizar las plazas en el suelo. El situado frente a la puerta de entrada del hospital, sabiamente gestionado por unos “gorrillas”, es todo un erial quebrado y desigual, polvoriento en verano, fangoso con las lluvias, algo similar al desaparecido circuito Paris-Dakar, e igualmente insuficiente; circunstancia que obliga a utilizar un “todoterreno”, para terminar dando vueltas sin parar o aparcar irregularmente o bien incorporarse de nuevo a las vías de acceso, complicando considerablemente la situación. La maniobra de entrada a las instalaciones del Hospital puede considerarse una auténtica odisea, todo por la casi imperceptible señalización de las líneas de la calzada y el stop, débiles marcas que con la llegada de la noche se hacen totalmente invisibles. A todo ello hay que añadir un buen número de ambulancias, autobuses, taxis y camiones, además de los peatones que se juegan la vida en el intento, en medio de ese entramado o “trampa mortal”.
Aún asoma en el paquete otra estampa cargada de humanidad: al Hospital de Úbeda llegan personas de un buen número de pueblos y aldeas de toda la comarca, a los que el acceso a la información no le ha sido muy favorable en la vida. Acuden por verdadera necesidad, porque no es un placer ir a un hospital. En la mayoría de los casos el usuario no está en los mejores momentos de talante, ni de humor, ni en la mejor disposición de aguantar tal estado de cosas.
Algo tendrá que ver en estas deficiencias el Ayuntamiento de la ciudad: los conductores muchas veces no sabemos de competencias porque no somos políticos; no llegamos más allá de respetar las señales de tráfico y de pagar los impuestos. Por tal motivo hay que denunciar ante el Ayuntamiento de Úbeda, la administración pública más cercana al ciudadano, que actúe a la mayor brevedad. Si no tiene competencias, que solicite de quien las tenga ‑que es su deber‑ una rápida intervención.

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