Yo no me regulo

08-03-07.
Me escribe un amigo algo así como que «te expresas muy bien, pero siempre estás enfadado…». Por otro lado, me encanta un anuncio en la televisión que nos viene a decir que tenemos 1440 minutos al día para utilizarlos como nos plazca: los podemos desperdiciar, los podemos regalar, los podemos invertir…
Dos toques de atención, dos aspectos a tener en cuenta. Al fin y al cabo dos formas de interpretar la existencia. Para mal o para bien.
 

Me he puesto a pensarlo seriamente.
Uno es como es y eso es difícil de cambiarlo. La ciencia nos dice ‑y cada vez se averigua más‑ de las influencias que se ejercen para ser de una forma y no de otra; poseer un tipo de personalidad que responde de forma distinta, porque nuestros mecanismos fisiológicos se lubrican con aceites y dosis diferentes para cada tipo…
Habría que andarse muy, pero que muy piano y cuidadoso ante los criterios que hemos estado barajando sobre el libre albedrío y el uso consciente de la volición. Se darán en el futuro sorpresas.
Pero dejo aparte los considerandos sobre el sistema endocrino y sus influencias, para volver al tema inicial. El cabreo permanente, su necesidad y, sobre todo, su utilidad y beneficio. Y habré de admitir que poco beneficio da, a nadie, el estar en permanente cabreo, permanente enfado, permanente lucha de la prepotencia personal sobre la social o colectiva. Tenemos un insigne expresidente de nuestro Estado que nos colma de agrios comentarios, nos colma de despectivas respuestas, nos satura del desprecio que los mortales súbditos de su manoseado país le merecemos… Y me veo en permanente cabreo, como el tal; y me asusto, ciertamente, de ser un impresentable, intratable y sobre todo un ser destructivo: nada constructivo, nada ejemplar.
Pues es bien cierto que destruir resulta mucho más fácil que construir.
Pero, claro, para construir hay que tener ideas constructivas (Perogrullo dixit) y eso es difícil. ¿Cuántos han aparecido mostrando ideas ‑ muchas copiadas de otros‑ que eran absurdas, inaplicables, aberrantes, tendenciosas… y la mayoría interesadas en llevarse el ascua a su sardina personal, social o partidaria…? Es bueno tener ideas, ser optimista, incluso algo utópico, porque sin ideas, sobre todo nuevas, el mundo seguiría estancado en la fe del contemplativo: solo estático en su certeza.
Y teniendo ideas, metidas todas en la mollera (así nos engordó), nos genera peligro extremo de explosión. Hay que encontrar la válvula de escape que logre o que esas ideas se plasmen en realidades; o que salgan lo más controladas posibles, impidiendo un estropicio personal del que las tiene.
Aquí está lo de tantos minutos a nuestra disposición cada día. Minutos para utilizarlos lo más adecuadamente posible, no en lo que no nos permite el logro, ni la satisfacción personal y menos la autoestima. Y el cabreo permanente quema y consume como el fuego al bosque, sin provecho alguno.
¿Sirve no obstante el permanente cabreo como válvula de escape ante la permanente frustración…?
No sabría yo contestar ahora con cierta claridad, no digo ya certeza, a tema tan peliagudo. Lo que sí, es que me voy mentalizando en la vieja sabiduría del proverbio (¿Confucio?) «Si tu problema tiene solución no te preocupes del mismo; y si no la tiene, ¿a qué preocuparse?»… ¿Debe uno preocuparse de problemas  que, casi siempre, están en manos de otros el solucionarlos, o no? ¿Debe uno tomar como propia la carga que otros debieran llevar…? En definitiva, ¿debe uno sufrir la permanencia de despropósitos que, a quienes los generan, les resbalan?
«Miré los muros de la Patria mía»… ¿Y qué?, si ya decidieron cargarse muros, patrias, virtudes, éticas, educaciones, enseñanzas, mis escritos, los caudales…, una caterva de los más varios y diferentes uniformes, idiomas, presencias…
Como convidados de piedra quedamos, encerrados cual salada estatua y solo nos permiten, de vez en vez, que movamos la manos hacia el cestillo a nuestros pies, donde hemos de entregar nuestro salario volitivo en forma de papeleta (no que saquemos del mismo nuestro merecido emolumento, beneficio inmediato por nuestra prisión estatutaria; sí, no me he confundido).
Así que viene a cuento esto para contestar a mi optimista amigo ‑él sabe quién es‑, que me trata de levantar el ánimo, y al que le expreso mi admirada envidia personal. Y para decirle que, si puedo, no volveré a dar la brasa con tanto escrito de un pesimismo y una amargura tal que se piensen todos, con razón, que ando ya bastante gagá
Sea un brindis por el optimismo; solo sea con carácter exclusivamente vital y personal, porque de los otros…
Y confieso que ando una buena temporada que no “me regulo”; vamos que yo cagaba a mis horas convenidas (nada más iniciar la jornada) y me quedaba tan pancho… Y eso, amigos, marca mucho. ¿Será la causa de mis depresiones?
Salud y euros.

Autor: Mariano Valcárcel González

Decir que entré en SAFA Úbeda a los 4 años y salí a los 19 ya es bastante. Que terminé Magisterio en el 70 me identifica con una promoción concreta, así como que pasé también por FP - delineación. Y luego de cabeza al trabajo del que me jubilé en el 2011. Maestro de escuela, sí.

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