«Español», mejor que «castellano»

20-08-2006.
El primer testimonio de la conciencia de la diferencia del romance de Castilla respecto de los demás es muy tardío (1254)1, si se considera que a partir del 900 ya se encuentran los primeros testimonios organizados del romance central.
El nombre de castellano (sustantivo) en el sentido de ‘lengua de Castilla’ es algo posterior y se encuentra documentado por primera vez en la obra de Alfonso, el Sabio, Primera Crónica General de España.

Antes de 1289, castellano funcionaba como adjetivo especificativo de lenguaje frente a otros lenguajes (lenguaje leonés, lenguaje aragonés…). Después de esa fecha, se convierte en sustantivo.
El nombre español es de origen ultrapirenaico. Desde poco después de 1100 se utilizó en Francia y en España con sentido étnico y, algo más tarde, en sentido lingüístico.

En los primeros años del siglo XIII aparece español, con el significado de ‘lengua de Castilla’, en el texto francés del Roman de Gaufrey:

[…] je soi bien parler francheis et alemant,
Lombart et espaignol, poitevin et normant.
El español, no sólo por su apariencia externa, sino sobre todo por la concepción del mundo que con él puede darse, ya no es, desde finales de la segunda mitad del siglo XV, castellano. España y español son productos históricos muy distintos de castellano y Castilla. El fraile andaluz, Domingo de Valtanás, fue el primero en utilizar, en obra impresa conocida, la denominación «español lenguaje» en su Compendio de sentencias morales (Sevilla, 1555).
En 1611, fecha de la publicación del Tesoro de la Lengua Castellana, o Española, compuesto por Sebastián de Covarrubias Orozco, la competencia no se realiza entre romance y castellano, sino entre castellano y español: el neologismo lingüístico castellano desplaza a romance; a su vez, el neologismo lingüístico español empieza a arrinconar a castellano. Español, con el valor de ‘lengua de España’ aparece en nuestros textos en el momento en que se tiene conciencia, no administrativa, sino política y cultural, de que en la lengua de Castilla se han ido incrustando elementos lingüísticos de diverso tipo cuyo origen no es castellano.
La Academia acuerda en 1923, en un acto administrativo, denominar oficialmente nuestra lengua como española. Con esta decisión, elimina la antigua y superada contradicción existente entre el título del propio organismo, llamado Real Academia Española, y el título dado al Diccionario de la Lengua Castellana hasta su decimocuarta edición. En la decimoquinta, publicada en 1925, se titula ya Diccionario de la Lengua Española. El catedrático y director de la Academia, Ramón Menéndez Pidal, lo matizaba así:
La formación de la más importante lengua literaria de España, aunque es debida principalmente a Castilla, es también fruto de la colaboración esencial de otras regiones. La misma Academia que, aunque usando siempre ambos nombres de lengua española y castellana prefería esto último, ha adoptado por fin, después de mucha discusión, el nombre de lengua española, como más propio.
Sin embargo, posteriormente en el Anteproyecto de Constitución de la Monarquía Española de 1929, en su Título I, Artículo 8.º, se dice: «El idioma oficial de la nación es el castellano». Poco después, en la Constitución de la República Española (9 de diciembre de 1931), en su Título Preliminar, Artículo 4.º, se establece que «El castellano es el idioma oficial de la República». En el Estatuto de Cataluña (Ley de 15 de septiembre de 1932), en su Título I, Artículo 2.º, se lee: «El idioma catalán es, como el castellano, lengua oficial en Cataluña»; y en la Ley sobre el Estatuto del País Vasco (4 de octubre de 1936), Título I, Artículo 1.º: «El vascuence será, como el castellano, lengua oficial en el País Vasco».
En 1938, el filólogo y escritor Amado Alonso publica Castellano, español, idioma nacional. Historia espiritual de tres nombres, un bien documentado y penetrante análisis de las circunstancias y causas que condicionaron la aparición de los distintos nombres que nuestra lengua ha recibido a lo largo de los siglos, suficiente como para dejar zanjada la cuestión designativa de forma científica, histórica y administrativa.
Durante el gobierno franquista, ni en sus Leyes de 1936 a 1939, ni en Las siete leyes fundamentales, ni en las Leyes de prerrogativa de 14 de julio de 1972, se hace mención de la lengua oficial del Estado y, por tanto, de su nombre.
La Constitución Española de 1978, en su Título Preliminar, Artículo 3.º, dice: «El castellano es la lengua española oficial del Estado». A este respecto, el escritor y académico Camilo José Cela escribió una serie de artículos cuya idea central se puede ver en la siguiente cita:
La polémica sobre si la lengua que hablamos la mayoría de los españoles es el español o el castellano no es sino un temporal en un vaso de agua, no grave pero sin duda confundidor, y también algo que ha desatado una polémica en la que la razón no asiste a nadie. Más de una vez y quizá más de dos intenté explicar con escaso éxito que el primer error y la primera pifia fue confundir el sustantivo con el adjetivo […]. El mal se originó en el artículo de la Constitución […]. En el universo mundo hay veinte Estados soberanos que hablan en español y el único que en su carta magna no llama español a su lengua oficial es España.
El académico Francisco Rodríguez Adrados escribía el 17 de enero de 1994:
Muy recientemente, la Real Academia Española ha aprobado una nueva definición del término español: «Lengua común de España y de muchas naciones de América, hablada también como propia en otras partes del mundo». Y una nueva definición de castellano: «La lengua española, especialmente cuando se quiere introducir una distinción respecto a otras lenguas habladas también como propias en España». […] La tendencia a la eliminación del término español y sustituirlo por castellano […] fue, en el comienzo, intencionada. Convertía, subliminalmente, al español en una lengua más dentro de la Península. Luego se ha difundido, ha entrado hasta en la Constitución. Pero, en fin, la cosa es secundaria, aunque la Academia haga bien en poner las cosas en su punto.
Con motivo del 10.º Congreso de Academias de la Lengua Española celebrado el 24 de abril de 1994, el entonces director de la española, Fernando Lázaro Carreter, dijo:
El español está creciendo en el mundo y, paradójicamente, se le ve retroceder dentro de España. Basta con verlo reducido, en algunas comunidades, a mera asignatura escolar, como el inglés o el francés. El bilingüismo será imposible, y sustituido por la diglosia2.
En ese mismo congreso, las Academias recomendaron que se utilizase el término español para referirse a la lengua española que se hablaba en todos y cada uno de sus respectivos territorios.


1 Aly Aben Ragel, El libro conplido en los iudizios de las estrellas, p. 3: «e tornarlos en lengua española a laudor e a gloria del nombre de Dios e a ondra e en prez del antedicho sennor, el qui es el noble Rey do[n] Alfonso».

2 diglosia, bilingüismo, en especial cuando una de las lenguas goza de prestigio o privilegios sociales o políticos superiores.

berzosa43@gmail.com

 

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