Anotaciones de un camino

 

Creo que no sería mala idea que todos aquellos que, como cristianos, nos consideramos hijos de la Santísima Virgen, hiciéramos, al menos una vez, el camino del Rocío. Después de esa vivencia, nuestra opinión sería directa, real y verdadera; por supuesto subjetiva, pero fundamentada en la propia vivencia. Porque la verdad es que el Rocío no es para contarlo, ni para que te lo cuenten. El Rocío es para vivirlo… Claro que cada uno vive su Rocío. Este ha sido el mío:

Yo voy haciendo el camino,
no llevo remolque, charré ni jaca.
En mi mochila la tienda y una manta,

en una mano el rosario,
en la otra una vara,
que para ir al Rocío,
este equipaje me basta.
Gracias hermano por tu pan,
hermano gracias por tu agua,
que la Virgen del Rocío te lo pague,
que yo voy de peregrino
y de comer y beber no llevo nada.
Son las doce de la mañana, es la hora del Ángelus
Date prisa, rociero;
deja remolque y charré,
vente corriendo al carro
que quiere hablarnos Gabriel.
“¡Dios te salve!”, dijo el Ángel.
María humilde contestó:
“Que se haga en mi su voluntad:
yo soy la esclava del Señor”.
¡Dios te salve María!
Son palabras de salutación.
Las repetimos cada momento del día,
camino del Rocío, con alma y corazón.
¿Que el Ángelus y el Rocío son misterios?
Para los hombres misterios son.
Para la Virgen son dos obras
de su infinito Amor.
Y llega el sábado
Todas las Hermandades hacen la presentación
¡Vamos, hermanos, vamos ya!
Es la hora de la presentación
y la Señora esperando está.
Que nadie olvide su ofrenda.
Repasemos todos la lista.
Que nada se quede atrás.
Y el rociero coge su lista
y empieza a repasar.
“A ver: sal, pimienta, azafrán…
¡No, esa lista no, la otra!
La de la presentación.
La que todos hacemos con el corazón.
Aquí está: he sido tolerante,
comprensivo, ya no tengo envidia,
soy amable, olvidé mis rencillas,
al vecino ya no le guardo rencor.
Estoy aprendiendo a sonreír,
soy solidario, responsable,
ahora dialogo y sé escuchar.
En casa no me impongo,
intento razonar.
Tengo tiempo para el viejo de la esquina
que tan solo está.
Algún ratillo echo con los enfermos.
Me entrego en mi trabajo con más afán,
defiendo la justicia y la verdad.
He aprendido a tender mi mano
y a compartir mi pan.
Todas estas cosillas, Virgen del Rocío
vengo a ofrecerte, y algunas más:
En las cosas de tu Hijo
ya no importa “el qué dirán”,
participo de la misa
me acerco a comulgar,
he aprendido a pedir perdón,
y también a perdonar.
Intento ser humilde
y dejar mi soberbia atrás.
Que desde que me enteré
que para ser buen rociero,
primero hay que ser cristiano,
no paro de cavilar,
lo intento y lucho por ello,
por ser rociero de verdad.
Porque ahora tengo que ponerme
delante de Ti, Virgen del Rocío,
y a Ti, no te puedo engañar”.
Por fin llega el día esperado y la noche se va transformando en mágica “madrugá”.
Estoy delante de la Ermita, y como si de un puerto se tratara, la Virgen en su barca está. En el reloj apenas pasan las tres. ¡Han soltado amarras! Comienza a navegar, corazones humanos forman un inmenso mar, y en oleajes de amor la virgen en su barca viene y va. No sale del puerto, desde afuera, arrecia de amor el temporal, vaivenes a un lado y a otro. ¡Se hunde! ¡Emerge! Hacia delante, hacia atrás… Por fin cruza la barra de su portal.
Y ahora navegando en amplio mar, como si hubiera perdido el timón, se vuelca a derecha, a izquierda, ¿qué digo?, perdón, a babor, a estribor. Hunde la popa, eleva la proa de su infinito amor. Y nosotros como náufragos, levantamos los brazos buscándola a Ella como tabla de salvación.
Y ahora se me acerca, y más deprisa se me va, y sigue navegando, navegando y navegando, tiene toda la noche y el día para llegar al puerto de cada hermandad.
Pero mientras navega, la estela y la espuma que va dejando llega a la orilla de nuestros corazones y los va empapando de Amor y de Paz.

 

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Publicado en: 2005-05-18 (49 Lecturas)

 

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