«Dramatis personae»

«La maschera è la chiave di tutto»
Silvana Latmann
 

HE PERDIDO DE NUEVO LOS PAPELES. He alzado la voz en medio de las voces que dentro de mí pugnaban por hacerse con el poder en un golpe de ideas. Furioso, he dado con el puño en la mesa y he dicho: «mientras viva, ni un solo pensamiento os pertenece. Nada de cuanto diga o mienta o finja o ame es divisible herencia. No andéis como rapaces aguardando los despojos del combate del tiempo». Puro teatro: tengo ya las horas contadas.

NATURALEZA MUERTA. LOS OBJETOS PERNICIOSOS, MALÉFICOS QUIZÁS, con su oculta razón de predominio y fuerza. Objetos aparentes, con la semilla ígnea del pasado. Volutas de invisible tiempo como el rizo negro de una enferma sin dominio de muerte. Objetos confundidos en sí mismos, inmersos en la forma que lucen, en el espacio en que anidan, en el desprendimiento de otras formas y volúmenes que en ausencia se definen. Objetos que nunca pertenecen a nadie y son el patrimonio del aire viciado de memoria.
EL RELOJ DE SOBREMESA VINO Y DEJÓ SOBRE LA MESA UNA BRAZADA DE FLORES como el que deja un puñado de sombras sobre la tapa desnuda del piano. No dijo nada y su voz olía a lluvia y limo y a cáscara de nueces en otoño. Tembló la llama del quinqué que leía los sueños en los párpados de un ángel clandestino. Con sabor a madroños, sus labios eran llagas de perlas y carbones. Con igual altivez señaló uno a uno los frutos venenosos e invitó a los huéspedes a morderlos sin tregua.
MEMORIA HIPOTECADA. TODAS LAS CONFUSIONES, LAS IGNORANCIAS, los desperdicios de las horas vividas entre espejos y mapas, como los pescadores que remiendan los huecos de las redes y construyen un ámbito tejido de agujeros. Lo valioso es el vacío por donde escapa el agua, los pensamientos, el aire. La torpeza se enreda y parece prestigio, tesoro, ánforas, atunes: milagro del Mar de Tiberíades. Nada de lo que queda atrapado por la forma fluye. Libre corre sin patria la memoria.
AL ALBA (EN OTOÑO) ERA UNA MUCHACHA ENFERMA. AGRIO AZAHAR, —luz de ceniza— y respiraba con el rumor suicida de los pájaros que brotan de repente de los árboles. Una leve muchacha tendida sobre un lecho de hojas y llovizna y motetes de claustros en ruinas. Su pulso — transeúnte por un río de hierbas—, era un barco de papel con un poema muerto entre sus pliegues.
INVITACIÓN AL VUELO. AVES EN FUGA, CON EL OJO DE PÓLVORA suspendido en el cielo, buscando los plumones de seda y ritmo oscuro. Ya no existe la línea en pleno vuelo. El ala no es un lápiz ni el dedo de la lluvia. El vuelo existe en sí, ésa es su pura belleza. Se disipa y se funde en otros vuelos, otras líneas borradas por la lengua fugaz de las tormentas. Ondas de un oleaje ingrávido, invisible, que pende igual que cadenetas o guirnaldas de gasas transparentes. El cazador apunta no al corazón del ave sino al hueco que queda en propiedad del espacio.
06-02-04.
(75 lecturas).

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