«Ad maiora natus sum». 1958

…Todas estas relaciones extra Safa, sabrosas y confortantes, me levantan el ánimo. Pero eran compensaciones al margen de mi vida profesional. La profesión ante Dios y la propia conciencia ha de justificar el hecho de vivir. Y cuando la responsabilidad es el último criterio determinante, sobrepasa el modus vivendi. El manoseado ad maiora natus sum no apunta únicamente a valores celestiales. Incluye madurez, creatividad, autorrealización. Taponar ese proceso al ser humano es condicionarle al desencanto, al desajuste y la minusvalía… Y esta era mi situación. El trabajo que yo desempeñaba en Úbeda era manejo, trasiego de gente y presencia disuasoria. Ni una iniciativa, proyectos, ni riesgo alguno… Hoy como ayer, mañana como hoy… siempre igual… Ya no era cuestión de desdoro social y penuria económica. Era condena a un reduccionismo personal sin otra contrapartida que la generosidad divina… Yo me rebelaba íntimamente: estoy resistiendo a los encantos y posición de Isadora por no uncirme… y me someto a ser un vigilante vigilado a las órdenes de un “curilla” inmaduro…

Cuando ya el curso iba bocabajo, acudí con todo esto al padre Rector. Y en sustancia le expuse que si mi cometido en la Safa estaba fijado en vivir y trabajar como un minus habens a las órdenes del maestrillo de turno, yo dejaba la Safa.

 —Y conste, reverendo padre, que no es por la comida y el salario. Es por la inanidad a que se me reduce en mis mejores años.
 —Ya te propuse la dirección de la residencia de Linares… Y la rechazaste. ¿Estarías dispuesto a considerarlo?
 —Padre, ya sabe vuestra reverencia que a mí, de no ser por Úbeda, en la Escuela de Magisterio… no me interesa nada de la Safa.
 —Sugiéreme algo…
 —Si vuestra reverencia me juzga capaz de llevar la dirección de Linares, ¿no podría yo llevar la Segunda División sin la férula de ningún maestrillo…?
14-09-04.
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