Sinfonía n.º 5 de Schubert

 

SINFONÍA N.º 5, EN SI BEMOL MAYOR, D 485, DE F. SCHUBERT (1797-1828)
Allegro
Andante con moto
Minueto (Allegro molto)
Allegro vivace
 
Las primeras sinfonías de Schubert no acababan de ubicarse en los modelos de la Primera Escuela de Viena por su peculiar sentido de la forma y texturas. Por otra parte, al no ser Schubert un músico profesional, sus posibilidades de experimentar con la orquesta eran muy limitadas, lo que condicionó seriamente su técnica de orquestador, que desarrolló después de la visita de Rossini a Viena y que algunos consideran inferior a la de sus colegas bohemios, franceses o ingleses.

En primavera de 1816, Schubert concibió la expresividad trágica de su Sinfonía núm. 4, la sonrisa de sus Lieder sobre poemas de Hölty y, ya en octubre, remataba esta Quinta Sinfonía en Si bemol mayor, D 485 plena de indefinible y melancólico humanismo. Tenía 19 años. Con razón se alude reiteradamente a Mozart, al Mozart más pre-romántico, el de la Sinfonía núm. 40, en Sol menor, K 550, para buscar el parentesco de hermandad con el Schubert de esta obra preciosa que no se estrenó “seriamente” hasta ‑Viena, 1841‑ bien pasada la muerte de su autor. Digo “seriamente” porque en vida del compositor la interpretó una orquesta de amiguetes bajo la dirección de Otto Hatwig, al igual que el resto de otras de sus obras orquestales anteriores a 1821. El primer violín era Ferdinand Schubert, el segundo violín era Heinrich Grob, hermano de Teresa, la dedicataria de muchos de los lieder schubertianos de 1816, y el fagot era Joseff Doppler, muy próximo al círculo de la familia Schubert. El propio compositor tocaba la viola…
La Sinfonía es una composición pletórica de dulzura, luminosidad y refrescante espontaneidad. En contraposición a su antecesora, la Sinfonía Trágica, Schubert renuncia a la gestualidad dramática y se llena de optimismo general. Formalmente no aporta nada nuevo con respecto a los modelos vieneses (es la más vienesa de sus sinfonías) de Haydn y Mozart y tampoco en lo instrumental; pues Schubert prescribió una orquesta bien escueta, sin trompetas, incluso sin clarinetes, ni timbales. Eso sí, hay que reparar en la refinada escritura de las maderas y su perfecta simbiosis con las cuerdas, una lección que Schubert había aprendido de Beethoven. Casi podemos calificarla de música de cámara, pero en estos sencillos moldes, cupo estupendamente la sustancia nueva de la inspiración de Schubert. Fue una nueva manera de entender la creación musical, cercana a la ensoñación, al diario íntimo, a la mirada hacia adentro de uno mismo.
Ya desde el Allegro inicial aparece la frescura juvenil, pero también el progreso en el tratamiento instrumental y la claridad de sus texturas. A diferencia de sus otras cinco hermanas del mismo periodo, no comienza con la lenta introducción; los acordes de los vientos y un diseño descendente de los violines abordan el primer tema. Es un hallazgo genial que nos cautiva por vía de la más sencilla y llana naturalidad: la fascinación de la música pura. La belleza de este tema, tan sugestivo como simple, es enorme.
El Andante con moto, de grandes proporciones, deja que la cuerda exponga el tema pastoril, todo él lleno de una dulce melancolía y tristeza ‑remito al lector al dúo entre cuerdas y maderas‑. Las líneas melódicas son de la mejor tradición de los cantabiles de las sinfonías vienesas y, una vez más, se muestra del lirismo schubertiano, tan abundante en los movimientos lentos de sus obras.
El Minueto alude a Mozart y su Sinfonía núm. 40 (que en su primera versión carece de clarinetes). Es enorme el contraste inicial con el trío central (en Sol mayor) al que los instrumentos de viento aportan todo el brillo necesario a una danza popular, y la obra concluye Allegro vivace en una efusión de felicidad y optimismo, retorno a la alegría del comienzo.
Según Alfred Einstein, es la mejor y más elaborada pieza instrumental de Schubert y podríamos decir que representa un recuento de su saber, a partir del que emprenderá la exploración de nuevos caminos. Por su expresión clásica y riqueza de melodías, es una verdadera obra maestra.
24-05-05.
(31 lecturas).

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