Más conocimientos, más exámenes: ¿Cuál es la clave?

Hoy es el día de la entrega de notas en todos los centros educativos. Día de reflexión, de lágrimas, de alegrías, de promesas rotas, de regalos frustrados, de felicitaciones…

Dicen que el nivel académico de España ha descendido, situándose entre los más bajos de los treinta países desarrollados, aunque por encima de EEUU, Italia, Portugal, Grecia, Turquía y México en Matemáticas; y de Luxemburgo, Portugal, Italia, Grecia y Eslovaquia, Turquía y México en Comprensión Lectora. Afirman, también, que la violencia en las aulas es generalizada, que los docentes estamos desprestigiados, que la culpa de todo la tiene la LOGSE , que la LOE es más de lo mismo… Y todo esto, a pesar de la cantidad de horas que el profesorado de ESO dedica a preparar exámenes, ejecutarlos, calificarlos, rellenar boletines y actas, entregar las notas, sentenciar éxitos y fracasos… en la última etapa obligatoria del sistema educativo.

Si tanto esfuerzo se dedicase a diseñar estrategias metodológicas, técnicas de trabajo, sistemas de refuerzo y de cooperación dentro y fuera del aula… quizás no se necesitaría utilizar tantos exámenes como principal estímulo para que el alumnado, cada vez más desmotivado, consiga aprender, que es de lo que se trata.

Después de 38 años de docencia, y habiendo vivido los cambios de cinco reformas educativas, ‑dieciséis años en la escuela privada y veintidós en la pública‑, no comprendo cómo los informes sobre los Sistemas Educativos en Europa siguen primando el academicismo y la cantidad de conocimientos, sin tener en cuenta la ingente dificultad de educar en la diversidad; la ampliación del currículo a otros ámbitos educativos como la Música, la Educación Física, el Bilingüismo, la Informática como herramienta de aprendizaje; la participación en programas escolares municipales; la cultura propia de cada Comunidad Autónoma; en temas transversales al currículo: Salud, Medio Ambiente, Educación para la Democracia…

Olvidan, también, los que descalifican cualquier modelo que busque la igualdad y la justicia social que, en las enseñanzas obligatorias, el academicismo debe supeditarse a los valores de la cooperación en la construcción del conocimiento, al descubrimiento, a la investigación en el aula, a la integración social, a la atención a las necesidades educativas específicas…

Una joven compañera, en su primer curso como maestra, se lamentaba hace unos días de la difícil situación en la que se encontraba como tutora de un curso de Primaria muy heterogéneo.

‑A mí no me han preparado para enseñar en la diversidad ‑decía‑. Siempre estudié en grupos más o menos homogéneos. En la Facultad aprendí demasiada teoría. En las prácticas, los maestros que tuve eran muy tradicionales…

‑Eres muy joven ‑le dije‑. Ya es un avance que cuestiones tu forma de enseñar. Un alumno con handicap es un valor para los demás, porque nos obliga a todos a buscar itinerarios que le permitan acceder al conocimiento teniendo en cuenta sus limitaciones. Puede que esto disminuya el ritmo de aprendizaje de los demás, pero despierta en ellos sentimientos solidarios que los marcarán como personas. Es preferible ‑continué‑ que tus alumnos sepan analizar las causas y consecuencias de la deforestación y la contaminación, a que memoricen los nombres de los afluentes de muchos ríos. Hay que tener muy claro si queremos formar archivos del conocimiento o personas capaces de acceder a él.

Soy consciente de que algo falla en el sistema, cuando estamos por debajo de la media de los treinta países desarrollados. También soy consciente de que tenemos que invertir mucho más en educación; en especial en la formación del profesorado, disminución de la ratio y la orientación profesional del tratamiento de los conflictos propios de la adolescencia, acentuados hoy por causas externas a la escuela.

La LOGSE , la LOE o cualquier ley educativa no puede tener éxito sin la preparación pedagógica del profesorado. Éste, sin estímulos suficientes para perfeccionarse, continúa enseñando de forma reproductiva, primando la transmisión al descubrimiento, lo individual a la cooperación, el conductismo a la participación del alumno…

Sin recursos profesionales, siguen utilizando el examen como arma eficaz para despertar el interés por aprobar, que no por aprender, además de instrumento para mantener el orden impuesto, convirtiendo lo que debería ser diagnóstico y reflexión del proceso de aprendizaje en miedo al fracaso personal, familiar y social.

En el caso de mi joven compañera, intenté animarla con intención de abrir una puerta de reflexión que le proporcionase respuestas a la acumulación de los conflictos didácticos que se originan en su aula. Uno de ellos, el fracaso académico.

Antes de la LOGSE , los informes de fracaso escolar se hacían sobre una población de bachiller ya seleccionada, con el título de Graduado en 8.º de EGB. Los que no superaban esta prueba, iban a Formación Profesional o a la exclusión del sistema hasta cumplir la mayoría de edad para trabajar. Después, con un único itinerario ‑Enseñanza Comprensiva‑ el número de fracasados, lógicamente, aumentó al no tener en cuenta la diversidad, circunstancia que el Informe Pisa de la OCDE no tiene en cuenta; como tampoco considera que las familias de la mayoría de los países europeos que obtienen mejores resultados tienen un nivel de estudios superior a las españolas.

Todos los sectores educativos ‑aún más los religiosos‑ deben apostar por la escuela de la integración social: inmigrantes, diferentes culturas y religiones, alumnado con NEE… Es el camino para la construcción de una sociedad más humanizada, más solidaria.

Ésta es la clave. Todo lo contrario a la filosofía de sectores privilegiados, que quieren seguir modelos segregacionistas y excluyentes en beneficio de la clasificación social, utilizando parámetros cuantitativos en la medición de la calidad.

Felicidades a todos los que han dado lo mejor de sí mismos. La calificación es lo de menos.

 

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Publicado en: 2005-12-21 (65 Lecturas).

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