Introducción

Si tienes mucho, da tus bienes; si tienes poco, da tu corazón.
(Proverbio árabe).
Todos los años, en el mes de agosto, un patio verde con olor a azahar y a jazmín me rescatan de los avatares cotidianos de nuestra ruidosa civilización. Mi refugio es una vieja casa en Bedmar, pueblo de Sierra Mágina donde nací y crecí junto a una alcazaba árabe del siglo IX que, sobre una arrogante peña, domina el fértil valle del río Cuadros.
A la sombra de un centenario naranjo y de un joven limonero, disfruto de la incansable melodía de gorriones y jilgueros, del canto del gallo en un corral cercano, del balar lejano de una cabra o del paseo de algún gato despistado que mira asombrado mi inesperada presencia. La sutil música de un surtidor de agua acompaña el sosegado tiempo de lectura.

Desde el altivo mirador de mi terraza, el amanecer tranquilo y sombrío de la sierra, invadida por centenares de pájaros migratorios, ofrece cada mañana el apasionante concierto de la vida. Enfrente, el Aznaitín, la majestuosa montaña malva, que en invierno se corona de blanco. Y a mis espaldas, la portada renacentista de la iglesia recuerda el final de la dominación musulmana tras la conquista del reino nazarí. Bedmar fue, durante la etapa nazarí, tierra fronteriza entre el reino de Castilla y el reino de Granada.
Al atardecer, el nítido disco solar se oculta suavemente por las sinuosas laderas de la montaña dejando tras de sí una silueta de elegancia, anuncio de su próximo retorno.
Por la noche, las estrellas invitan a dar rienda suelta a la imaginación mientras me dejo vencer por el sueño. La última imagen que entra por la retina de mis ojos es el bello arco de la luna en su cuarto creciente. Poco después, oigo el son lejano de una casida mientras me traslado a un tiempo no muy lejano en el que un pueblo amante de la naturaleza, la poesía, la ciencia, la vida sencilla… vivía en este hermoso valle.

Aquí inicié algunos capítulos de este libro recordando mis clases de Historia sobre la Málaga musulmana, los relatos de mi padre sobre la Medina de Tetuán, la agradable velada en casa de Juan e Isabel, antiguos residentes en Nador, las conversaciones con el comandante Durán, las exóticas bodas a las que fui invitado en Tetuán y Nador, la sabiduría de Hassan, el afecto y nobleza de Abdel Alí, la entrevista con Juan Pablo, presidente de Málaga Acoge, las lecciones de arte de Dámaso Ruano, la enigmática introspección de José Hernández en las oscuras y estrelladas noches de Villanueva del Rosario, la increíble pasión por el transporte aéreo de Luis Utrilla, el tesón de Malika, la entrega de Paco Fernández a la causa de la integración de los inmigrantes en El Ejido, la autenticidad en la forma de entender el cristianismo del padre Ángel, el trabajo en pro de la cultura de la diversidad de Mercedes Tous, el maravilloso proyecto iniciado por Enrique Tena en el Gran Atlas…

 

 

 

Al son de una casida está inspirado en el poema «Ecos» de Gerásimo Arjona, leído por primera vez en el acto cultural celebrado en Nador en el mes de mayo del 2003.
Es un conjunto de relatos y reflexiones sobre los ecos remotos, presentes y futuros de aquel Al Ándalus, paraíso de la cultura, la convivencia y la tolerancia.
Es, además, una serie de vivencias en las que la presencia constante del injusto reparto de la riqueza y de la falta de cooperación, han despertado en mí indignación, impotencia y rabia ante el fenómeno migratorio, consecuencia de las condiciones de pobreza en que viven muchas personas que buscan en la patera la solución a su degradante situación. Drama que continúa en la orilla norte si consiguen alcanzarla.
Mis primeros contactos en Marruecos y los dos días de convivencia en Málaga con los máximos representantes de Tetuán y Nador motivaron la idea de escribir sobre aquello que pudiera ser útil para acortar las distancias que nos separan por los desencuentros históricos, fruto de la arrogancia militar, la ignorancia política, la intolerancia, los intereses económicos y las decisiones absurdas de gobernantes con sueños de grandeza.
Si el pasado nos hizo enemigos, el presente y el futuro prometen hermanamiento. Por eso, este libro pretende ser un elogio a la esperanza y un reconocimiento a quienes dedican parte de su vida a mejorar la vida de los demás.
Buscando la información que me aportase la base del contenido de estas líneas, conocí personas y vivencias que me enriquecieron y enseñaron mucho más de lo que modestamente puedo transmitir.
La globalización del dinero y de las mercancías llevará consigo, antes o después, la de los seres humanos. Hay que prepararse para el devenir de los nuevos tiempos. La era de la integración de los seres humanos acaba de empezar.
 
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Publicado en: 2005-06-13 (43 Lecturas).
 

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