Versos sembrados, 1

10-06-2008.
Quedó dicho en el prologuillo que la segunda parte es una «poesía de paréntesis», o sea, interina, desigual, itinerante… Pero en el taller poético una cosa son las intenciones y otra muy distinta los resultados. Menos mal que dejé dicho aquello de poesía penúltima y me curé en salud, salvando así mi propia coartada.

Es bueno, en cambio, que en una antología viva ‑como quiere ser ésta‑ aparezcan las contradicciones, los titubeos, las vueltas atrás. Además, en este caso, es el propio autor quien descubre esa discontinuidad, esos paréntesis, esas «anomalías».
Cuando un antólogo crítico nos ofrece su antología, nos da la sensación de que los poemas fueron creados sin vacilaciones, todo muy aparente, pero no es así. El proceso de creación es continuo y está lleno de tachaduras, papeleras y desguaces. Esta misma antología, ahora que va a ser publicada, está exigiendo nuevos borrones, nuevas correcciones, nuevos replanteamientos. Y es bueno que sea así.
En este II capítulo no voy a presentar sistemáticamente cada poema, sino que lo haré circunstancialmente, según el caso. Como ya se dice en el prologuillo, los poemas sembrados están todos publicados, pero andan desparramados por ahí en prensa, revistas, hojas sueltas… Los medios más usuales fueron el periódico Ideal de Granada y algunas revistas. Fueron dispersados a voleo por distintos «sembrados», de ahí su nombre. Tenerlos reunidos tiene la ventaja de que los tenemos a mano.
Cada poema lleva su fecha y lugar de publicación, salvo alguno que olvidó su partida de nacimiento, o la cambió, o tal vez la perdió en alguna de sus muchas mudanzas. Al reordenarlos para la antología, me he encontrado con más de un problema. Fijaos: si esto le pasa al propio autor con su propia obra, qué no le pasará al antólogo de la obra de otros. Téngase en cuenta ‑además‑ que «antes» no había ordenadores, de ahí que «ahora» haya tenido que escanearlos y archivarlos uno a uno. Y me he encontrado con fotocopias difíciles de leer, datos olvidados, renglones perdidos… Muchos de ellos no son autónomos. Quiero decir que forman parte de una crónica, una página íntima o un diario y deben enmarcarse en el contexto general de la publicación. De ahí que tengan todo su sentido unidos al resto de la crónica o página. Por eso algunos son mini‑poemas, estrofas solas, fragmentos… De todas formas, el poema tiene su propio vuelo y su propia arquitectura, pero no está de más saber estos detalles para encuadrarlos correctamente.
Desde luego, poco importa ‑en esta época de máquinas y consumo‑ ir cojeando por las cunetas. No es mal destino, desde luego. Salieron así, tal cual, aunque algunos ‑al formar parte de libros posteriores‑ fueron reformados «levemente», e incluso cambiaron de nombre. Otros permanecen inéditos y, aunque no están sembrados, se hará un hueco en la tercera parte para que no terminen en la papelera.
EN SERIES DE IDEAL
Colección «Crónicas vividas» (1984)
La colección «Crónicas vividas» sí merece un pequeño comentario. Todas ellas fueron escritas como pequeñas narraciones, en prosa poética, de ahí que algunos fragmentos formen parte del capítulo IV. Aquí se incluyen ‑sólo‑ las estrofas comprendidas en ellas. Las «Crónicas vividas» formaron una serie de relatos breves publicados en Ideal, aunque un par de ellas salieron en revistas como Alsur (Jaén) y Soca bilingüe (Lisboa). Los poemas, además de reforzar la lírica del relato, soportan y aportan siempre un homenaje a alguien, sólo conocido por el autor, y que forma parte de su vida íntima. Improbable descifrar ni descubrir su espionaje.
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Crónica ‑ 1: La señorita Solpal
Hay una anécdota curiosa sobre esta crónica. Hubo periodistas que tuvieron curiosidad por saber quién era la tal señorita. Al final alguien dijo: «No le deis más vueltas; Solpal no es nadie. Es un juego erótico: ordenando de otra manera las letras de Solpal da pollas». Pero no era así; Solpal salió de la unión de dos nombres: Soledad y Paloma.
Los poemas de la señorita Solpal recorren distintos tipos de estrofas, en homenaje a la poesía total; de ahí sus distintos nombres. Todos fueron publicados en Ideal (1984) acompañados de unas ilustraciones a témpera de F. López‑Barajas.
 
I. Soneto
«Amarrado a éste cuerpo presidiario,
descompongo los rostros en figuras
dibujadas. Hay luz. Itinerario
viaje cotidiano. Las locuras
partidas al andar este diario.
Camino desandado. A estas alturas
fijada está mi suerte. Calendario
vital de estos retales. Singladuras
de un mar que gime siempre derivado.
¡Ay, gozo recordado! ¡Ay, bien ya ido!,
anclado en el postigo desamado.
¡Ay, versos de cristal acorralado
por esta red ciempiés! Soneto herido
en cada participio conjugado».
 
II. Romance
«Aquellas horas de amor
en la vida que vivimos.
Suenan campanas y gritos:
beso y silencio. Perdimos».
 
III. Madrigal
«Ahora,
cuando paseamos en besos olvidados,
hemos fabricado un ataúd».
«Una flor tan sólo es bella
si la vemos. Nuestro oído
hace la música. Dones
son el olor y la piel.
Una estrella,
un amor ido,
dos corazones.
Después».
 
IV Lira
En la escarcha crecida
de aquel adolecer. Por los veneros
la voz amanecida
en jarcha redimida.
Un verso, un sol y un vuelo prisioneros.
 
V Verso libre
«En la tarde de siempre,
desmoronado el sol de todas las tibiezas
y caído el almanaque;
todas las tardes en que suena una música estridente,
asustando fantasmas
y sosegado el tiempo…
cuando descubro los nervios de mi piel.
En la tarde de siempre,
amoratado el vidrio de los pájaros en todos los relojes
y desmayado este postre;
todas las tardes en que silba el mismo viento
amontonando arenas
y camuflado el corazón…
cuando investigo el porqué de esto que pasa.
En la tarde de siempre,
agrietado el compás de todas las esperas
y ahuyentada la fe;
todas las tardes en que late la misma cantinela
versificando jarchas
y calentadas ya las horas.
En la tarde de siempre,
desprovista la vida de todas sus andanzas
y vencido el deseo;
todas las tardes en que un gritar se nos acuna
voceando la paz
y cabizbajo el mundo…
cuando deseo que vuelva a ser temprano.
Diez, tres, ochenta y cuatro».
 
VI. Monólogo
Ha llegado el momento del tiempo irrepetible
y un galope distinto bifurcará el camino
de cada cual con su aceleración distinta.
Cubrimos nuestra miel
y en la colmena nada queda de enjambre. Sólo el eco
de los días pasados entre retamas.                   Estamos solos
esperando un nuevo tiempo a la intemperie,
sabiendo que la vida nos adeuda
un racimo de uvas y una mirada furtiva y cenicienta.
Ni hay calor en la piel
ni el fuego cromo dibuja ya espirales.
Mientras hubo alfileres estuvimos juntos
empujando la barca con nuestros propios remos,
pero el mar no es inmenso y atardece.
Ahora todo es eclipse
y la yedra ha cubierto el epitafio,
porque olvidamos la brújula en la esquina
del verbo indiferente. (Me denuncio tal vez)
y te prometo algún que otro recuerdo en la trastienda,
aunque haya otro pan y otra simiente.
No sufras ni me odies,
pues tú lo sabes bien: ha sido el tiempo.
                   * * *
«Sólo veo la ventana cerrada por las sombras
desde un piano ausente.
¿Qué nos queda de aquellos paraísos?».
 
VII. Azul
Desde este cielo azul. Enredadera
se hizo tu corpiño. El agua. Un barco
que desinfla este mar de gaviotas
como espumas en este denso aire,
como grises calizas. Como aquelarres
bailando en los abismos. Como alfileres.
Desde este mar azul. Calle desierta
en donde el tiempo se para. Una llamada
que fractura el compás de este silencio.
Como nota durmiente en este sueño,
como surcos de vidrio. Como yemas
edulcorando el fuego. Como arenas.
Desde este cielo‑mar. El mismo ojo
hecho calle desierta. Como arenas.
 
VIII. Verde
Gabia chalé                                Amé             dudé
sonrisa clavé                              viví de nuevo lo vivo
talbo            baraja                    sudé            me entiendes
silencio sonaja                            Diana son las doce
sol y poema                                                  llueve igual
luna teorema                                                 paco gallego ideal
pana            campana                                   la lectura existencial
¿y mañana?                               pablo bravo cada cual
hace su vida sin más
chelo saludos, ¿qué tal?               Verde ‑ verde, verde mar.
 
IX. Amarillo
«Pero hoy el reloj ya se ha parado.
Se han borrado las huellas de los dientes
del vestido de cera de aquel olmo,
y los grillos de agosto ya no cantan.
Hoy vivimos umbrales del recuerdo
y aquel sol se nos muere de rodillas».

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