Una vida entregada a los demás

22-12-06.
El pasado 6 de diciembre se consumó el acto oficial, organizado por el Excmo. Ayuntamiento de Úbeda, por el que a don Jesús Mendoza Negrillo SJ se le otorgó el Título de Hijo Adoptivo de la Ciudad. Merecido reconocimiento por una labor formadora y educadora, ejercida en multitud de alumnos de las Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia a través de una dilatada experiencia que, desde los años sesenta, se ha extendido hasta nuestros días. Su espíritu solidario se ha manifestado en múltiples acciones desarrolladas de una forma callada y anónima, y difundido también dentro de otros ámbitos como el de “Manos Unidas”, que ha impulsado como Presidente Local durante bastantes años y a cuyos fines sigue estando unido. Los más pobres y desamparados, los afligidos por diversas circunstancias han sido objeto de su mirada a lo largo de su vida, impulsada por la fidelidad al espíritu evangélico que la ha inspirado.

Parece justo que, desde el seno de las Escuelas, alguien se asome a los medios de comunicación para solidarizarse con el otorgamiento del referido título que, por otra parte, ha sido ratificada popular y unánimemente en el proceso de concesión. Este apoyo ha sido evidenciado por la cantidad de personas ligadas a la Institución Safa que ha asistido al acto de reconocimiento y le ha dedicado su cariño al fin del mismo.
Tras sus palabras, el propio alcalde, don Juan Pizarro Navarrete, elogió cálidamente la trayectoria del padre Mendoza y lo ensalzó como dignísimo merecedor al Título de Hijo Adoptivo de la Ciudad.
Me complace adjuntar las palabras que pronunció el homenajeado, dejando así constancia periodística del suceso, que ha enorgullecido a todos y especialmente al personal Safa que ha abrigado al padre Mendoza en el acto.
«Ilustrísimo Sr. Alcalde, Miembros de la Corporación Municipal, Sras. y Sres:
Para no divagar demasiado, permitidme que os lea estas líneas.
Recuerdo con añoranza cómo llegué a esta ciudad al principio de los años 60. Mi Superior Provincial de entonces, sabiendo que yo había nacido en Begíjar, que mis padres habían sido maestros allí y en Linares, y que mis inquietudes juveniles se interesaban por la acción social, me encaminó a trabajar en la Safa de Úbeda. ¡Qué lejos estábamos todos, en aquella época, de imaginar siquiera que iba a afincarme aquí durante tantos años, hasta verme hoy honrado con este nombramiento! Sea por aquel temprano destino mi primer agradecimiento.
En Úbeda tuve oportunidad de conocer a quienes me señalaron el camino: nada menos que al padre Villoslada, fundador y alma de la primera Safa; al padre Gómez, que murió prematuramente de pura entrega a los demás; al padre Bermudo, luchador convertido a la causa de los pobres; y a un largo etcétera de jesuitas y seglares, cuya lista sería interminable. De ellos aprendí y entre ellos trabajé como un compañero más. Por el ejemplo y apoyo de todos ellos, mi reconocimiento y gratitud.
Pero, en lugar muy destacado quiero mencionar a las gentes de Úbeda. Mi trabajo se fue engarzando en el trato cotidiano con esta ciudad, con su juventud, sus familias, sus barrios y sus obras sociales, de tal modo que hoy no sabría entender mi vida sin una referencia constante a la población ubetense. A través de su Corporación Municipal, recibo hoy este Nombramiento de Hijo Adoptivo, que provoca en mí dos sentimientos: de un lado la gratitud sincera; y de otro, cierta confusión porque al fin y al cabo yo sólo he hecho en Úbeda lo que tenía que hacer. En cualquier caso, sin más rodeos, gracias a todos por este inmerecido regalo.
Finalmente quiero dar las gracias también a cuantos han apoyado esta iniciativa. A quienes han expresado por escrito su adhesión y a las personas que nos acompañan en este acto. Algunas otras, como mis propios superiores religiosos, no han podido asistir porque se lo han impedido razones de fuerza mayor. Pero se han hecho presentes desde la distancia y están también con nosotros.
Y acabo mirando con esperanza el futuro. Confío en que las generaciones que ya han empuñado la antorcha del relevo, mejoren esta sociedad nuestra. Porque el desarrollo del espíritu, de la cultura, la justicia y la paz… siguen siendo asignaturas pendientes.
MUCHAS GRACIAS».
Hubo bastantes adhesiones, entre las que se cuenta la del Sr. Obispo de la Diócesis de Jaén, don Ramón del Hoyo López. Su último párrafo dice:
 «Hombre de Dios, ha sabido derramar su amor generoso, sin ningún límite, a incontables personas. Educador, con el Evangelio en la mano y lleno de su fuerza, ha repartido sin quedarse con nada. Dios se lo premiará porque su programa han sido las Bienaventuranzas. Justo es también que se le reconozca tan abundante sementera por esa noble Ciudad de Úbeda. Gracias don Jesús. Que Dios se lo pague.
 Con mi reconocimiento. Atentamente».
 Es inútil agregar algo más.

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