Tratado sobre la ubicuidad

04-02-08.
En la consulta del médico
Se trata de estar al mismo tiempo en todas partes.
¿Es preciso ser Dios para alcanzar esta especie de desasosiego?
¿Es sentirse como la bola blanca de un billar, que movida por el golpe del jugador da al mismo tiempo a la roja y a la negra y vuelve en el mismo instante a estar junto a la punta azul del palo, sorprendiendo al jugador que las creía todas consigo?

¿Es vivir el sentimiento de una bola de solitario que busca el centro del laberinto pero que, aparentemente se ha movido buscándolo y, si embargo, sigue impasible en su punto de partida?
¿Es estar y no estar al mismo tiempo?
Lo siento Dios, no quiero ser ubicuo como Tú.
Detesto ese desasosiego, aunque vivo en él sin remedio.
El Puerto de Santa María.

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