Poesía recital, 5

07-05-2008.
Un año desde el Recital 1 parecía poco tiempo, pero era sufi­ciente para explicar algunos cambios, sobre todo si se había vivido con intensidad.
Confesé que ‑como Neruda‑ había vivido y vencido todas las muertes diarias… por entonces. Esto podría verse mejor en algunas páginas de mi prosa poética. A ellas me remitía.

 

En el año 1982 dije exactamente esto: «Después de seis años (1975‑1981), justo y saludable es que tome un respiro y ponga en orden mi concierto. 1975 tiene un doble significado emocional: muere Franco y me voy de Alcalá…». Sobran comentarios
No debía dar un recital exclusivamente alcalaíno ni completa­mente nuevo. Algunos de mis poemas sobre Alcalá estaban ya publi­cados y otros dormían embarazados, esperando la voz que los animara a levantarse y a andar. O tal vez no. Por otra parte, me di cuenta de que la poesía debía traspasar las barreras de frontera y hacerse patrimonio de la humanidad total.
Vuelvo a Unamuno:
«Bucear en lo genérico humano, partiendo de lo castizo eterno, ha de ser el esquema creativo de todo creador».
A poesía tenía que referirme y a ella me amarré como aquel Prometeo encadenado. Una poesía ‑dije‑ más elaborada y más técnica, más formalista, sin descuidar el mensaje vital del hombre en el mundo. Seguía en el realismo mágico del verano anterior ‑aderezado ahora con dos ingredientes‑: uno, sabroso y pícaro, la sátira; otro, reverso del ante­rior, lastimero y angustiado: la soledad.
El encuentro definitivo con Blas de Otero y Unamuno y el abrazo definitivo al Quevedo irónico. Machado seguía latente con ese susurro clásico, limando aristas y enmarcando las galerías y las soledades de la poesía temporalista. Muy suave ya, lo confesaba, pero estaba en mí, tal vez adormecido y dispuesto a orientar siempre la brújula del verso. Miguel Hernández había quedado arrinconado. El realismo social era ya historia en mi poesía y se había trasplantado, tamizado, a la prosa. Ni renegué ni reniego de mi poesía social, que conste; pero los condicionantes socio­culturales habían cambiado. Creí que no saldría de esta etapa que, a mi edad de entonces (39 años), podía conformar mi poesía futura. Porque yo ya daba por concluido mi período de aprendizaje y de tanteo. Desde que hice mi primer poema (iba para 8 años) hasta entonces, unos 3 000 versos habían sido mi ejercicio.
Aunque toda mi poesía es biográfica y de experiencias, y la de entonces lo era mucho más, quise salir al paso de una interpretación que ya me había llegado en forma de susurro. Que una poesía nazca de la propia vivencia irrepetible de un hombre ‑en este caso yo‑ no quiere decir que sea una poesía personalista y, mucho menos, particu­larista. La poesía tiene sentido cuando trasciende, cuando vence la anécdota que la hizo posible y se hace de todos los hombres, como dejó dicho R. Alberti.
En esencia nada había cambiado en mi forma de escribir poesía. Eso era bueno, al menos para mí, en cuanto podía así profun­dizar en mi interior, una vez pasados los primeros y ya serenos eflu­vios líricos.
Al mismo tiempo, me interesaba sedimentar los poemas futuros, aun en esa transición hacia la plena madurez. Digamos, pues, que sostuve mi propio puente entre el ayer y el mañana con un hoy que, siendo más problemático, es a la vez y por ello más esperanzador.
De ahí que yo mismo haya organizado mis colecciones poéticas varias veces ya, sin añadir ni quitar versos, aunque sí haciendo una clari­ficación que oriente, sobre todo y en principio, a mí mismo. De ningún verso me arrepiento, aunque por obviedad, algunos me han salido tarados, otros deformes y muchos ‑bastantes‑ irredentos. Todos son míos y a todos amo con la misma candidez. Sólo los poetas pueden ser ingenuos totalmente (4).
Octavio Paz habla de la historia como un error y dice que la «verdad va más allá de las fechas y de los nombres». Esa verdad es la poesía. Una verdad de lo vivido, cuando las ideas se disipan y sólo nos quedan los recuerdos, mejor, espectros. Entonces aparece la poesía como «tiempo hecho, cuerpo repartido: lenguaje». Hice mías las palabras de Octavio Paz y las anoté también en el proyecto poético de Luis Cernuda. Todo es Realidad y deseo.
Los poemas que adjunté en el Recital 2, al seguir en la etapa del realismo mágico, no los agrupo por épocas sino por parejas (dualismo) que representan, no el maniqueísmo ético injustificable del bien o del mal, sino la actitud pendular del hombre ante el humor, lo cotidiano, la política, el amor, etc.
Sea este esquema:
‑El dualismo homenaje‑sátira.
‑El dualismo amor‑soledad.
‑El dualismo redención‑vida
 
Dualismo homenaje‑sátira
Comprende algunos poemas de la primitiva colección Breviario de…. Junto a poemas de tono solemne, poemas de homenaje, aparecen poemas satíricos, en donde el humor se viste de esperpento, como en aquellos espejos de la calle del Gato, cuando Valle‑Inclán actualiza la parodia quevedesca, utilizando la forma pictórica adelgazante de El Greco. En el fondo, como paisaje hiriente y sarcástico, las dimensiones grotescas del negrismo de Goya. Son –éstos‑ poemas intrascendentes en apariencia, pero si se bucea por los fondos, se encontrará una crítica del más puro sabor festivo y añejo; lo cual ha sido siempre una constante en la poesía satírico‑tradicional, desde aquellas Coplas de Mingo Revulgo hasta los Paliques, los Disparates y toda una nómina de «ismos» actuales (pasotismo, chelismo…). Esta colección quedó incompleta porque, probablemente, no merecían una carcajada continua sucesos de tanta pena. Breviario de… también fue pasto de las llamas en aquel fuego inconfesable de Guadix (1982).
13
Empecé con el soneto «Al cuba libre». Probablemente algún que otro academicista se rasgará las vestiduras por contener un asunto tan superficial en una ánfora de tanta prosapia como es el verso endecasílabo. Pero yo estoy muy orgulloso, como Miguel Hernández lo estuvo con su «Nana de la cebolla», Neruda con su «Oda a la patata», Machado con su poema «A las moscas» o Rafael Morales con su soneto «Cántico doloroso al cubo de la basura». No todo va a ser cantos al amanecer, arrullos de agua y piropos de cisnes. La poesía también está en el hambre y en el sida, y en los manicomios, y en las cárceles, en los páramos y en los burdeles.
En este poema, bajo su capa de humor, se esconde una reflexión sobre el valor de la amistad, el diálogo y la tolerancia. Un canto a la democracia que no tiene por qué ser debate exclusivo de grandes solemnidades. La barra del bar, la tertulia diaria, el encuentro diario junto a una copichuela es vital desde su sencillez.
Al cuba libre
Amigo refrescante y tertuliano
de siestas veraniegas e invernales,
demócrata común a todo. Iguales
les pirra tu sabor castroantillano.
Dedícote mi canto anacreontiano
por ser solaz, descanso y quitamales
del mundo, que te aprecia en lo que vales,
sorbiéndote el limón, el ron y el ano.
Político neutral; confederado,
pacífico emisario ginebrino
que escuchas por igual, sin preferencias.
Ejemplo das así, licor dorado,
de un buen saber estar y genuino
camino hacia la paz, sin conferencias.
Por eso te dedico este soneto
con propina de barra y estrambote.
i¡Llenadlo otra vez más!! ¡Muchacho! ¡Trote!
Un nuevo cuba libre. ¡Me desteto!
Breviario de poemas dedicados, 1981.
 
14
El título «Societitis», aunque lo incubé en el ambiente alcalaíno, lo cierto es que podía aplicarse a cualquier sociedad local y provincial, llena de grupos y grupitos, círculos cerrados, en donde el protagonismo pendenciero se prefiere a la eficacia y en donde siempre está flotando ese chovinismo provinciano que hace de la competencia desleal y el bota­fumeiro sus principales ingredientes. El poema denuncia con el humor a esos reinos de taifas en promiscuidad insana que ya denunciara Ortega al hablar sobre los particularismos.
En ciertos ambientes de Alcalá sentó muy mal, pero tal vez ese era el mejor argumento de que llevaba razón. Toda societitis encierra pocas ideas de cooperación y muchos miedos.
La inflación de minigrupos, lejos de enriquecer el pluralismo y el contraste de la vida de un pueblo, consigue la desmembración y la atomización. La forma corta, en octosílabos, lo adecua al baile y al canto.
Societitis
Está de moda, señores,
la inflación de sociedades,
corran, ganen, pim‑pam‑fuego,
busquen olas de amistades,
que la feria de las palmas
coja el ritmo: ¡Majestades!
A pirearse ya tocan,
una caseta en la feria
como programa de mano,
vino y botellas: serrano
de la solapilla floja.
¡Que brote el torito enano!
Y el Casino postinero,
primitivo conservista,
se hace ahora comunero
de la raza alcalainista.
Todos vayan, tú el primero,
que te llama «el picaero».
Motorizando y con casco,
un poquito más abajo,
sufre el mundillo un atasco:
¡sólo socios!, ¡qué carajo!,
que la democracia esa
quiere romper la burguesa
costumbre racialcalista.
Nada de eso, barandilla
para el socio y casetilla.
Fuente del Rey, bucolismo
deportivo y escopeta
para el personal vacado,
obra genial, populismo
de joroba y jorobeta.
Danza, corre, bebe al lado
de los socios. ¡Vaya jeta!
La societitis del pueblo:
forzas novas, apes, cedes,
socialismos, peces, puras
¡ínclitas razas ubérrimas!
¡Todos aparte! Qué pena,
cuando el mundo quiere abrazos
de hombres como cadena.
Todos aparte… ¿Y ustedes?
«A tomar por culo a oscuras».
Coloquios alcalaínos, 1981.
15
Otra muestra de cómo la poesía satírica podía descubrir los mas recónditos rincones del alma humana la constituye el poema que lleva por título «Esdrújulas». Está dedicado a Franco, el que fuera redentor carismático (según decían) de toda aquella España diferente. Pero es aplicable a cualquier tipo de dictador. Todo el poema es un campo de esdrújulas, palabras que, por su sonoridad y ritmo, expresan todo el aplauso hueco y dirigido por el gran concierto oficialista de la dictadura. El país bailaba al ritmo de esdrújulas. No hay nexos, ni verbos, ni sustan­tivos. Como un símil gigantesco a la ausencia de lazos entre el dictador y el pueblo, a la escasez de acciones y luchas por la libertad y a la carencia de ideas esenciales.
El poema dibuja una caricatura con una sucesión de calificativos magnificadores que son debidos ‑por decreto‑ a todo dictador que se precie. El poeta se ríe de los tonos épicos y dispara los dardos esdrújulos como único escape a su impotencia: la risa. Y porque está convencido de que, como dice Celaya: «La poesía es un arma cargada de futuro».
Esdrújulas
A Francisco Franco Bahamonde, «El Caudillo».
Político, ibérico, dictócrata
de escuálidos orígenes simbólicos,
prométesnos tus hábiles diabólicos
con ámbitos de espíritu tecnócrata.
Pancífico y teocrático fenómeno
de históricos crepúsculos y vítores,
arrítmico y dactílico energúmeno,
fabético sin hábitos ni críticas.
Enérgico epifánico e idólatra.
Retrógrado, diabólico, geocéntrico
despótico cuadrúpedo y engéndrico
abórtico sumarísimo déspota.
Modélico y espléndido parásito,
de bélicas libélulas y rémoras,
corónico de plástico y de nécoras
en plácido sepultórico tránsito.
Aséptico corífeo penibérico,
atlántico, cantábrico y terráneo,
pardístico omnímodo, bahamóndico,
de onírico galáctico coriáceo.
Católico, betónico, apostólico,
triunfálico, mortálico y cóñico,
marítimo luciérnago de brújulas…
esdrújulas, esdrújulas, esdrújulas.
De Breviario de…

 

 


 

(4) […Llegados a este lugar tuve que poner a punto para su publicación el que sería mi primer libro, Coloquios alcalaínos. Eso me obligó a ordenar mis poemas alca­laínos, junto con la prosa que dio cuerpo al libro…].

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *