Las primeras comuniones

31-05-2008.
Cada mes de mayo de cada año.
Yo no hice la Primera Comunión en el “salón Marino” como los niños de ahora. Recuerdo que la hice en la iglesia de Consolación una mañana festiva de mayo. Llevaba recién puestos mis siete años y el traje de pantalón largo adaptado de mi hermano mayor. Recuerdo también el hambre que tenía por no haber podido comer desde las doce de la noche anterior. Por eso agradecí el bollo de aceite y el vaso de chocolate que nos regalaron después en las Escuelas.

Mi familia estaba conmigo luciendo sus mejores galas o por lo menos ropa limpia. Mi padre y mi madre estaban contentos aunque no dijeran por qué. Tres de mis hermanos ya la habían hecho y habían tenido también su día de gloria. Otros tres, menores, me miraban sin envidia porque en nuestra casa no había dinero para ese lujo.
Recuerdo la visita obligada que hacía a mis familiares más cercanos porque era costumbre que te regalaran algo de dinero.
En mis manos sostenía un pequeño libro blanco y un rosario enroscado en la muñeca izquierda, pero esto no son recuerdos: que me lo dice la foto que me hicieron con este motivo.
No tengo sensaciones de haber recibido la Comunión o quizás se borraron con el paso de los años. Esto es cuanto recuerdo.
—¿Qué es lo que más te está gustando de tu Primera Comunión, hija? —pregunta la tía‑abuela, engullendo de un bocado un petisú relleno de foie-gras y jamón de york.
—Lo que más, la videoconsola, tita.
Naturalmente que sí. Y es que hay cosas que no cambian. Si acaso la edad, el salón, el banquete, el traje, el peinado, las fotos, los regalos, los invitados… y los recuerdos.
Porque este sacramento se asemeja ya a una boda y se convierte en un acontecimiento social de extraordinaria importancia, con la bendición de la Iglesia Católica, que no ve necesario un nuevo planteamiento.
Atrás quedaron los duros tres años de catequesis, las pruebas del vestido y peluquería, las tomas del fotógrafo, las letras de las canciones religiosas con tantos y tantos consejos, y la bajada de las notas en el cole por “los nervios”. Esto es lo que se queda grabado en la memoria. Y la videoconsola, por supuesto.

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