Anita, la niña de Villaluz

01-02-07.
Había una vez un pueblo tan bonito, tan bonito, que el sol siempre estaba asomado a él. Por eso se llamaba Villaluz. Villaluz era la envidia de todos los pueblos vecinos, sobre todo de Villagrís.

Pues debéis saber que los hombres de Villagrís, que eran muy malos, envidiosos del sol, que nunca dejaba de brillar en el pueblo vecino, fueron un día a Villaluz, robaron todos los rayos de sol, y se los llevaron a su pueblo.
Desde aquel momento, Villaluz se quedó tan oscuro que los niños apenas podían jugar en el parque, ni salir a la calle, ni ir al colegio… Estaban tan aburridos, que muchos de ellos comenzaron a enfermar. Todos los padres se pusieron muy tristes. Entonces, al ver a sus padres tan preocupados, Anita, que era una niña muy valiente y decidida, dijo que aquello se había acabado. Reunió a todos sus amiguitos y, después de pedir permiso a sus papás, se dirigieron a Villagrís.
Cuando estaban a punto de llegar, salió el guardián del pueblo, que era un hombre muy grande y malvado:
—¿Adónde vais? —preguntó mientras, parado en medio del camino, les impedía continuar.
—Es un secreto tan grande que, si el aire lo oyese, se lo llevaría hasta el cielo para quedarse con él —respondió Anita—. Sólo podría decírtelo al oído.
—¡Vamos! ¡Cuéntamelo! —ordenó.
El guardián, deseoso de conocer un secreto tan importante, se agachó y acercó su oreja a la boca de Anita. Ésta, entonces, le dio un beso en la mejilla. Ese fue el primer beso que le habían dado al guardián en toda su vida. Y se sintió tan feliz que, a partir de ese mismo instante, se volvió un hombre bueno y amante de la paz. Inmediatamente, dejó a Anita y a sus amigos proseguir su camino.
—Unos niños tan buenos no podrán hacerle daño a nadie —dijo—. Pasad, pasad y besad a todo el pueblo, que ya estoy harto de estar aquí siempre vigilando por culpa de la maldad de mis vecinos.
Y así lo hicieron. Anita y sus amigos fueron repartiendo besos de casa en casa por todo el pueblo de Villagrís. Cada beso que daban era una gotita de bondad que se metía en los corazones de aquella gente. Así que todas las personas del pueblo, que hasta entonces habían sido muy malas porque nadie les había dado un solo beso, se volvieron buenas y devolvieron a Anita los rayos de sol que habían robado a los vecinos de Villaluz.
—Toma —le dijo el alcalde—. El sol es vuestro, pues por nuestra maldad, el cielo nos había castigado sin él.
Pero Anita que, como hemos visto, era muy buena, se compadeció de los niños de Villagrís, que estaban todos muy apenados al ver que se iban a quedar otra vez sin luz y, después de consultar con sus amiguitos, tomó la palabra y respondió:
—Señor Alcalde, en vista de que han decidido ser buenos, hemos pensado que, como amigos y vecinos, deberemos compartir el Sol con ustedes a partir de hoy.
Desde entonces, el cielo envió a la Luna para que, también de noche, hubiese algo de luz en el mundo. Y los dos pueblos, Villaluz y Villagrís, vivieron siempre en paz y fueron muy felices.
Nota: Creado con motivo del Día de la Paz, que se celebra el 30 de enero, y remitido por su autor al colegio de su nieto.

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