50º aniversario del CEIP “Sebastián de Córdoba” de Úbeda, 2

Por Fernando Sánchez Resa.

Nuestro colegio también se parece mucho al río Guadiana, que va llevando cada vez más caudal y hondura -desde su nacimiento- y que se oculta -a veces- (cual labor diaria y callada) para salir con más fuerza y brío en otros tramos de la vida y la historia, remarcando siempre el trabajo educativo y docente -bien hecho- que llevan impreso, en sus mentes y corazones, las riadas de discentes que han pasado por sus aulas, dependencias y patios; y que suelen tener tan bellos recuerdos de su estancia en este colegio; sin que puedan faltar algunos momentos escolares duros, en alguno de ellos; y, sobre todo, rememorando otros tiempos difíciles, en los que la escuela tenía una disciplina y forma de actuar diferentes a las que hoy se estila; y que, con el transcurrir del tiempo, se han ido dulcificando.

Un ejemplo de adaptación fortuita reciente -demasiado cruda y palpable, por desgracia- es lo que han debido de pasar y sufrir los compañeros, docentes y familias amigas del alumno de 5º curso que fue asesinado trágicamente por su propio padre, juntamente con su hermano y madre, hace unos días. La vida siempre ha sido dura y difícil y la escuela permanentemente ha tratado de ir enseñando lo mejor para afrontarla en cada momento; como estos pasados meses se ha vivido en toda España, con la inesperada llegada de la COVID-19, trastocando todos los esquemas educativos, habidos y por haber, tanto para el alumnado como para el profesorado, padres o madres; e incluso, abuelos.

Ya -con anterioridad- nuestro cole (como el resto de centros educativos del territorio autonómico andaluz y nacional) había padecido demasiados cambios normativos, educativos y sociales que han sabido soportar estoicamente, aprovechándolos todos los componentes de este afamado colegio, de tan honda raigambre ubetense, para mejorar lo que ya se tenía…

¿Cómo ha sido posible afrontar tantos retos y problemas que se les han ido presentado a lo largo de estos 50 años?: pues, con la valentía de unos profesionales de lujo, dedicados a su labor educadora y que se han ido relevando y renovando a lo largo de generaciones y cursos escolares; siempre adaptando y mejorando el binomio enseñanza-educación (o viceversa) que se les proponía; siendo peleones y batalladores permanentemente, inconformistas en su profesión, sin dejar de dar los pasos necesarios para que este colegio fuese punta de lanza de los centros públicos educativos de Úbeda; viniendo -en sus orígenes- de ser un colegio casi marginal que se fundó a las afueras de la ciudad, en la antigua explanada en donde se celebraba la Feria de San Miguel, a la que yo de pequeño iba, teniendo vagos recuerdos y fotos en blanco y negro que así lo corroboran; sin saber que mi madre -también- había estado de alumna allí y que yo sería -durante 18 años- colaborador interesado (nueve, como director; y, otros tantos, como maestro en diferentes niveles y etapas), hasta que me llegó la hora de la jubilación gozosa (http://www.aasafaubeda.com/index.php/component/content/article/20-acontecimientos/3289-gracias-a-todos-por-todo).

Por eso sigo aprendiendo en mi estado de renovado jubilado, ya que he visto tantos cambios, siempre reciclándome (como mis compañeros en activo), cual moneda de curso legal que este colegio siempre ha usado, con sus dos caras (enseñar y educar) y con la innovación por norte y guía, cual euro que ahora se usa en toda Europa. Todo ello, modelado e impregnado de sumo cariño y abnegación, con la mirada puesta fijamente en servir al parvulito o alumno de primaria, para llevar a buen término esta loable labor educativa, tan difícil de materializar y que tantas variables conlleva.

El listado de buenos y trabajadores profesores y personal de administración y servicios, así como de los miles de alumnos (normales y competentes, en su mayoría; brillantes, algunos pocos) sería interminable reflejarlo aquí; pero no quiero olvidar -ni dejar de mencionar- a su primer insigne director, don Juan Pasquau Guerrero, del que tuve la suerte de ser alumno suyo en sus charlas vespertinas en la Safa de Úbeda, cuando estudiaba 3º de magisterio (allá por el curso 1972-73), que entonces era de prácticas completamente; y a su siempre, constante y tenaz sucesor (que fuera su mano derecha): Eusebio Campos Jimeno, toda una institución en este centro educativo, quien consiguió aunar en la "Casa Madre" (el único edificio del Colegio de la Explanada) a la sección de San Miguel, tan distante física y socialmente, gracias a su buena y paciente gestión, dándole más de un quebradero de cabeza...

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