Un buen cepazo

Por Mariano Valcárcel González.

Vamos a ver si ejercemos un poco las meninges, que aseguro no duele el hacerlo (siempre que el ejercicio sea correctamente aplicado).

Aquí se han dado un batacazo de cojones unos que se creían que su mandato en nuestra comunidad se iba a prorrogar casi indefinidamente. Y que siendo así seguirían en el machito quienes ahora estaban o sus sucesores debidamente seleccionados a dedini de adecuación al mando y a la no disidencia. Así que la clase socialista (PSOE-A) se iría reponiendo cual se reponen sembradíos y cuarterones en las huertas, pimpollos que según la estación irían retoñando de los mismos cogollos de siempre. Con alguna finta temporal (aquello de cohabitar con el difunto PA, por ejemplo, que se pudriría por esto mismo) hacia los que sabían meros compañeros accidentales. Pero las ocho andaluzas provincias bajo la  blanquiverde esgrimida con donosura por los que a su sombra dejaron la roja. Todo iba bien y poco había que cuestionarse. Y demostrado queda que lo había.

Se han dado el batacazo también los eternos de la alternativa que nunca llegó (porque había mucho recuerdo en torno a nombres, apellidos y formas de la derecha representada por el PP-A), y pese a que, según su costumbre, traten de camuflar esa derrota. Pero son artistas en decir lo contrario de lo que piensan. Y el cuento de aquello del voto cautivo (que yo particularmente nunca he descartado en ciertos ambientes, situaciones y pueblos) ahora no les interesa airearlo.

Los camaradas/compañeros del añejo PCE-A a pesar de irse de meros comparsas folclóricos, banderas de hoz y martillo hasta en la sopa, con las irrespetuosas hordas que a su vez detestan esa bandera tan vieja y, sin embargo, idealizan las doctrinas y modos que la engendraron, pero se mezclan entre sí y contra sí en batiburrillo de tribus de salvajes felices e inmaculados, sin marca alguna civilizatoria y en esta mezcolanza (radicalmente cerrada a colaborar con los socialistas de la casta ahora gobernante; mujer contra mujer que decía la canción) también se han ido para atrás y todavía no lo quieren entender, pasmados, tan buenos que se eran.

Para consternación agridulce de los siempre perdedores de antes han surgido escisiones de sus terruños, de sus pagos más queridos, de sus fuentes más puramente franquistas (tan bien guardadas). Una viene de luchar ya contra los malos vientos catalanes, ese Ciudadanos, que empieza a derivarse en singladura indeterminada o, al menos, no atenta a unas cartas de navegación fijas, según les viene el viento y los datos de los puertos que les llegan, en derrota más de pirateo de beneficios que de obligado puerto. Y estos que han pirateado junto a los socialistas (que no en su barco), unos años quieren ahora arrimarse al contingente mayor, pero alojados en su cabina de mando. Así que aquellos y estos se necesitan si quieren puerto seguro. Pero no se fían entre sí.

Lo más sorpresivo (según para algunos, que otros siempre vimos la patita del lobo por debajo de la puerta) ha sido que los franquistas declarados, y más que me temo se van a declarar, vuelven con voz propia. No se esconden. Dicen lo que quieren y sienten. Para ellos, nada de lo que sucedió tras un 20 de noviembre del año 1975 ha tenido validez y no piensan dársela. Franco mandó casi cuarenta años y ha pervivido su sombra espesa otros cuarenta; ellos no pretenden más que la prolongación de esa sombra otros cuarenta; si el nazismo pretendía un Reich de cien años (cosa que sabemos no logró por sus torpezas) los franquistas pretenden el reinado, sí reinado, del general hasta el infinito y más allá.

De argumentos más bien escasos y viejos, viejos porque son los que, según ellos, siempre debieron haberse acatado, ignoran que la vida sigue y que la historia descubre lo oculto o cambiado, lo que nunca fue, porque no existió más que les pese. Y que no en vano pasaron ya casi cien años de aquel glorioso alzamiento nacional y de la más que gloriosa y oportuna exaltación del general Franco al grado de generalísimo (que algunos infelices creyeron sería provisional hasta lograr la victoria). Así que se abrazan al tronco viejo de un árbol que no cayó ciertamente, pero que ya solo puede dar frutos amargos. Incomestibles.

Pero eso es lo que ha surgido del pozo del hartazgo.

Que no lo vieron, o no lo quisieron ver venir quienes se estaban tan ricamente en sus poltronas y poltronillas o tercamente hicieron la vista gorda a corrupciones, latrocinios y demás conductas indeseables realizadas ante sus propios ojos (si no es que las alentaron en ciertas ocasiones). Y la mierda cala, es indudable y es peor ese recalo que el del agua clara, porque además infecta, apesta y mancha por donde se cuela. Y se nota mucho más que un simple chorrillo limpio.

Hasta que llega el milagrero, el que promete quitar manchas, olores, recalos, como el ¡zas! que se anuncia y no solo quitarlos, sino cambiar las paredes enteras, los bajantes, eliminar las fosas sépticas por el mero hecho y virtud de aplicar productos y acciones viejas y antiguas, pero considerados muy eficaces. No invitan a mirar para adelante, sino para atrás. ¿Pero qué vemos atrás?

Nunca existió una Arcadia feliz, ni “con Franco se vivía mejor”, ni aquello era el Imperio del Sol, que nuestros tercios asolaban Europa y Gibraltar lucía bandera roja y gualda. Mentiras. Meros reclamos para ir tirando y mantener un “espíritu nacional” más bien lánguido y desteñido. Y tras la canalla atea tampoco existió la “conversión” de las masas a la fe católica, si no lo fue por imposición o interés de supervivencia.

Predicar tal vez sea cuestión de tener fe, y no me extraña que parte de quienes, ahora resulta que votan las opciones más de derechas, hayan descubierto y desenterrado todo aquel tesoro de fe que algún día ocultaron (la añeja fe madre del opusdeismo), no me extrañaría. Y no se lo critico. Que tanta fe exhiben ellos como sus opuestos, solo fe y ceguera doctrinaria, que el mero análisis objetivo de unos tiempos, unas formas y unas ideas dejarían en su justo término. E influencia.

Pero se les vota y, hasta que no se cambie el sistema (que no es mi deseo, pero sí de ellos y de los otros, sus contrarios que trabajan en la misma dirección) ahí están y no valen ya manifestaciones en contra, ni rasgarse las vestiduras, ni descalificar por muchos argumentos que se tengan. Vale la labor de concienciación/educación democrática, valen los hechos que marquen regeneración (aunque la Díaz diga que solo se regenera lo que ya está degenerado, pues ella misma califica) y desde luego acabar con el cáncer del independentismo catalán, porque -si no se logra con cierta rapidez- este acabará con nosotros (al menos de la forma que conocemos).

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