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El falo que adornaba a la emperatriz

Por José del Moral de la Vega

Hay un relato en las memorias inéditas del señor de Miramontes (don Álvaro de Azuaga), que figura como un hecho milagroso atribuido a la Virgen de Guadalupe.

Doña Bárbara de Zúñiga, esposa del de Miramontes, sufría de un mal sin tratamiento alguno. De su noveno parto, le quedó un flato engolfado en el bajo vientre que la obligaba a marchar muy estirada, como con altivez, y cuando se sentaba o levantaba, le salían unas ventosidades incontenibles, agudas y muy armoniosas, casi aflautadas. Ruidos que provocaban en los presentes, al principio, asombro y, después, una risa incontenible.

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Introducción, y 04

Por José del Moral de la Vega.

En “Retrato de un hombre de pie” (1956), Salvador de Madariaga nos va desvelando cómo, a medida que el género humano pasa de la animalidad a la racionalidad, sufre unos evidentes cambios en su morfología. Cuando los prehomínidos andaban a cuatro patas, cada uno de ellos sólo veía el suelo o a los compañeros de la manada que lo rodeaban. Al ponerse de pie (encaramarse), el animal descubre el horizonte y mira el cielo –ese puede ser justo el momento en que aparece el apellido “sapiens”–.

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Introducción, 02

Por José del Moral de la Vega.

Terminando el siglo XVIII se abrió en París el “Boulanger”, considerado el primer restaurante del mundo con las características que hoy tienen estos establecimientos, y a comienzos del XIX, Brillat-Savarin publica “La Phisiologie du goût” con la intención de dar carácter intelectual –con mucha imaginación– a todo lo referente a la culinaria y a su disfrute, atreviéndose  a entrar incluso en el proceloso campo de la caracterología y la fisiognomía: «Los predestinados para la gastronomía, por lo general, tienen estatura mediana, cara redonda o cuadrada, ojos brillantes, frente pequeña, nariz corta, labios carnudos y barba redonda. Las mujeres son regordetas, más bien bonitas que hermosas y con alguna predisposición para adquirir obesidad». Y clasifica a éstos en cuatro categorías: «Los financieros, los médicos, los escritores y los devotos». Parece imposible retraerse a leer –por su ingenio–  la razón gastronómica que atribuye a estos últimos: «La Divina Providencia engorda la codorniz para el hombre, aromatiza el moca y le ofrece el azúcar. ¿Cómo no se han de usar con moderación conveniente los bienes que la Providencia nos ofrece, sobre todo si proseguimos mirándolos como perecederos y, mayormente, si exaltan nuestra gratitud al autor de todas las cosas?».

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Introducción, 03

Por José del Moral de la Vega.

La última de las cinco necesidades básicas que propone Masllow es la trascendencia, y ligada a ella la idea de Dios, una idea que aparece como fruto de la intuición (espiritualidad), o como una entidad suprema a la que se le piden favores o se le teme. El descubrimiento y acercamiento a Dios por medio de la espiritualidad ha producido en el hombre los más altos niveles en la excelencia de la humanidad (dentro del cristianismo: Francisco de Asís, Juan de la Cruz, Teresa de Ávila…).

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Introducción, 01

Por José del Moral de la Vega.

Reflexiones sobre la gastronomía.

Aparentemente, poco se puede decir de una colección de recetas de cocina; pero la culinaria y la gastronomía están unidas a la alimentación, y ésta a la agricultura, que es la base del mundo rural, un mundo con el cual la civilización tiene que contar si quiere mantener el equilibrio del planeta.

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