¡Muchas gracias, queridos maestros!

Por Fernando Sánchez Resa.

Este amplio colectivo -de tan grande valía y resistencia- que abarca -para mí- desde el parvulario hasta la entrada en la universidad, es justo y necesario darles las gracias y ponerlos como ejemplo, cual cuadro de honor social (al igual que se ha hecho -merecidamente- con los sanitarios, en todos los medios de comunicación), pues habiendo pasado el difícil y complicado curso 2019-20 (de infausta memoria) con la improvisada educación a distancia; y tras soportar siete reformas o leyes educativas, en las cuatro décadas anteriores, ahora están atenazados por la octava, que prepara la ministra Isabel Celaá y que rematará el fracaso -tantas veces anunciado-, por no ponerse de acuerdo los políticos de este país en una cosa tan básica como la educación de los españoles, sin infundirles connotaciones políticas espúreas y ajenas a lo que verdaderamente necesita un españolito de a pie del siglo XXI.

Mientras que futbolistas o políticos, entre otros, ganen el pastón que les llega a sus cuentas bancarias “milagrosamente”; y, además, tengan la cobertura mediática que tienen, mal andamos en esta sociedad enfangada de vanagloria y escasa de humildad y sinceridad.

¡Aprovechad las vacaciones, docentes de pro, porque os las merecéis largamente, aunque el vulgo más rastrero diga -cual insidioso chiste- que «Lo mejor en la vida es tener el sueldo del político, el trabajo del cura y las vacaciones del maestro»! No saben de la misa la mitad, puesto que, en lo que respecta al maestro, tiene un material entre manos altamente sensible y moldeable; y es por él y por su trabajo por lo que necesitan diferentes períodos de descanso a lo largo del curso, para que el sistema nervioso del alumno y del profesor (incluso más ahora, con el odioso coronavirus), como lo han podido comprobar en propia carne padres, madres e incluso abuelos afectados. Todo lo que se le pague y premie a los maestros (así como a los sufridos y valientes sanitarios) es poco, aunque los políticos anden cicateros al respecto. Y todo el prestigio social que se les dé y brinde también será altamente necesario, puesto que son nuestros auténticos héroes cotidianos, no como ciertos politicastros de turno que les encanta verse en los medios de comunicación y en las redes sociales como patos chuleados…

Por eso, maestros, no os arredréis ante nada y tomad fuerzas, aunque -a veces- sean de flaqueza, para el próximo curso 2020-21, porque veremos qué nos deparará, entre la COVID-19 rebrotada y las medidas que ciertos políticos desastrosos os están preparando.

Tras la tempestad viene la calma; y eso esperamos antes que después: que, aunque ya nunca llegue a restaurarse la “normalidad antigua”, sea posible y necesario que se descubra y/o nazca una “nueva normalidad” real y no politizada, en la que el ser humano (y el discente, en la educación) estén en el centro de la civilización y no sean el dinero y los enjuagues varios los que nos lleven por caminos equivocados y a la deriva.

Que bajen las ratios en todos los centros educativos, siendo las clases menos numerosas, para que el docente pueda dedicarse realmente a educar al discente y no sea un mero burócrata hinchado a papeles, con el fin de rellenar y justificar a otros cargos de la administración que no están en las trincheras de la educación y andan agazapados justificándose en cuarta o quinta línea de combate.

Debe efectuarse más enseñanza directa que a distancia…; con menos intermediarios y puestos a dedo -o políticos- que lo único que hacen es desviar la atención de lo importante, sin aportar nada nuevo bajo el sol del aprendizaje, la educación y la enseñanza en todos los niveles. Sabemos que en todo grupo humano es importante y necesario que haya unos jefes, mejor líderes naturales o reales que ficticios; pero, por favor, que sean dignos y no personas huidas de la tiza como el sol abrasador y que nunca podrán enseñar o mostrar, a los que están en el tajo educativo diariamente, lo que ellos nunca hicieron o supieron hacer bien.

Cuando estemos como en Finlandia, países nórdicos u otros países similares, en los que el maestro es la profesión más importante (que realmente lo es); y que a los mejores estudiantes -con cualidades docentes- se les induzca por ese camino para que nuestra sociedad triunfe, otro gallo nos cantará. Mientras que, si metemos en el magisterio a un cajón de sastre, mal camino llevamos y será la pescadilla que se come la cola. ¿Quién mejor educará y enseñará si no es la persona más idónea, bien pagada y estimada socialmente?

Sería conveniente -también- que hubiese menos horario de guardería o de parque temático en los colegios e institutos, simplemente porque lo pidan algunos padres…; se sepan seleccionar los currículos necesarios, sin inflamientos; y se sea más selectivo y acertado a la psicología del educando…

Comento todo esto con cierto conocimiento de causa, porque soy un abuelo implicado con su nieto mayor, cursando 2º de Infantil, en el colegio Huerta de Santa Marina, de Sevilla, y habiendo tenido la suerte de disfrutar de un maestro como la copa de un pino, llamado Fernando, al que siempre nuestra familia estaremos más que agradecidos por su exquisito trato y paciencia infinita. ¡Todavía nos queda otro curso para disfrutarlo, a pesar de la pandemia del coronavirus que parece que se nos complica y rebrota con mucha mala leche!

Sevilla, 16 de julio de 2020.

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