Cástulo, y 2

Por Fernando Sánchez Resa.

Como es en el siglo IV cuando se oficializa el cristianismo, los expertos tienen sesudos debates sobre la pila bautismal -decorada con cristales- que se encontró en 2014. También sobre la patena con Cristo, que se reconstruyó. Arias contó que hubo un fogatín en el siglo I a. C. y con el lío se quedó la patena en el edificio; solo se han encontrado tres tumbas, en ese edificio religioso con enterramiento de muertos.

La foto de la patena encontrada, casi completa, dio la vuelta al mundo, ya que hasta en Japón y EE.UU. se enteraron y dijeron que era, en lenguaje vulgar, “un pelotazo”. Aseguran los expertos que se fabricó en Roma, en los talleres de vidrio de primera calidad, y que hasta el encargo lo habrían hecho los propios emperadores.

Los guías de otros grupos turísticos, que estaban a nuestro lado, se oían mejor que el nuestro, pues estaban dramatizando lo que ya nuestro guía nos había contado.

Luego, nuestro arqueólogo contó que también encontraron dos fragmentos de otra patena cerca de allí e incluso a dos cadáveres, en posiciones raras, descubriéndose que fueron dos asesinatos efectuados en el siglo VII. A su vez nos habló de los sarcófagos visigodos descubiertos en una zanja honda…

Escuchamos la noticia de la destrucción del edificio con actores que oímos mejor que a nuestro guía. También se han encontrado monedas pequeñitas (que valían poco, por aquel entonces, como si ahora fueran céntimos de euro) y cerámica de diferentes fechas que se llevan al museo Cástulo de Linares, que ese día no íbamos a visitar. Algunos nos prometimos que mejor sería ir en otra ocasión y más pausadamente, como ya lo había hecho yo en anteriores ocasiones. Nuestro ponente se veía que sabía mucho más, pero le traiciona su tono de voz; todo ello agravado por el calor que hacía y en aquel espacio abierto, lo que constituían unos obstáculos insalvables.

Hicimos una penúltima parada en el centro físico de la meseta en la que estábamos instalados, lo que nos sugirió bonitas elucubraciones sobre cómo sería el centro de la ciudad de Cástulo -que hasta la fecha no se había encontrado-, pero que era un edificio del siglo II de la época romana o de los siglos IV o V, sin asegurar que fuese una información clara y convincente.

Lo que sí pudimos observar fueron la calle, las cloacas, el patio y no sabemos si una zona porticada. Quiero recordar que allí nos conocimos, mi esposa y yo, hacía ya más de cuarenta años, en un revelador y acertado viaje de segundo de magisterio de la Safa de Úbeda, cuando ambos éramos muy jóvenes y teníamos casi toda la vida por descubrir.

En aquel momento sonaron móviles que nos hicieron salir de nuestros dulces recuerdos, plantificándonos la voz de un mensaje con voz de beeeeeee… ¡Qué cosa más ordinaria e inoportuna!

Mientras el ponente nos seguía relatando todo lo que se había descubierto en aquel lugar: ollas con almejas, lámparas de aceite, urna con lucernas judías con gran estrella…

Hicimos la última parada, mientras mi imaginación empezaba a dispararse gracias a las elucubraciones o averiguaciones científicas de los arqueólogos que han estudiado sobre el terreno este privilegiado lugar, añadiéndole lo que se conoce por casualidad. Había, ante nuestra mirada, seiscientos metros cuadrados de termas que se conservan, por lo que mi esposa y yo nos hicimos fotos, lo mismo que otros muchos viajeros que querían recordar aquel momento y lugar siempre. Más de uno, nos hicimos la promesa de volver a ver el castillo y muchas cosas más. Todavía no la hemos cumplido…

Los aplausos de los excursionistas brotaron espontáneamente y todos enfilaron sus pasos para volver a coger el autobús y regresar al mismo sitio de donde habían partido, con bastante hambre y sed; y muchas ganas de contar a sus familiares o amigos la gran jornada vivida en aquellas tierras linarenses.

¡Ah!, y llegamos a una acertada conclusión: no hace falta viajar a Italia, Grecia, Islas del Egeo…, para disfrutar de una antiquísima civilización y ver un mosaico tan extraordinario, tan bien conservado y que está tan cerca de nosotros.

En el viaje de vuelta comentábamos -algunos amigos- cuánto no se podría excavar y conservar con el dinero usurpado por los políticos corruptos de todas las épocas y, especialmente, de la época en que nos ha tocado vivir; teniendo en cuenta el consejo del arqueólogo que nos había acompañado en la ilustrativa visita turística: es mejor no poner al descubierto yacimientos que, luego, al no tener dinero para su concienzudo estudio se pueden perder para siempre; por eso, es mejor taparlos y esperar a un mejor momento para hacerlo, en el que no tengan que estar mendigando unos bizarros arqueólogos presupuestos para sus investigaciones arqueológicas, con el fin de conocer mejor nuestro pasado remoto que está tan cercano y que tanto se repite en todas las civilizaciones…

Úbeda y Sevilla, 27 de abril de 2020.

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