Cástulo, 1

Por Fernando Sánchez Resa.

En tiempos difíciles y revueltos (como los que vivimos actualmente en España y en el mundo), la mente siempre se agarra a algo que le proporcione bienestar y contento para que la vida le sea más llevadera y menos monótona y triste. Así se aumenta la propia resiliencia…

Por eso, ahora, me estoy acordando de la excursión gratuita que hicimos, tiempo ha, al yacimiento arqueológico de Cástulo (Linares) para pasar una jornada entretenida, culturalmente agradable y bastante calurosa, pues el verano quería ya empezar a devorarnos en aquellas planicies desconsoladas. Todo ello, gracias a la gentileza del Museo Arqueológico de Úbeda, de la mano de su irrepetible y dinámica directora, María del Mar Capel, que actualmente está de vuelta trabajando en su tierra almeriense, tras los muchos años de servicio incondicional a su amada Úbeda. Nunca podremos los ubetenses agradecerle bastante su extenso servicio.

Nuestra salida comenzó con mucha ilusión y esperanza, tras agruparnos todos los excursionistas ante el IES “San Juan de la Cruz” de Úbeda (Jaén), a las diez y media, con la premonición de pasar un viaje agradable, pero con calor a reventar. Tomamos el autobús que nos llevaría al yacimiento arqueológico de Cástulo, lugar recóndito de nuestra geografía provincial, no demasiado conocido, pertrechados de un buen talante en el que los saludos cordiales, las chanzas y el buen humor iban a ser el preludio y los principales ingredientes de la completa jornada turística y mañanera que se nos avecinaba.

Tras ir admirando tranquilamente el extenso paisaje olivarero que dista Úbeda de Linares, accedimos al yacimiento arqueológico de Cástulo. Nuestra visita iba a ser dirigida por Francisco Arias, quien sabía un montón del asunto.

Primero fuimos al Centro de Interpretación, con charla y vídeo incluidos. Mientras el ponente lo explicaba todo con un tono relativamente bajo, las porteras molestaban por detrás con sus charlas destempladas. Ya hacía calor y el Lorenzo empezaba a mostrar su tarjeta de visita más veraniega.

Allí nos enteramos de que la ciudad de Cástulo estuvo habitada desde el III milenio a. C. y que fue la capital del los iberos oretanos, jugando un papel primordial en las guerras entre romanos y cartagineses. Y que logró prosperidad e importancia gracias a su proximidad a los ricos yacimientos mineros de Sierra Morena y a su estratégica situación entre el valle del Guadalquivir y la Meseta. Siendo su momento de máximo esplendor entre la época ibera, los años de influencia cartaginense y la época romana, llegando a alcanzar 40 hectáreas de extensión, por lo que fue una de las más grandes ciudades de la Hispania prerromana. El teatro, el anfiteatro y un templo dedicado al culto imperial de época romana (con notables mosaicos, fragmentos de la muralla y de la red de desagües), así como varias necrópolis y tumbas iberas son sus edificios y excavaciones más importantes.

Luego, salimos al exterior para ir haciendo hasta ocho paradas en su extenso y tórrido territorio, en las que se nos iban explicando detalles de su historia y de lo que allí veíamos e imaginábamos.

Empezamos a caminar por el camino en donde estaba la muralla de la ciudad, un gran descampado soleado en el que nos encontraríamos a otros grupos y soldados cartagineses y/o romanos que hacían su guardia correspondiente, producto de la fiesta que Linares había celebrado en esa semana, en la que hasta habían casado a Aníbal con Himilce…

Pasamos y visitamos lo que quedaba de un templo cartaginés con guardia cartaginesa. Luego observamos el aljibe o cisternas de agua, añorando que el ponente tuviese mejor voz e interpretación de su discurso, al contrario de las otras representaciones teatrales con las que nos cruzamos que -a veces- oscurecían u ofuscaban su explicación.

Quedamos enterados de que el foro estuviese en un cortijo próximo y vimos un pozo de seis metros de profundidad con cisternas. También encontramos un soldado cartaginés que hacía de guía; y bien que gritaba…

Después, llegamos a admirar al emperador Domiciano, cuya vivienda, hacienda y monumental mosaico fueron mandados destruir al caer en desgracia en Roma. Fue providencial que se destruyera, ya que cayó la pared encima del mosaico de teselas de piedra, por lo que lo dejó casi intacto para la posteridad, a falta de algunos trocitos que los mismos niños del lugar se llevarían alguna vez para sus juegos o coleccionar sus tesoros. Se le llama “Mosaico de los amores” pues representa a erotes con escenas de caza, mientras nuestro guía explicaba, ce por be, las escenas en el mosaico contenidas, en el que se ven claramente las diosas: Minerva (diosa de la sabiduría, las artes, la estrategia militar, además de la protectora de Roma y la patrona de los artesanos); Juno (diosa del matrimonio y reina de los dioses); Venus (diosa del amor, la belleza y la fertilidad a quien se adoraba y festejaba en muchas fiestas y mitos religiosos romanos).

A su vez, nos advirtió que había otros mosaicos cercanos, de estado de conservación regular, con miles de teselas acumuladas.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Información adicional