Aquella Nochebuena, y 2

Por Jesús Ferrer Criado.

A ambos lados de la puerta de la iglesia hay dos lámparas colgadas en la pared. La de la derecha alumbra una hornacina pequeña donde habita una antigua imagen de la Virgen del Carmen y la otra ofrece su amarilla claridad a la Cruz de los “Caídos por Dios y por España” y a una lápida de mármol con unos cuantos nombres.

Por lo demás, la iglesia lucía como nunca con todas las lámparas -no demasiadas, es verdad-, pero todas a la vez iluminando el recinto, haciendo brillar los dorados de las columnas y los colores un poco chillones del retablo. Es una iglesia de cierto empaque, no muy grande, de estilo indeterminado -neoclásico quizás-, sin valor artístico, pero donde llevan bautizándose y casándose los vecinos, desde hace más de dos siglos.

Al pie de la columna de la derecha más próxima al altar, don Rafael -el cura- ha dispuesto con las mismas ingenuas figuritas de todos los años un pequeño belén. El riachuelo, donde una lavandera lleva años sin terminar la colada, es de papel de plata y las montañas son de un papel marrón, cuidadosamente plegado para formar la cueva donde la Virgen, san José y el Niño posan inmóviles para la chiquillería del pueblo, a quien encanta el nacimiento.

La concurrencia también luce mejor que de costumbre, con vistosas ropas las muchachas, con vestidos oscuros las señoras. Algunas aún con negras indumentarias por la muerte, años ha, de un marido o de un hijo. Las modestas joyas, prendidas en su pechera o adornando discretamente cuellos y manos, dan fe no de riqueza, sino de su afán por solemnizar la fecha.

Los hombres que no están en el bar y que han decidido acompañar a sus esposas e hijos, descubiertos, sin la boina o la gorra de rigor, forman serios en la bancada de la derecha, la reservada a ellos, y de vez en cuando miran hacia la izquierda, a la bancada femenina, buscando la mirada de su pareja. Entre novios, las miradas son más frecuentes.

Los feligreses, todos de pie, esperan la salida del sacerdote. Cuando aparece, cesan los murmullos. El celebrante sale de la sacristía precedido por dos monaguillos y se dirige al altar donde, de cara al retablo y de espaldas a los feligreses, va a celebrar el santo sacrificio. Los niños del grupo escolar han formado un pequeño coro que, bajo la dirección de don Anselmo, va a amenizar la misa con villancicos populares. El primero en sonar es “Ay del chiquirritín, chiquirrititín…”. El armonio, desde el coro, hace lo que puede; pero lo que más se oye son la pandereta, la zambomba y la botella de anís de El Mono, que una señora frota con una cuchara.

Hora y media más tarde, después de la misa y de un breve recital de villancicos, el personal sale de la iglesia hacia sus casas, tapándose prudentemente la boca por lo de los resfriados. Las parejas de novios, separadas durante el oficio, se juntan ahora, se saludan y se disponen a ir en pareja a la casa de la novia. Se trata solamente de acompañarla y ni siquiera hay beso de despedida. Eran otros tiempos. Van unos pasos por delante de la mamá de ella y de otra hermana pequeña.

Cuando han salido los últimos feligreses, los monaguillos -de paisano, ya- cierran la puerta del templo y se marchan con sus familias que se han quedado esperándolos.

Todavía están abiertos los bares y se oyen algunas voces destempladas, aunque parece que la cosa va a durar poco.

Antes de que se cierre la última puerta y el pueblo recupere el silencio habitual de esa hora fría y oscura, llegan desde dos calles más allá los últimos ecos de alguna pandilla juvenil, que sigue dándole a la zambomba.

En algunas casas, la mamá calienta un poco de leche para los más pequeños y cuidadosamente los desviste y coloca la ropa que volverán a ponerse mañana, que es Navidad. Cuatro o cinco horas más tarde, los gallos avisarán de que empieza un nuevo día. Hombres y mujeres se aprestarán para sus respectivas faenas, pero los niños no. Los niños no tienen prisa en levantarse, porque no hay juguetes esperando. Probablemente, tampoco los haya el seis de enero, en Reyes; pero ahora ciertamente no. Ni santa Claus ni Papá Noel vienen por este pueblo. No son de la parroquia.

16-12-2019

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