El horror nuestro de cada día (2)

Por José Luis Rodríguez Sánchez.

Hace unos años publiqué en este medio un articulillo (http://www.aasafaubeda.com/index.php/component/content/article/9-variedades/2768-el-horror-nuestro-de-cada-dia) sobre los horrores arquitectónicos que vemos en nuestros viajes, motivado fundamentalmente por la construcción de un hotel de lujo en Úbeda que se estaba tragando literalmente el ábside de San Pedro. Años después, el hotel está terminado y abierto, y el ábside de tan bella iglesia está incorporado al patio de recepción del establecimiento.

Ahora vuelvo sobre el tema, pues cuanto más se viaja más se indigna uno, y en este tiempo he recopilado fotos para publicar una enciclopedia de los horrores… No me lleva afán personal alguno, sino el insano ánimo de denunciar y, si es posible, avergonzar a quienes destrozan nuestros pueblos y ciudades en nombre de un no se sabe qué criterio artístico.

Ya avanzo que este y sucesivos escritos no tienen ningún criterio ni sistema, tan sólo enlazan ejemplos vistos a lo largo de múltiples viajes. Pueden ser de titularidad pública o privada, de reconstrucción o de nueva planta, arquitectónica o pictórica, en aldeas o grandes ciudades. Habrá de todo; el mal gusto campea a sus anchas. Y no es sólo un problema español (aunque abunda más que en ningún otro país), sino que también hace su aparición allende nuestras fronteras.

Empecemos con un pueblo precioso, castellano (bueno, leonés, que no queremos líos localistas), con un nombre evocador: Valencia de Don Juan. Tiene un casco histórico interesante, y un castillo que conoció tiempos mejores, pero que aún eleva sus torres en lo alto de un cerro, a orillas del Esla, que nos hace imaginar su papel en la defensa de la ruta del sur, cuando se hacía llamar Coyanza. Y en el centro de la ciudad, en plena Plaza Mayor, el desarrollismo de los 60 levantó esta modernez comercial.

No conformes con este prodigio de buen gusto, en pleno delirio constructivo de los felices noventa, un prócer -metido a promotor inmobiliario- trasladó al hormigón sus delirios cinematográficos, y construyó la mansión de Batman.

Como pueden ver, no escatimó ingenio (¡esas ventanas!, ¿y los balcones?); ni dinero: piedra de cantería, mármoles de colorines en fachadas, pizarras pulidas en los chapiteles. Sólo le faltó terminarlo, pues la obra está parada, ignorándose el motivo (¿se quedó sin fondos o alguien del Ayuntamiento recuperó la cordura?)

(Para remate, observen las pasarelas sobre los tejados…, ¿será para huir volando, o es el parking aéreo del Batmóvil?).

Bajemos al sureste, a las cálidas tierras alicantinas. Es visita obligada en Orihuela la casa-museo de Miguel Hernández. La casa en sí ha sido rehabilitada con buen gusto y un exquisito respeto a la memoria del poeta (aunque el Ayuntamiento ilicitano del PP ha desalojado los fondos documentales, que han terminado en tierras más proclives a la cultura, en Quesada, junto al Museo Zabaleta: https://elpais.com/cultura/2015/03/28/actualidad/1427558098_221928.html.

Pues véase el añadido a la casa: “eso” que se ve al fondo es el Centro de Estudios Hernandianos. Y lo que se ve en primer plano -sí, no se engañan-, son palmeras. Bueno algo así, como si unos niños lo hubiesen hecho en clase de manualidades para decorar el portal de belén del cole. Todo muy adecuado para el entorno de un poeta revolucionario.

Pero que no cunda el desánimo. Nos vamos a la capital del reino, a la capital de todas las Españas, donde la clerigalla andaba mustia, porque tan preclara ciudad no tenía una catedral como Dios manda (nunca mejor dicho). Así que empezaron un enorme templo en una zona privilegiada, justo al lado del Palacio Real, en terrenos cedidos por Patrimonio. Ya desde el principio tenían claro el modelo: es neorrománico en la cripta, neogótico en el interior y neoclásico en el exterior. Las obras se pararon más de 20 años por falta de fondos, durante el franquismo, y se reiniciaron con un gobierno socialista (que no falte la incongruencia en ningún momento). Esta Catedral de la Almudena fue consagrada por el Papa Juan Pablo II, que pudo disfrutar de las sorprendentes pinturas de Kiko Argüello, el líder de los ultracatólicos miembros de la secta “Camino Neocatecumenal”, (“kikos” para los amigos). Pasen y vean los iconos.

Seamos viajeros, y veamos qué se hace allende las fronteras. De entrada, no tantas barbaridades como por aquí, pero haberlas, haylas. Véase la preciosidad de museo que han plantado en el casco histórico de Edimburgo, a unos pasos de la Royal Mile y muy cerca del maravilloso conjunto de la Universidad. Se trata del Museo Nacional de Escocia, y es muy visitado porque sus fondos son espectaculares, aunque su exterior sea una bofetada. Un consuelo: justo enfrente, al lado del simpático monumento al chucho Balckfrias Bobby, hay un pub donde sirven una cerveza exquisita.

Pero aún podemos mejorarnos: en un excelente museo de arte moderno (que sí, que sí, que los hay) como es el MUSAC de León, estuvo como estrella, ocupando la sala central, este prodigio.

Sin comentarios…

(Continuará, si los ánimos nos asisten).

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