Leyendas sevillanas, y 3

Por Fernando Sánchez Resa.

La siguiente parada la hacemos tras dar la vuelta a la calle y situarnos en la parte de atrás de este edificio. Nos impacta a todos al admirar la fachada de la iglesia y comunidad del templo de los Luises, recalcando que también pertenece a la Compañía de Jesús.

Es parte del colegio convento para los Mínimos. Sus paños cerámicos son del siglo XVII. Es interesante indagar el pasado de este edificio, partiendo de la iconografía del San Francisco de Paula que la preside; San Jerónimo como penitente, a la derecha; y San Cristóbal, a la izquierda; también están San Isidoro y San Leandro, San José, San Juan Bautista y la Virgen del Buen Aire, en el centro.

Sergio nos da un sabio consejo para averiguar a qué época u orden religiosa pertenece una iglesia, pues debemos fijarnos siempre en el fraile y comprobar cómo está vestido.

Después marchamos por la calle San Francisco de Paula para ir callejeando por dos barrios que desconozco completamente, sintiéndome varias veces perdido. Menos mal que el guía y Google me salvan. Tanto es así que cuando acabamos la visita, un compañero vino a preguntarme por dónde volvía a su casa, pues era nuevo en esta ciudad y se encontraba perdido. Salimos del embrollo, mientras charlábamos tranquilamente, con la certeza de haber aprendido mucho en esa noche.

La siguiente parada fue ante un edificio con dos ángeles con medallón y cinco llagas de san Francisco. Se ve a santa Rosalía dentro de una cueva, portando una cruz en la mano, con guirnalda de flores a la cabeza. Fuimos enterados de que estábamos ante la fachada de la antigua iglesia del colegio de San Francisco de Paula.

Esta bonita iglesia tiene dos entradas: por Trajano y Jesús del Gran Poder. Fue construida en el siglo XVII. Su Altar Mayor tenía doce cuadros sobre la vida de San Francisco de Paula, realizados por Lucas Valdés a principios del siglo XVIII (actualmente se encuentran en el Museo de Bellas Artes de Sevilla), llamando la atención el sepulcro del Venerable Padre Francisco Tarín Arnau, Apóstol del Corazón de Jesús.

Es complicado tomar nota de noche en estos oscuros y dispersos callejones si, además vas andando y fotografiando a la vez. Para paliarlo, me viene a la memoria el proverbio “Más hace el que quiere que el que puede”.

Otra parada será ante el monumentoa Luis Daóiz, héroe sevillano del que el guía cuenta su origen e historia. Recomienda visitarlo durante el día.

Son, los arquitectos Francisco Aurelio Álvarez y José Solares García, los que idean este magnífico monumento, que posteriormente sería ejecutado, en bronce, por el gran escultor sevillano Antonio Susillo. Todo ello como consecuencia de una Real Orden dada por el Rey Alfonso XII, que aprobaba la solicitud del Ayuntamiento de Sevilla de levantar un monumento a tan ilustre sevillano.

El monumento tiene una altura de tres metros y medio, sin tener en cuenta el pedestal, de mármol, sobre el que se asienta. En este último, hay unos relieves que representan escenas del combate contra el ejército francés, y la muerte del propio Daóiz. Tanto los relieves como la verja que rodea el monumento (compuesta por 16 cañones, escobillones cruzados con coronas de laurel y sogas anudadas) fueron confeccionados en la Real Fábrica de Artillería de Sevilla. Cada 2 de Mayo, se celebra una parada militar delante del monumento, para rendir un merecido homenaje a quien entregó su vida por defender a su patria.

Seguimos caminando hasta que llegamos a la calle Martínez Montañés, número 23, en donde vemos un azulejo propio, que era una de las antiguas casas del Hospital de la Misericordia (siglo XVIII).

A finales del siglo XV, se funda el Hospital de la Misericordia, con casas diseminadas por toda la ciudad. Nace en Sevilla, con objeto de recoger niñas de la calle, con el fin de que se casaran, dándoles sus correspondientes dotes, para que no cayeran en la prostitución. Fue una institución que desapareció en el siglo XIX, por culpa de su endogamia.

Un perro, desde su casa, nos sorprende ladrando para defenderla, pues piensa que vamos a asaltarla, por lo que no nos deja oír la interesante charla que nos proporciona Sergio, cuando vamos caminando por la calle de los Tiros; hasta que nos paramos en la calle Martínez Montañés y vemos su azulejo, cuando se llevaba este tipo de decoración en las casas.

Luego nos habla que -en los siglos XVII y XVIII- pintaban las casas con imitación de sillares y azulejos. En mi tierra ubetense, se le llama machimbrar. Y aprovechamos para ver “in situ” cómo estaba pintada la casa.

Los perros -mientras tanto- siguen practicando su propio lenguaje-defensa, del que nosotros -los humanos- ni nos enteramos. Me viene a la memoria la novela de Cervantes: “El diálogo de los perros”.

La siguiente estación la hacemos en Casa Ibarra. Sergio nos anima a que visitemos su interior -cuando podamos, pues esta noche no se puede hacer-, para admirar la interesante escultura de Cristóbal Ramos que hay en ella.

Mientras vamos caminando por la calle San Vicente, nuestro guía sigue regalando su docta perorata y contándonos, en otra parada, la historia del pasado del templo con pintura, del Convento del Dulce Nombre, que fueron expulsados en 1811. Son de la Orden de San Agustín. Según Murillo, entrega san Agustín el corazón del niño Jesús; de ahí el jarrón-corazón. Es un convento del siglo XVII y con decoración barroca de los siglos XVII y XVIII.

La siguiente parada será en la plaza Teresa Enrique: “La loca del sacramento” se le llamaba. Muchas cofradías la tienen, aunque sea mentira. Aquí se ubicó el Convento parroquial de San Vicente. Recuerda Sergio que los enterramientos se hacían en el interior de las iglesias, si se era pudiente, si no los ubicaban fuera de ellas.

En 1582, hubo una gran epidemia de cólera y entonces se colocó esa cruz en medio de la plaza, que es réplica de la del siglo XIX, ya que la original está en el interior.

La penúltima parada sirve para que Sergio pregunte a los asistentes sobre lo que vemos en ese momento y vamos a circunvalar. Estamos ante el Museo de Bellas Artes de Sevilla, que antes fue Convento de la Merced. Mientras oímos y atendemos las explicaciones, se nos van los ojos y los oídos a todos, puesto que en la plaza hay un grupo de aficionados al tango que bailan con mucha calidez y soltura, mientras algunos dejamos volar nuestra imaginación.

La entrada es portada-retablo de la que fue iglesia del siglo XVIII, mientras Sergio nos va explicando pormenorizadamente su iconografía, como buen especialista que es, mostrándonos un plano de lo que fue la entrada de la iglesia original, que ahora está cerrada con ladrillo, ubicándose en la parte lateral.

Por último, nos desplazamos a la calle ABC (no se refiere al periódico del mismo nombre), mientras el guía nos señala el azulejo que lo corrobora, contándonos su resumida historia.

Finalmente, nos informó que en Sevilla, en el siglo XVIII, hubo campañas de alfabetización, demostrándolo esta calle y la casa frente a la que nos encontrábamos, en donde hubo una de esas escuelas alfabetizadoras. Sergio nos aconsejó que, si teníamos interés sobre el tema, consultásemos el callejero de Olavide, porque nos habla de todo esto mucho mejor que los siguientes o el actual.

Nos despedimos con un sonoro aplauso y un sincero “gracias”, mientras se deshace el grupo y cada cual marcha a su cobijo, pues el cansancio ha hecho mella en todos los asistentes, después de realizar una larga caminata, alumbrada magistralmente por Sergio, como buen amante de Sevilla y de ascendencia italiana, por cierto.

Sevilla, 6 de diciembre de 2019.

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