Luis Juan, artista consumado, y 2

Por Fernando Sánchez Resa.

No obstante, Luis Juan ha ido poblando su CV de escogidas producciones y destacadas exposiciones colectivas e individuales que han mostrado -bien a las claras- el artista que es, corroborando sus distintas y variadas influencias, mientras iba deglutiendo movimientos artísticos de toda época y calibre, demostrando siempre que domina el oficio de pintor y escultor. Tiene en su haber cuadros de fábrica y técnicas diferentes, como el arco iris del firmamento, desde la copia fiel al modelo humano, bodegón o paisaje hasta la más encendida y peregrina abstracción, pasando por dominar bastantes de las vanguardias históricas que estudió en Sevilla y que ha ido conociendo o experimentando en su larga labor docente.

Buena muestra de ello ha sido la colección de “Buenas noches ilustradas” que nos ha regalado a los amigos del grupo de Whatsapp al que él pertenece durante bastante tiempo -y que yo he tenido a bien divulgar extensamente-, en las que hemos podido apreciar su ingente producción, que yo mismo desconocía, a pesar de ser amigo y seguidor empedernido de su trabajo creativo y de exposiciones.

Ningún formalismo o corriente artística le han sido ajenos por peregrinos que fuesen, especialmente el fauvismo, del que anda hondamente impregnado. Ha sabido ejercerlos magistralmente mostrando sus cuadros al público en Úbeda, Linares y en alguna que otra ciudad andaluza, quedando patente que posee la inspiración, la sabiduría y el pulso necesarios para realizar cualquier proyecto artístico que anide en su mente o se le sugiera.

Tiene en su haber varias portadas de libros, muy interesantes, que demuestran su valía incuestionable como artista y persona, a la que es imprescindible añadir su patente bonhomía que se transparenta a primera vista mientras se va incrementando, si se profundiza en su amistad.

La copia fiel, el arte figurativo, el cubismo, la abstracción, etc. no tienen secretos para él, pues sabe imitar o reinventar maravillosamente cualquier movimiento artístico que haya pasado por nuestro occidental mundo. Ha sabido reinterpretar, sorprendentemente, las vanguardias del primer tercio del siglo XX de la historia del arte, como hizo Picasso, con el cuadro de las Meninas.

No le faltan, en su extensa obra, referencias a la tradición histórica española impresas con su estilo particularísimo, cuasi cubista sintético y analítico. Quiero apreciar también la influencia en alguna obra suya del “Desnudo bajando una escalera” de Marcel Duchamp, así como la perfecta y genuina reinterpretación de las majas (vestida y desnuda) de Goya…

Algunos de sus cuadros paisajísticos tienen bastante parecido a la obra realista y al lenguaje plástico, no academicista, del pintor villacarrillense, Cristóbal Ruiz, que fue profesor de la Escuela de Artes y Oficios de Úbeda, en los años 20 del pasado siglo, cuando vino de París, y que terminó exiliado -por la inoportuna guerra civil española- en Puerto Rico, aunque murió en México; siendo, a su vez, maestro de Domingo Molina. Su magnífica obra “Paisaje de Piedra Cubilla” así lo delata. Seguramente Luis Juan ha contemplado bastantes paisajes similares a Cristóbal Ruiz, pues sus ciudades de nacimiento son vecinas, siendo imbuidos -ambos- de numen y plasmación parecidas…

Nuestro peculiar artista torreño también sabe tocar el tema de los toros, tan español, como ya Goya y Picasso lo hicieran en profundidad, siendo el símbolo de la tragedia.

En cuanto a sus esculturas, quiero descubrir referencias al juego de volúmenes de Pablo Gargallo, escultor aragonés de entre siglos, así como del neoplasticismo holandés De Stijl.

Tampoco faltan, en su extensa obra, referencias a movimientos posteriores a la II Guerra Mundial, como el informalismo de Jean Dubuffet; así como en el grabado, influencias estéticas de Estampa Popular, movimiento de arte gráfico español de los años 60 de carácter social y reivindicativo.

Como todavía es joven y creo que Dios le premiará con larga vida, como a su padre, espero que mi amigo Luis Juan pueda completar -aún más- su producción pictórica (y escultórica) con otras diferentes técnicas a las ya experimentadas (óleo, acuarela, plumilla, imprimaciones, nuevas técnicas de ciclostil…) dotando de genuina originalidad a sus coloristas creaciones.

Tiene vida y sabiduría por delante para dejarnos un extenso y completo legado artístico que bien sabrán administrar Luis Carlos y Elena, sus dos queridos hijos, pues siempre recordarán los cuadros familiares que les pintó, tan amorosamente, juntamente con los múltiples juguetes artísticos que les fabricó con su puño, inteligencia y gubia.

Sevilla, 22 de marzo de 2019.

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