Semana Santa Chica 2017

Por Fernando Sánchez Resa.

Se han cumplido catorce años, sin que le haya faltado el boato y la puesta de largo pertinentes, desde que un grupo de aguerridos y visionarios cofrades y amantes de las tradiciones cogieron el testigo por montera para hacer patente y generalizado lo que se venía haciendo desde siempre, tras todas las semanas santas de Úbeda, en las que algunos niños, fieles imitadores de lo que veían y vivían en las calles de su ciudad y en sus casas, se organizaban para rememorar, ahora en pequeña y sencilla escala, lo que habían vivido en la Semana Santa de los mayores; aunque con la misma ilusión y cariño.

 

Cuando este año tuve el gusto de presenciarla en el Real, me acudieron aquellos recuerdos infantiles de cuando los pequeños vecinos de las calles Llana de San Nicolás, Polvorín, Tostadas, Cuesta Cobatillas, etc. organizábamos, a nuestra manera, unas procesiones en las que los Cristos, los Santos y las Vírgenes era lo más difícil de conseguir; aunque siempre disponíamos de una gran caja de cartón que sirviera de soporte o trono, y que se podía sustituir por cualquier imagen que nos prestase cualquier casa o familia, sabiendo y creyendo que lo más importante eran las bandas de tambores, incluso más que las de trompetas, para celebrar esos eventos. Las famosas latas de tomate pelado o entero, de tres o cinco quilos, venían pintiparadas para la ocasión, especialmente para ser bombos o timbales que eran los que más altura tenían. Las velas o velones también eran fáciles de imitar. Toda nuestra ilusión era hacer como los mayores, y disfrutar como ellos o más, alargando este período tan especial del año, sin querer dejarlo que se marchase fácilmente.

 

Por eso, el año pasado, pues estoy hablando de memoria y de mis recuerdos próximos y bastante más lejanos conjuntamente, así como con las fotos que tomé para la ocasión y que acompañan al artículo, sentí renacer esa ilusión de niño que un día tuve y que por el devenir del tiempo se me había ido desgastando u olvidando; pero que al ver las procesiones infantiles sacadas a la calle con tanto detalle y meticulosidad, se me vino todo de golpe a la memoria.

 

Como en toda actividad humana siempre habrá dos opiniones encontradas e incluso alguna más. Una, la defensora a ultranza de estos eventos y celebraciones infantiles que no hacen más que calentar motores y seguir encendiendo la llama de esperanza para que la cantera de cofrades y semanasanteros no decaiga jamás. En otra, estarán los acérrimos contrarios o defensores del laicismo que piensan que esto es una chorrada y un enredo más para esta infancia-juventud que viene al mundo y debería ser liberada de estas lacras de conciencia y cadenas que ya, tan pequeños, se les pone cual señuelo o añagaza para tocar tambores, trompetas y/o vestir de una determinada manera…

 

Que cada cual se decante por lo opinión que le parezca, estamos en un país libre donde cada manifestación merece un respeto mientras no se ofenda ni ridiculice a nadie, ni se haga de mala manera.

No había nada más que ver los semblantes de todos los cofrades asistentes, sus padres, tíos, abuelos y demás familia para sacar conclusiones positivas de esta celebración que sabe aunar voluntades y crear expectativas agradables a estos infantes o jóvenes que intervienen gustosamente, pues piensan y ansían que, en un futuro no muy lejano, llegarán a ser ellos mismos tan verdaderos protagonistas como sus padres, amigos, familiares, etc.

Al haberse implicado en este laudable proyecto las hermandades ubetenses, ellas son las que han conseguido darle el definitivo impulso y la solvencia que se necesitaba y merecía.

Con solo ver el gentío que había por todo el recorrido por el que pasó, que más parecía un hormiguero humano de curiosos autóctonos e incluso forasteros, además de familiares y amigos de los pequeños cofrades, ya merecía la pena, pues iban marcando el paso, tocando tambores o trompetas, vistiendo de mantilla y/o representando todos los roles que de mayores se pueden visionar en nuestra Semana Mayor con una solvencia y alegría extraordinarias.

 

La llamada de las cofradías a animar a hijos, primos y amigos a disfrutar de una Semana Chica con cada hermandad fue todo un acierto y un éxito, un año más, convirtiendo en mágica realidad lo que esperemos continúe en el tiempo por muchos años…

Sevilla, 30 de diciembre de 2017.

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