Sevilla paranormal, 02

Por Fernando Sánchez Resa.

2. PLAZA DE SAN FRANCISCO, EDIFICIO CAJASOL Y ENTRECÁRCELES, DONDE ESTÁ CAIXABANK.

La segunda parada es a la espalda del ayuntamiento, en la plaza de San Francisco, donde está Cajasol. García Bautista recuerda sus años de niño, cuando salía con el globito en la mano de ver el belén, estampa que casi todos los sevillanos han vivido en su infancia.

Cuenta varias historias que le han relatado sobre este edificio, pues él estuvo trabajando en esta antigua entidad bancaria bastantes años, donde conserva amigos y contactos. Una de ella es de 1998. Refiere que el director de Cajasol escribía a mano y se lo daba a su secretaria para que lo pasara a limpio, pues entonces no existían los ordenadores, ni la informática que hoy conocemos. Al leerlo, el director oye un traqueteo del bolígrafo e intenta abrir la puerta y se le cierra…; y es que tenían un fantasma y él no se había enterado, ni se lo habían advertido los de seguridad. Entonces, nos pone la psicofonía grabada en el centro del patio:

—¿Hay alguien ahí?

Y una voz responde claramente.

—AVE MARÍA PURÍSIMA…

El tío pidió traslado rápidamente. Le dieron en el edificio de al lado, sin saber que era la antigua cárcel de Sevilla; o sea, que se fue de Guatemala a “Guatepeor”.

Y entonces, nuestro guía se remonta a 1602 y relata la historia del cardenal Fernando Niño de Guevara, arzobispo de Sevilla e Inquisidor General. Durante su mandato en esta ciudad, encargó un informe sobre las cofradías penitentes, que según su entender carecían de la espiritualidad necesaria y practicaban comportamientos irreverentes, incompatibles con su carácter religioso, aunque sentó las bases sobre el espíritu en el que se celebraba la Semana Santa. AVE MARÍA PURÍSIMA era el mensaje que se decía, al pasar de un sitio a otro, entre las distintas tribunas o autos de fe, como contraseña; y nos recuerda que la Virgen del Pilar era la patrona de Sevilla, cosa que mucha gente de aquí ni sabe.

También nos desvela que, entre este edificio y la antigua cárcel de Sevilla, que está a su derecha -o a la izquierda de donde nosotros nos encontramos-, hay un túnel subterráneo que une ambas prisiones para no tener que sacar al reo al exterior; y, por eso, a esa calle se le llama Entrecárceles. Y allí, como es lógico, se producen encantamientos y prodigios tan extraños como en ese edificio de Cajasol.

Aprovecha el guía para preguntar al personal si les gusta la ouija y si alguien la ha practicado. Alguno lo afirma; yo no lo expreso, pues bastante tengo con tomar fotos y notas para hacer el futuro artículo que quiero escribir; pero bien recuerdo que lo hice en mi adolescencia, en casa de mi amigo Miguel y en compañía de algunos amigos de ambos sexos, de Úbeda (Jaén); y que todos salimos espantados, pues un ser diabólico quería hablarnos a través de la güija, mientras comprobábamos cómo se movía endiabladamente, de un lado para otro, la copa aparentemente inerte.

Contó más anécdotas que no caben en este artículo, pues se haría interminable, que ya de por sí se hará largo.

3. CRUCE CALLE ÁLVAREZ QUINTERO-CHAPINEROS, EDIFICIO FRENTE A COLEGIO DE ABOGADOS.

La tercera estación es en un cruce de calles por encima de la calle Sierpes, que se llama así no porque hubiese en ella serpientes, sino por su forma serpenteada.

Allí empieza José Manuel hablando de la ouija, afirmando que en el 99% de los casos el movimiento de la copa es inconscientemente voluntario de alguno de sus componentes y que en el 1% no se puede explicar, cuando dan datos que nadie conoce. Si sale bien, la ouija engancha…

Cuenta que, en julio de 2012, tres miembros de una familia (abuelo, hijo y nieto) vienen a vivir a esta casa, junto a la que nos encontramos. A las dos semanas, el abuelo de 90 años fallece. Al padre le gustaba oír emisiones de radio y sacar el tablero de la ouija para practicarla. Una vez, el hijo lo descubre, y le pregunta a su padre por qué lo hace. Le responde que está tratando de hablar con el abuelo. El nieto pide hablar con él y hacer, a la misma hora, una invocación para que se aparezca, grabando la sesión en una grabadora.

Y la escuchamos:

—¿Hay alguien aquí?

—HAY VIDA (muy claramente, una voz femenina).

El padre sigue haciendo todas las noches ouijas, pero se producen malos olores -lo que es bastante chungo-, aunque ya de por sí, en una casa de 1902, los malos olores sean casi normales; pero, además, oye arrastrar los pies por el pasillo y que lo llaman por su nombre y aparecen sombras…

Y proseguimos oyendo la psicofonía:

—¿Por qué nos ocurre esto a nosotros?

—NOS ODIA (voz del abuelo).

Entonces, nuestro guía nos dice que él tiene dos hernias cervicales, pues le achucharon por las escaleras en alguna de sus incursiones paranormales. Y termina desvelándonos el misterio de la casa. En 1902 muere una persona, que era una mujer (la primitiva dueña de la vivienda), que es quien responde a la primera pregunta; y la voz del abuelo, que es la segunda respuesta, nos sirve de aclaración para saber que la primera propietaria creía que esta casa era suya y no quería que la habitasen estos nuevos inquilinos; por lo que trataba de echarlos y que la dejasen a ella sola.

José Manuel termina dándonos un buen consejo. Preguntar quién ha vivido en la casa a la que nos vamos a mudar. Consejo que yo no he seguido nunca, preguntando primero a la vecindad, pero que sí pienso hacer de aquí en adelante.

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