La judería de Úbeda durante los siglos XIII y XIV, 15

Por Jesús López Román.

Profesor titular de Universidad.

El canciller López de Ayala nos ofrece en su crónica (1780, págs. 390 y 391) un segundo relato sobre esta tragedia. En el mismo, se narra que, después de celebradas las Cortes de Madrid, el rey y su consejo de regencia se trasladaron a Segovia: «é estando alli ovo nuevas como el pueblo de la cibdad de Sevilla avia robado la Juderia é que eran tornados los mas judios que y eran é muchos de ellos muertos». También se relacionan, en esta crónica, otras juderías devastadas: Córdoba y Toledo en Castilla; Valencia Barcelona y Lérida en el reino de Aragón.

El consejo de regencia y el rey reaccionaron enviando cartas y ballesteros a otros lugares para intentar defender a las comunidades hebreas, aunque con resultados infructuosos en la mayoría de los casos, porque los asaltos, robos y destrucción se extendieron como un gran incendio por los dos reinos hispánicos mencionados.

En la página 390, nota I, de la crónica de López de Ayala (1780), don Eugenio de LLaguno Amirola, corrector y autor de las notas que aparecen en esta edición, demuestra que Enrique III y las Cortes aún estaban en Madrid el día 2 de mayo de 1391. En tal fecha y desde dicha localidad, el rey emitió un documento, confirmando a la iglesia de Astorga todos sus privilegios. Por otra parte, sabemos que las noticias sobre los ataques a las juderías de Sevilla y Córdoba llegaron a conocimiento del rey y su consejo de regencia, cuando ya estaban aposentados en Segovia, después de haber concluido las citadas Cortes. Este último dato, lo corrobora una carta regia, fechada en Segovia el día 16 de junio de 1391; en la misma, se contienen instrucciones a las autoridades locales de Burgos para evitar que a los judíos de allí les causaran daños personales o materiales (Archivo Municipal de Burgos, documento nº 2959).

La fecha de 16 de junio de 1391 nos permite efectuar ciertos cálculos para establecer, con un alto grado de probabilidad, los días en los que se produjeron los violentos sucesos contra las juderías de Sevilla, Córdoba, Jaén, Baeza y Úbeda. Sin embargo, antes de proceder a esta tarea, hemos de conocer el itinerario que debieron seguir los mensajeros encargados de transmitir las trágicas noticias al rey y a su consejo de regencia. También es necesario destacar que los ataques a las juderías, en las localidades mencionadas, no fueron simultáneos sino sucesivos. La ira del populacho se extendió como un incendio, cuyo foco inicial fue Sevilla; por lo tanto, las distancias, en relación con esta ciudad, son determinantes para establecer la cronología de los sucesos en los citados lugares.

A la vista de lo expuesto, es fundamental establecer, con la mayor precisión posible, la fecha en la que ocurrieron los hechos en Sevilla. No parece verosímil que tuvieran lugar el día 6 de junio de 1391, por las razones que exponemos a continuación.

Como es lógico, la carta de Enrique III al concejo de Burgos, el 16 de junio, sólo pudo ser redactada con posterioridad a la llegada de los mensajeros enviados desde Sevilla a Segovia. Tales mensajeros siguieron un itinerario que, afortunadamente, conocemos gracias a un documento casi coetáneo; se trata de una carta de este mismo rey, Enrique III, dirigida al maestre de Santiago y fechada en El Carpio (Córdoba), el día 8 de junio de 1396 (Real Academia de la Historia. Colección Salazar, ms. 6, folio 320). En ella, el monarca afirma, entre otras cosas, que salió desde Córdoba hacia El Carpio y, de aquí, se dirigiría hacia Andújar y Bailén, para proseguir su camino hasta llegar a Segovia.

De acuerdo con el contenido de esta carta, el viaje desde Córdoba y, por lo tanto, desde Sevilla hasta la citada ciudad castellana, se efectuaba, en aquella época, siguiendo la misma ruta que se utiliza actualmente: Sevilla-Córdoba-Bailén-Madrid-Segovia.

Por otra parte, parece lógico pensar que, como mínimo, transcurrirían uno o dos díasentre la llegada de los mensajeros y la expedición de las cartas que se enviaron no sólo a Burgos, sino a otros lugares de Castilla. Téngase en cuenta, a este respecto, que las noticias debieron llegar personalmente al rey y a los miembros del consejo de regencia. A continuación, sería analizada y valorada la información recibida, se realizaría una síntesis de la cuestión y los responsables adoptarían un conjunto de decisiones. Posteriormente, la cancillería real elaboraría las cartas, de acuerdo con los procedimientos administrativos pertinentes que, incluso en la Edad Media, entrañaban cierta complejidad.

Por lo tanto, si las cartas se terminaron de elaborar el 16 de junio, es altamente probable que los mensajeros de Sevilla hubiesen llegado a Segovia el día 14 de junio.

Si aceptamos esta última fecha, como hipótesis de trabajo, sólo se pueden contabilizar ocho jornadas entre el 6 de junio propuesto por Amador de los Ríos, como día de los fatídicos sucesos de Sevilla, y la llegada de los mensajeros a Segovia. Creemos que es muy poco probable, sin utilizar el sistema de postas que se creó en el siglo XVI, efectuar un itinerario de aproximadamente 630 kilómetros en ocho días. Tampoco parece verosímil realizarlo en nueve días, en el supuesto de que los emisarios hubiesen llegado el 15 de junio.

Un caballo puede recorrer, al paso, alrededor de 55 kilómetros al día durante una jornada de ocho o nueve horas a razón de 6,5 kilómetros de media por hora. Al trote y al galope, la distancia recorrida en una hora se puede duplicar o cuadruplicar, pero en estos dos supuestos últimos, el caballo sólo aguantaría tres horas diarias o una hora respectivamente. Hemos de tener en cuenta, además, otros dos factores: las pendientes pronunciadas reducen considerablemente la velocidad y el trayecto de más de seiscientos kilómetros produce un cansancio acumulado que provoca, necesariamente, más períodos de descanso.

En un cálculo aproximado, estimamos que los mensajeros emplearían unos doce díasen recorrer el itinerario desde Sevilla a Segovia.

La fecha de 4 de junio, proporcionada por Baer, parece ser más ajustada a la realidad. Nuestra estimación, sin embargo, nos lleva a establecer, como fecha del inicio de los trágicos acontecimientos en Sevilla, la de 2 de junio de 1391.

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