¿Echar a las azafatas de la F1 es feminista?

Por Salvador González González.

La medida del carrusel y circo mediático, que supone quitar la presencia de las mujeres en “el tinglado” que implica los eventos de carreras de Fórmula 1, creo que es el penúltimo, porque seguro vendrán más, movimiento de un feminismo que está imponiendo y exigiendo normas, que en muchos supuestos como en este, creo que precisamente van contra la libertad de la mujer, de escoger una determinada actuación profesional; en este caso, menosprecian su presencia en este marco deportivo, aduciendo que para llevar un paragua no es adecuado, por el valor que debe ostentar la mujer en su dignidad profesional y que, por tanto, deducen que lo que buscan es darle más atractivo, basado en la belleza y exuberancia femenina, buscada en el evento. Lo cual implica que esos puestos de trabajo acaban de quitárselos a las mujeres que antes los realizaban y que, de esa manera, dejan de percibir esa remuneración profesional, porque así lo han decidido unos o unas que, al parecer, están en posesión de la verdad y la ortodoxia.

Pregunto: ¿Es deshonrosa esa presencia de las mujeres en ese evento de grandísima repercusión mundial? ¿Se les obliga a hacer algo que ellas no quieran hacer? ¿Les denigra esa presencia en su condición de mujer moderna y liberal dueña de sus decisiones?

La radicalidad en mensajes sobre determinados movimientos, muchas veces esconden y producen efectos colaterales perniciosos. Mi opinión es que, con esta medida, la que pierde es la mujer, porque se le priva de una presencia de mucha trascendencia de imagen y económicas para ellas, ya que de un plumazo se les ha -en cierta forma- prohibido esa presencia en el nudo de la actividad y, aunque se me pueda decir que su presencia era secundaria -cosa que es cierta-, daba realce a la prueba; y parece que, sin ella, esta no tiene el alcance, belleza y presencia agradable que llevaba su participación.

Cada vez me resultan más chocantes las contradicciones que veo; en este caso, por lo de una lado se abre el horizonte profesional de las mujeres, cosa lógica por la equiparación que se debe desear entre el hombre y la mujer; y de otra, se restringen en trabajos o participaciones donde su presencia ha formado parte del “requilorio seudolitúrgico” que dicha actividad exigía, como en esta de la Formula 1.

Creo que la medida debería haber sido -es lo que pienso-, sin dejar esa presencia, que ellas por supuesto libremente decidieran realizar, se abriera también en mayor medida a la de la concurrencia masculina en la misma actividad y pose escénica, de forma que, con ello, la pluralidad entre azafatos de distintos sexos fuese un hecho constatable. Como, de hecho, ya viene sucediendo en líneas aéreas convencionales. A alguien se le ocurriría, en el supuesto que la presencia y utilización de los paraguas fuesen imprescindibles en esos eventos, que de la noche a la mañana desaparecieran las azafatas femeninas de siempre, por ahora exclusivamente masculinas. Se diría entonces ¿que ello ha sido fruto de una discriminación machista, el hecho de privarles a ellas de esa actividad profesional? O, en el futuro, ¿fueran sustituidas por androides con estereotipos y programas que los organizadores y dueños, a la postre del evento, les plazca (no se nos debe ocultar que cada vez la tecnología y la imitación humana en el aspecto físico está más lograda)?

¿Es bochornoso, deshonroso, morboso o -incluso si me apuran- tendencioso, admirar la belleza de una mujer azafata, en un determinado evento como éste, donde todo el culto a la estética forma parte del evento consubstancial a él, parejo a la subida de adrenalina en la competición entre los conductores de los monoplazas?

A este paso, vamos a tergiversar el sentido de las cosas y sólo se va a hacer lo que algunos o algunas consideren políticamente correcto; aunque, analizado más detenidamente, esas acciones sean correctas en sí mismas, pero tachadas de no aceptables por determinadas políticas, que en este caso sí creo que son incorrectas.

¿Se terminarán en el siguiente paso los concursos de misses, que buscan la mujer más bella y preparada en el ámbito que sea, y por lo que compiten y se sacrifican todas las participantes? O, como lo que se premia es la belleza, la buena presencia y, en una palabra, el físico de estas, los que crean estado de opinión, determinarán que esto es deshonroso para la mujer y, por ello, hay que eliminarlos y, en este caso concreto de misses, puede que tenga más sentido, si cabe, que en el trabajo de las susodichas azafatas, porque es cierto que se utiliza, en muchos casos, como objetivación de la mujer, que se ve abocada a ello por promesas de ser trampolín, para una carrera meteórica como actriz. O como la utilización de su imagen, con carga sensual en mensajes publicitarios, que en algunos casos –encubiertamente- asocian al sexo en sus más variables vertientes, para que de esa manera el posible comprador adquiera la colonia, el vehículo o aquello que se trate de promocionar y vender.

En definitiva, creo y termino: son las mujeres libremente, en base a su decisión, las que tienen que determinar lo que les parece aceptable o no y obrar en consecuencia; con esa libertad en esa decisión -tomada por ellas, obviamente-, no sometiéndose al dictado de quienes pretenden decirles lo que deben o no deben hacer.

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