“Los pinares de la sierra”, 85

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

3.- La luna de miel.

De acuerdo con el programa ideado por Soriano, al día siguiente, María Luisa se presentó en la comisaría de policía de la calle Santaló, y solicitó los pasaportes con la intención de viajar al Principado de Andorra en año nuevo. El funcionario le entregó unos impresos para que los rellenara y aquella misma tarde devolvió los documentos, firmados por Damián y por ella, junto con las fotografías solicitadas.

―¿Cuándo le parece que puedo pasar a recoger los pasaportes?

El agente se rascó la cabeza con ambas manos y contestó:

―Si no hay inconvenientes, en una semana estarán listos.

―Muchas gracias.

Soriano y María Luisa pasaron aquellos días tan señalados, en plena luna de miel, como una pareja de enamorados. Es decir, como lo que eran: comían, dormían y fornicaban sin salir del dormitorio. Por la mañana, María Luisa le daba a Damián los buenos días, con una plácida sonrisa de gratitud, y le traía el desayuno a la cama luciendo un “picardías” por el que se transparentaba un pubis obscuro y exagerado, como la tronera de una torre medieval, y unos pezones, redondos y amoratados, como dos ciruelas de tamaño considerable. Desayunaban en la cama, se levantaban tarde y, a eso de las tres, tomaban un bocadillo; después de la siesta, se duchaban juntos y se iban a pasear por el Casco Antiguo, o a bailar a la sala Tango, en donde actuaba un vocalista muy guapo, que cantaba boleros en italiano como el mismísimo Doménico Modugno.

El día de Nochevieja, por la tarde, fueron al cine Balmes en donde estrenaban “El Golpe” de Paul Newman y Robert Redford, una película policíaca que a Soriano le pareció una obra maestra de la cinematografía; trataba de timos, chantajes, estafas y engañifas. O sea, un argumento de interés y actualidad. Cenaron en “La Esquinica” y estuvieron bailando, hasta las tres de la mañana, en “El salón Cibeles” de la calle Córcega, en donde actuaba la orquesta Platería. Pero, como queda dicho, Damián y María Luisa dedicaban la mayor parte del tiempo a saciar la sed de amor que sentía el uno por la otra y viceversa.

Cuando, el cuatro de enero, María Luisa fue a recoger los pasaportes de la pareja en la comisaría, el agente le entregó el suyo y le dijo que el otro debía pasar a recogerlo, Soriano personalmente. Un poco sorprendida y alegando que Damián estaba fuera, por asuntos de negocios, preguntó a qué se debía que le denegaran la recogida del documento.

―No lo sé, señora. Supongo que se trata de un trámite rutinario o alguna revisión sin importancia, pero ya sabe usted. Nosotros nos limitamos a cumplir órdenes.

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