¡París nos roba!

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

Llora Barcelona. Desaparecen las “esteladas” de los balcones y, en su lugar, ondean negros crespones de luto y duelo. El catorce de febrero, festividad de san Valentín, el París Saint Germain le endosó al FC Barcelona cuatro goles, cuatro, como cuatro soles. ¡París nos roba! Ya estamos con lo mismo. Ya estamos con la cantinela victimista. Alguien dijo que el Barça es más que un club, y los envidiosos de las gestas blaugranas, con la peor de las intenciones, le llaman “La casa de los líos”. Pasen, pasen y vean: Núñez acabó en la cárcel; el juez pide cinco años de prisión para Neymar; a Messi le han condenado por evasión de impuestos, y a los presidentes, Sandro Rosell, y José María Bartomeu, les acusan de fraude fiscal y de ser de los artífices de la trama. O sea, “pujolismo” en estado puro, plantado y regado ―como el césped del Camp Nou― por la blanca mano de doña Marta Ferrusola, primera dama de la comunidad.

Por si fuera poco, a Gerard Piqué le culpan de escupir al delegado de la selección española; de ser el autor de la frase “Españolitos, os vamos a ganar la copa de vuestro rey”; de decirle a un policía municipal, “Me tienes envidia, porque soy famoso”; de sacar la manita después de ganar por 5-0; de “acordarse” de la madre de un árbitro, y de increpar al presidente de la Liga. Todo ello hagámoslo constar, en grado de presunción. ¡Una joya, Piqué! Un deportista modélico y ejemplar.

Pero hay quien piensa que aquí hay gato encerrado y que todo esto son mentiras y acusaciones, amasadas por la “Prensa estatal” para atacar los sólidos pilares de la República futura. Falsedades y calumnias, “escolti”: untos, apaños y corruptelas de la prensa de Madrid. ¿Quién puede creer que un argentino, delgado y paliducho, llamado Ángel Di María un nombre que suena a música de celestial, le pueda hacer dos goles, al FC Barcelona? Esto es cosa de Florentino Pérez, que ha movido los hilos con “El Fideo” antiguo jugador del Madrid―; y con Zidane, que tiene buenas relaciones con los franchutes, para que París también nos robe. ¡Cuatro goles, cuatro! Ni don Santiago Bernabeu, en su noche más loca, habría soñado con una derrota tan abultada. No hay derecho.

Esta tierra, rica y acogedora, no se merece tan severo correctivo. “Volem acollir”, (queremos acoger) se leía en una de las pancartas que encabezaba una manifestación, de “Nous catalans” (nuevos catalanes), el colectivo que utilizan los secesionistas para captar el voto de los inmigrantes. El sábado pasado me pilló la manifestación, al salir del restaurante. Aquello parecía un catálogo de exóticos pueblos y razas: rumanos, sirios, marroquíes, sudamericanos, musulmanes en general… Si no fuera porque tardé casi una hora en llegar a mi casa, de buena gana me hubiera sumado a la “manifa”.

Nuevos catalanes.

Pero lo que a mí me preocupa no son los resultados del fútbol. Lo que me inquieta es que Cataluña cada día se parece más al Barça, porque los dirigentes del club y la comunidad se parecen como gotas de agua. “El fútbol es la imagen viva de nuestra sociedad”, ha dicho su santidad el papa Francisco I (los cursis y los “happy-guays” le llaman Francisco, como si fueran sus compañeros de botellón, pero yo no le tengo tanta confianza).

La sociedad catalana, cada día se parece más al Barça y esto me inquieta y me preocupa. Esto se ha convertido en un enorme campo de fútbol, con las gradas a reventar, sin una pareja de la Guardia Civil que garantice la seguridad de los aficionados. Porque, señores, esto no se para; esto va a más: irán a más los goles; irán a más las quejas; irán a más los jueces; irá a más el secesionismo; irán a más las huelgas, los conflictos, las mentiras, las protestas, las denuncias, las traiciones… Irán a más los votos a los antisistema, e irán a más los cadáveres que Artur Más y sus adláteres van dejando en la cuneta de ese camino, que no conduce a ninguna parte, si no es al fracaso, a la revuelta y al sálvese quien pueda.

Recurro a la mesura de Muñoz Molina, para decir que nunca fueron tan favorables las cifras económicas de este país; nunca tanta gente ha vivido mejor; nunca tantos extranjeros han visitado la ciudad de Barcelona; pocos países gozan de una sanidad y unos servicios sociales como los nuestros, ni tienen mayor esperanza de vida que nosotros. Han pasado ochenta años desde la sublevación franquista y parece que algunos estén empeñados en resucitar aquellos hechos lamentables. Llevamos treinta años de democracia y, sin embargo, abrir los periódicos o escuchar algunas cadenas de televisión, puede helarnos la sangre en las venas. No hay límite en las acusaciones a los rivales políticos, ni virulencia mayor a la hora de acusar de corrupción al adversario.

Señores del Gobierno y de la oposición: son ustedes los que deben encontrar un buen final para este partido de fútbol en el que hay demasiadas protestas, demasiados árbitros descalabrados, demasiados jugadores en el cuartelillo, demasiados presidentes en el trullo, y demasiados espectadores, indignados y empavorecidos. Ya va siendo hora de que callen las broncas, de que cese el victimismo, la calumnia y la mentira. Abran los ojos y, de una vez por todas, procuren que en nuestros campos de fútbol se imponga la moderación, el juicio y la sensatez para bien de España y de los españoles.

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