Masiva jubilación

Por Fernando Sánchez Resa.

Era viernes y último día de curso, 23 de junio para más señas, en la Ciudad de los Cerros, y uno de los más tórridos, climatológicamente hablando, vividos en ese mes que pasará a la historia local y provincial, además, por el calor humano mostrado hacia el floreado ramillete de docentes del CEIP “Sebastián de Córdoba”, más conocido por las antiguas generaciones como “La Explanada”, ya que siete grandes profesionales celebraron su despedida, de esta bonita y gratificante profesión, con toda la sencillez y el cariño del claustro matriz en el que han trabajado durante los últimos años con tanto anhelo.

La cita era a las 15 horas, en el amplio salón “Los Cerros” del hotel Ciudad de Úbeda. Allí se fueron aposentando los 73 comensales de distintas tribus urbanas, docentes y de otras profesiones: los que estaban en activo; los próximos a jubilarse; los jubilados noveles, medianos y mayores; y los simple y llanamente amigos queridos…; y en donde se encontraban preparadas grandes mesas, redondas o cuadradas, cual si fuese una boda, pues a la entrada colgaba un cartel con la ubicación de cada invitado en su mesa correspondiente, según fuese docente activo del colegio “La Explanada”, jubilado, antiguo compañero de alguno de los homenajeados…; destacando, entre todos “Los Misericordiosos de Torreperogil” por su volumen, cariño y encanto; aunque el contacto entre todas las etnias sociales, allí congregadas, no faltase nunca a lo largo de la larga celebración que duró cinco horas, ya que empezamos a las tres de la tarde con los saludos y parabienes preceptivos y eran las ocho cuando acabamos.

La comida fue acorde con la celebración que teníamos entre manos, aunque echamos en falta el menú escrito y dedicado a los siete jubilados que nos hubiese servido de recordatorio sempiterno con sus variados aperitivos, segundo plato a elegir y dulce de postre, entreverados de caldos apropiados y con brindis final todos en pie para desear total felicidad y larga vida a los futuros egresados de ese centro. En ella florecieron: fraternidad sin límites, amigabilidad a flor de piel, raudales de buen humor…; incluso se produjo algún que otro desbordamiento comedido de lágrimas o trastoque del timbre de voz de alguno de los agasajados, nada raro en estos tipos de celebración en las que lo emotivo y sentimental fluye cual agua de mayo, necesaria y lógica en esta tormenta emocional del adiós, en la que se puede apreciar lo corta que es la vida y qué pronto pasa todo, incluso las casi cuatro decenas de años de servicio prestadas por casi todos ellos; y eso que parecía, cuando cada cual sacó la oposición y llegó a algún colegio en el que se jubilaba alguien, que aquello parecía estar a años luz de lo que a él o ella le iba a pasar. En resumen: comida exquisita, ambiente extraordinario, intercambio de conversaciones, miradas y risas que rezumaban sano y buen humor, florecimiento de comedidas lágrimas…

A los postres, llegaron las sencillas, sinceras e improvisadas palabras del director del centro, Ángel Fernández González, desde la tribuna estrado del salón de celebraciones, con su claro dejo de humor y distensión, cual recordatorio perenne de ciertos momentos y guiños vividos en común en el cole y de la sorpresa que le iban a dar a los siete magníficos jubilados, con un baile cantado, al que los ingleses le llaman lipdub, realizado por el resto de los componentes del claustro que trataron de sincronizar labios, gestos y movimientos, interpretando la canción popular Despacito, de Luis Fonsi y Daddy Yankee, haciendo como un karaoke de esa famosa y marchosa canción, muy pegadiza por cierto, y con una letra súper adaptada y apropiada en la que se hacía referencia, en su estribillo, entre otras cosas, al cobro por parte del director de la comida que ese día celebrábamos y que si llegabas a su despacho con un billete gordo te pedía que volvieses con otro menor…; y la encarecida y graciosa petición de tener “un boletín sencillito”…, ahora que han vuelto a entrar nuevas nomenclaturas en las complicadas programaciones, como rúbrica, etc. ¡Cómo se lo habrían apañado para que no se enterasen los siete afectados, especialmente las cinco féminas, cuya curiosidad e inteligencia son insaciables…!

 

 

 

 

 

 

Como la primera vez que lo cantaron e interpretaron no quedaron satisfechos, los artistas docentes de infantil y primaria del cole volvieron a repetirlo al final del acto, para goce de los siete protagonistas del evento, de los propios ejecutantes y de todos los asistentes.

Luego, Fernando Sánchez Resa expresó, leyendo su escrito, todo lo que sentía hacia los amigos y compañeros que se marchaban (http://www.aasafaubeda.com/index.php/20 acontecimientos/4455 emotivo e irrepetible adios que es hasta siempre). Finalmente, llegaron, mansa y descarnadamente, cada uno de los discursos improvisados por los siete jubilados, rememorando y comunicando a la memoria colectiva sus entrañables y añoradas andanzas profesionales y humanas, con alguna que otra subida emocional patente (siendo premiadas con aplausos y vivas, en calidad y cantidad más que suficiente), por haber recorrido gran parte de España, Andalucía y nuestra provincia jaenera, ejerciendo su maravillosa vocación, con agradecimiento manifiesto de su parte a todos los presentes (y ausentes), por haberles ayudado a mejorar su propia pedagogía y docencia. Entre todos, fueron conformando un puzle inenarrable de emotividad, agradecimiento, intrahistorias personales y humanas…, que mostraron la grandeza de estos siete ilustres jubilados, que marchan a la conquista de su personal y añorada tierra prometida.

 

 

 

 

 

 

 

Antes ya se habían dado, por distintos compañeros y amigos, los regalos de mentirijilla, preparados para todos ellos, con cachondeo y regodeo manifiesto al respecto, simulando que no habría dinero para hacer tanto dispendio…; y, luego, los siete magníficos recibieron sus espléndidos regalos individualizados: reloj de pulsera para los caballeros, y bonitos y lujosos pendientes para las damas, que sirvieron para completar los múltiples regalos inmateriales recibidos a lo largo de toda la jornada vespertina.

 

 

 

 

 

 

En el mencionado baile lipdub, ya pudimos apreciar todos cuál iba a ser la digna sucesora de Aurora Jódar Jódar, la profesora de música próxima a jubilarse: María Teresa Mercado Expósito que, micro y letra en mano, fue la directora de orquesta indiscutible del cuadro escénico allí improvisado. La fiesta terminó para los más jóvenes e intrépidos, según me contaron, en el Kangaroo; o, al menos, eso me dijeron cuando me marché a Granada, en busca del cariño y la presencia de mi nieto Abel.

La tarde se tornó redonda, tierna y aún más cálida; y los nervios, de esta cuasi boda en séptimo grado, se templaron gratamente, con la seguridad de que los homenajeados habían recibido su justo merecimiento. ¡Era lo menos que se les podía ofrecer por su dilatada carrera profesional, ya que, entre todos ellos, sumaban la friolera de más de dos siglos y medio sirviendo al educando y a la enseñanza de nuestro querido país, de una manera memorable y ejemplar…!

Úbeda, 6 de julio de 2017.

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