Variedades

Abierta a la diversa opinión y perspectiva de todos los que quieren participar en ella.

¡Mañanas felices…!

Por Fernando Sánchez Resa.

Acabo de vivir una semana de ensueño, volviendo a rememorar los años de mi primera infancia (que solo recuerdo por lo que me contaba mi madre) y las de mis dos hijas, gracias al roce diario contigo, mi querido nieto Abel.

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Nada más que amistad

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

Confieso que no soy muy bueno, como tenista. No me interesa. Ser un tenista del montón ─me refiero al montón de abajo tiene sus ventajas. Cuando no ganas partidos todos quieren jugar contra ti. En cambio, con los mejores no quiere jugar nadie. Siempre ganan. Los buenos tenistas se encuentran tan solos…, tienen que arrastrarse pidiéndote partido: «¿Jugamos?». ¡Me dan una lástima! Yo empecé tarde a jugar al tenis, cuando aún me faltaban unos años para jubilarme. Lo tenía pensado desde hacía tiempo. No quería dejarlo para el último día, porque llegar al club una mañana con el equipo recién comprado en el Corte Inglés, y esa cara que se te queda cuando te jubilas, buscando un compañero para jugar, me parecía deprimente.

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Una prostituta para la escuela

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

“La batalla del lenguaje” ―el genial artículo de Jesús Ferrer, publicado en esta página el pasado viernes― me ha traído a la memoria una anécdota que oí contar hace unos años, y que todavía me hace reír cuando la recuerdo. Se celebraba la fiesta que cada verano organizan los empresarios gallegos en el puerto de Barcelona. Me había invitado Julio Fernández Rodríguez, con el que coincidí, a principio de los años setenta, en una inmobiliaria de la Gran Vía barcelonesa. Entonces yo hacía mis primeros pinitos como vendedor y él era ya jefe de ventas. Con el tiempo, Julio llegó a ser accionista mayoritario y presidente de FILMAX, la famosa productora cinematográfica.

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Las “gili” cosas del progre

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

¿Habéis observado la cantidad de tonterías que se dicen, en nombre de la cultura y el progreso? Al “gili-progre” le encanta utilizar palabras que, aunque no digan nada, suenen bien. Por ejemplo, defienden el derecho a un trabajo de “calidad” y a un salario “justo”. ¿Quién puede negarse a una solicitud tan razonable? Pero, cuando te paras a pensar, surgen las dudas. ¿Qué es un trabajo de calidad? El que barre un taller, ¿tiene un trabajo de calidad? ¿Y los que trabajan en un restaurante, sábados y festivos? ¿Y los repartidores de pizzas? ¿Y los policías? ¿Y los médicos que se pasan setenta y dos horas de guardia? Y a nadie se le ocurriría prescindir de estas profesiones tan dignas siempre que se hagan con atención y diligencia. ¿O no? Luego viene lo del salario “justo”. ¿Dónde empieza la justicia o la injusticia de los salarios?

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Una “mijita” de gracia torera, y 4

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

IV. UN ÁNGEL A CABALLO. “LA PRESIDENTA”.

Repican de alegría las campanas de La Giralda, los principales ganaderos andaluces están de fiesta y han puesto en la “shiquiya” su confianza. «Tengo fuerzas, tengo ganas, estoy ilusionada y animada», dijo la niña, y el graderío se vino abajo. Susana Díaz, una rejoneadora graciosa y guapetona, rubia como las candelas, y con ojos de jaca jerezana. Con un gesto valiente y torero, ha dejado el mantón de Manila en el respaldo del palco presidencial, y se ha puesto a hablar como la reina del albero, criticando a los maletillas y elogiando la laborde “El Asturiano”.

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