Estampas "ubedíes"

Referencias, perspectivas, intuiciones y emociones ubetenses.

¡Aquellas tiendas de comestibles…!

Por Fernando Sánchez Resa y su padre.

Nunca podremos olvidar aquellos establecimientos en los que se vendían comestibles a granel, como un cuarto de kilo de azúcar, un cuartillo de vino tinto, un real de pimiento “molío”, una gaseosa de la Revoltosa o Los Cerros, medio litro de aceite de oliva… Allí, el cliente, era atendido amablemente por el comerciante, ataviado con su mandilón característico, si no tenía a nadie por delante, o debía esperar su turno pacientemente, mientras se departía amigablemente y se conocían, en profundidad, las noticias más novedosas del barrio y los chismes más apetitosos…

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La fuente del cuerno

Por Fernando Sánchez Resa y su padre.

Con la firme y poética voluntad de rescatar nuestro añorado y particular pasado de nuestra amada ciudad de nacimiento (Úbeda), mi padre, Fernando Sánchez Cortés (q.e.p.d.) y yo pretendemos refrescar, mediante una serie de sencillos artículos, la frágil memoria de nuestros amables lectores, aportando estampas del ayer ubetense que, como pequeños trozos de añorado cielo, tratarán de endulzar y rememorar unos tiempos que ya nunca volverán…

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La cofradía de mi padre, y 2

Por Fernando Sánchez Resa.

Espera y calma se aúnan, mientras el penitente va cargando el incensario. Sale ahora a costal, con el paso característico, la bella imagen de la Virgen de las Angustias (tan amada y admirada por mi padre), cuyo capataz, que al lado tengo, exclama:

—¡Vamos a paso normal; pararse ahí…!

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Bajada de guiones

Por Fernando Sánchez Resa.

Cada Semana Santa depara múltiples y especiales momentos a todo cofrade, turista o visitante que desee disfrutarla, con la sana alegría de un infante, al ir descubriendo un mundo maravilloso del que siempre quedará conmovido. Muchos de ellos vienen anotados en los programas (oficiales o particulares) de cultos y procesiones, periódicos, revistas, siempre a mano, etc.; pero, seguramente, la mejor manera de sorprenderse a sí mismo es elaborar un itinerario y/o programa propio para vivir intensamente una Semana Mayor con diferente colorido y textura cada año.

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La cofradía de mi padre, 1

Por Fernando Sánchez Resa.

Llevo media hora esperando, frente a la puerta sur de San Isidoro, mientras el tibio sol se va convirtiendo en tórrido, si no hay sombra que lo ampare; aunque una suave brisa viene a auxiliar al hervidero de curiosos y devotos que llenan el claro bajo de San Isidoro, haciendo más llevadera la espera. Mientras tanto, cofrades, mantillas, costaleros y niñas que portan las tres reliquias de la pasión (corona de espinas, crucifico y escalera y clavos), penetran en el interior de la iglesia. Luego, llegan los tambores, con su paso ligero característico, que animan al público y a las mentes de todos los presentes; por ello, el redoblante aprovecha para lucirse, mostrando sus habilidades tamboriles.

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