“Los pinares de la sierra”, 151

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

5.- La chica de sus sueños.

Martini no acababa de creerse que aquello fuera tan fácil como decía su amigo, y sospechaba que alguna cosa inconfesable le ocultaba. Le pidió detalles sobre cuál sería su papel, pero Paco, sin prestarle la menor atención, siguió a lo suyo.

―Tú, por eso, no te preocupes. Te lo diré cuando llegue el momento. Y esta vez no será necesario que te afeites, ni te cortes el pelo, ni siquiera que lleves zapatos ni chaqueta. Tampoco hará falta que subas a la finca; solo intervendrás en labores de apoyo, tu papel durará tres o cuatro horas y, si todo sale bien, te ganarás cien mil pesetas. ¿Vale?

―¿Y si me sale como siempre?

―Esta vez no puede salir mal. Aquí tienes diez mil a cuenta, como anticipo. Hay que estar abierto a los nuevos sistemas empresariales: todos trabajan y todos ganan. Si lo piensas bien, es parecido al régimen de las cooperativas, sin jefes ni obreros. Una adaptación de la doctrina socialista a los tiempos que se avecinan. Eso te gusta, ¿no? Y una cosa más, antes de que me olvide: trabajarás con una chica joven, muy guapa y muy inteligente, con la que te entenderás de maravilla. Ya verás cómo te gusta; se llama Loli. Por eso he pensado en ti. Como desde que Gracy se marchó no te comes un rosco…

―¡Qué gracioso eres!

Cuando Martini tuvo las diez mil pesetas en el bolsillo, disminuyeron las dudas y las pegas. A partir de ahí, todo le parecía más asequible: le pondría una excusa a su padre, estaría encantado de acompañar a Loli a la hora señalada y cumpliría el programa punto por punto. Loco de contento, como si le hubiera tocado la lotería, le dijo a Paco que contara con él, y que le hablara de aquella chica con la que tenía que formar pareja en el proyecto. Lo vio tan contento, que se dejó llevar por el sentimiento y le pintó a Loli como esa chica ideal con la que sueñan todos los jóvenes sin experiencia.

―Es una intelectual, observa mucho, no habla demasiado, viste con gusto, tiene mucha clase y una personalidad equilibrada y estable.

―Oye, Paco, ¿le gustará esta ropa que llevo o debería ponerme una camiseta nueva? Anda, hombre, por favor, ¿qué más cosas puedes decirme de ella? ―preguntó Martini sin poder disimular su curiosidad—.

―Hombre, en la cama no sé cómo funciona, si es a eso a lo que te refieres; pero es alta, delgada y, sobre todo, muy inteligente.

―¿Sabes si es del Barça?

―Perdona, Martini, tengo que irme; ya son más de las cuatro y no quiero llegar tarde al despacho. El próximo viernes por la noche tenemos ensayo general en Los Intocables. Ya te llamaré para decirte la hora. ¿De acuerdo?

―Bueno, si no es del Barça, que sepa –al menos– lo que es un fuera de juego para hablar, mientras vemos los partidos y tomamos un frankfurt con unas cervezas. ¿No?

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